"Fui bracista y tengo mucha fuerza en las piernas: me ayuda mucho en la bici"

Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria.

Fotos: cortesía de Sara Pérez

Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria (1)
Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria (1)

Sara Pérez confirmó la temporada pasada su extraordinaria adaptación a la media distancia. En agosto, se proclamó subcampeona del mundo Challenge en Samorin; fue 4ª en el Europeo de esta especialidad a finales de junio en el Challenge Walchsee Kaiserwinkl; y 5ª en el Challenge Mogán Gran Canaria que se disputó en abril. Además, en marzo acabó 4ª en el Challenge de Miami.

Es cierto que en las dos últimas competiciones en este formato no había tenido suerte. En el Clash Daytona del pasado mes de diciembre tuvo que abandonar porque ese día "ni el cuerpo ni la mente la acompañaron", como reconocía después de la prueba; y en el Clash Miami que se disputó hace unas semanas sufrió una aparatosa caída en el segmento de ciclismo.

El pasado sábado, sin embargo, Sara se desquitó con su primera victoria en la media distancia en el Anfi Challenge Mogán Gran Canaria...

Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria.
 

Nadadora olímpica en Atenas 2004, Sara Pérez llegó al triatlón en el año 2010. Lo que al principio era un rato de diversión y deporte con amigos, se ha convertido hoy, a sus 34 años, en su profesión. 

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No te pierdas esta primera parte de la entrevista que le hemos hecho a Sara, portada del último número de la Revista Triatlón.

¿Cuándo empezaste en la natación y por qué te decidiste por ella?

Mis padres me llevaron a natación con dos años para que aprendiera a nadar y gastar la energía que me sobraba por recomendación del médico. Desde entonces, he estado vinculada a las piscinas. Más tarde empecé con cursillos y con seis años empecé a competir, ya que el club donde nadaba con el colegio me concedió una especie de beca para ir a entrenar.

Lo cierto es que de pequeña era un ‘paquete’, pero yo me lo pasaba bomba, me encantaba y mis padres encontraron en la natación un ‘chantaje’ para que comiera bien, ya que daba muchos problemas con la comida.

Con doce años empecé a competir un poco más en serio, a hacer concentraciones, a viajar y a tener cierta independencia, lo cual, con esa edad, ‘es la leche’.

Durante mi infancia, me gustaban otras cosas aparte de la natación, por ejemplo, me dio por aprender a tocar el piano, me encantaba. Mis padres me buscaron una profesora y los miércoles salía un poco antes de natación para poder ir a clase de piano, pero siempre tuve claro que lo que quería era nadar y ser entrenadora de natación cuando fuera mayor.

¿Qué recuerdos tienes de aquella etapa?

Recuerdo que ir a la piscina era sinónimo de ir a jugar, incluso entrando en la adolescencia. Cuando era pequeña tuve un entrenador que era genial con nosotros y recuerdo que siempre jugaba, nos tirábamos a sus brazos y era todo risas. Me lo pasaba muy bien con mis compañeros, incluso en vacaciones seguíamos haciendo cosas juntos y mis amigos eran los de la piscina. Siempre digo: ¡Qué infancia más triste… solo he nadado…no he hecho nada más! Pero lo cierto es que he sido súper feliz.

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¿Es muy duro ser nadadora de élite? ¿Qué era lo más duro?

Creo que, como cualquier deporte de elite, es duro porque es un estilo de vida bastante sacrificado, pero, a diferencia del triatlón, la natación es un deporte mucho más monótono. Pasas muchas horas dentro del agua. Aunque estés con compañeros, hay poco tiempo para socializar durante el entrenamiento. Creo que a nivel mental puede que sea de los deportes más duros. Sin embargo, si echo la vista atrás, a mí esa vida me gustaba. Me gustaba ir a entrenar, salir agotada, tener esa sensación en la competición de nervios y tranquilidad en donde sabes perfectamente todo lo que tienes que hacer y cómo tienes que hacerlo.

Lógicamente, cuando pasas 4 horas al día dentro del agua y otra hora u hora y media en el gimnasio, hay veces que lo que quieres es quedarte en la cama, pero, si realmente te gusta y te apasiona, como me pasaba a mí, ‘está guay’.

Quizás lo más duro podrían ser dos cosas. La primera, cuando tienes que ir a entrenar antes de ir al colegio cuando eres jovencito. Estar metiéndote a las seis de la mañana al agua no es plato de buen gusto ni cuando te encanta lo que haces, ¡jeje! Pero, por suerte, tuve entrenadores que hacían que esos entrenamientos madrugadores fueran divertidos y llegaras a las seis de la mañana motivado a la piscina.

La otra cosa dura y que a mí me ha llevado a pasar unos años difíciles es cuando tienes un estancamiento. En triatlón, los tiempos pasan a un segundo plano, da un poco más igual los tiempos que hagas porque hay muchos otros factores de los que depende tu resultado. En natación, no… Cuando ves que te matas a entrenar, un montón de horas, que te cuidas y que, sin embargo, ya no haces tus tiempos y te alejas de ellos, creo que eso es por lo más difícil que he pasado en toda mi etapa deportiva. Gestionar eso es complicado y creo que hay que trabajar con los chavales en ese aspecto, y más cuando en natación se empieza a competir a nivel absoluto muy pronto.

Y te plantas en los Juegos de Atenas 2004, con 16 años, en la prueba de los 4 x 100 estilos. Cuéntanos tu experiencia olímpica…

Pues lo cierto es que fue una pasada. Aún recuerdo sentirme pequeña al llegar a la Villa Olímpica y cuando salí a la piscina a competir. Era como estar soñando, pero que no terminas de despertarte. Pensaba que nunca iba a olvidar nada de lo que viví. Con el paso de los años, hay muchos recuerdos que se van haciendo borrosos, pero todavía sigo teniendo un cosquilleo cuando recuerdo tirarme al agua en la final, por la calle 1, en segunda posición y sentir esa presión de: Esto es con lo que había soñado. Tuve la suerte de que vinieron mi padre y mi hermano por sorpresa a verme y, aunque yo en esos momentos vivía un sueño, también pasaba por malos momentos, y tenerles allí fue la mayor sorpresa que pude tener.

Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria
Entrevistamos a Sara Pérez, flamante ganadora del Anfi Challenge Mogán Gran Canaria

¿Y después de aquellos Juegos, hacia dónde fue tu carrera deportiva?

Después de los juegos me diagnosticaron un síndrome compartimental en los tibiales anteriores que me producía muchísimo dolor al nadar a braza. Estuve un año sin poder hacer ejercicios específicos en el gimnasio y sin casi apenas poder nadar a braza. A eso se le sumo que mi cuerpo se transformo, empecé a hacerme mujer, cogí algo de peso, mi manera de nadar se vio también afectada y, aunque el año posterior de los Juegos fue bueno, en los siguientes sufrí un estancamiento.

Cada vez que competía era como si me estampara contra una pared. No me acercaba a mis tiempos y sufría unos cambios emocionales brutales porque era: ¡Venga, qué vamos a hacerlo genial… Vaya mierda otra vez! Al día siguiente: ¡Venga, vamos a darle duro para la siguiente…! Y así estuve hasta el 2008, cuando preparamos una competición para intentar hacer la mínima de Pekín. Por la mañana, nadé genial y estaba súper motivada, pero por la tarde lo hice horrible. Recuerdo que esa noche volaba a Madrid y mi entrenador me dijo que al día siguiente tenía analítica y luego ir a entrenar, pero… Ese día se me acabó el optimismo y me permití el ‘lujo de estar jodida’ y desanimada un tiempo. En aquel momento, pasé de luchar por estar en unos Juegos (o al menos, intentarlo) a tener como objetivo ganar el Campeonato de España, que no era algo difícil. Así que os podéis imaginar…

Luego me fui a Oviedo. Ahí reconduje mi vida, volví a estudiar y motivarme con los estudios, conocí gente diferente, traté con gente que no tenía nada que ver con el deporte de elite y, en cierto modo, salí de la burbuja en la que vivía. Esos dos años ya no volví a competir con la selección, pero todavía hicimos algún récord de España con las compañeras del club, gané algunas medallas en los Campeonatos de España y creo que fueron dos de los mejores años de mi vida.

Luego bajé a Madrid en 2010 a estudiar y empecé a entrenar en el Canoe, pero no teníamos los mismos objetivos y al final fue el fin de mi etapa como nadadora.

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¿Cuándo, cómo y por qué llegas al triatlón?

En el verano en el que ya no nadaba empecé a correr un poco con unos amigos, me enseñaron a manejarme con la bici que me dejó el entrenador que tenía en Oviedo (de pequeña tuve bici pero, como solo nadaba, solo la usaba en verano para dar la vuelta a la manzana).

Al final de ese verano, me apunté a un triatlón en el Juan Carlos I, en categoría popular, y me gustó muchísimo. Luego, con el comienzo de las clases, dejé de entrenar y me olvidé del triatlón porque tampoco sabía muy bien por dónde tenía que ir con la bici.

En abril de 2012 recibí una llamada de Sergio de Torres por si quería participar en el Campeonato de España Universitario. Le dije que sí. Salí un día a entrenar con el grupo de la Residencia Blume de Madrid y, como era lógico, en la subida de Valdemorillo, me quedé. Luego, me perdí para volver a casa. Después de ese Universitario –fui con ‘Chente’ Hernández, Uxío Abuín, ‘Rodri’ el mexicano…–, me federé con el Diablillos y empecé a hacer triatlón de manera amateur. Competía todo lo que podía, pero solo entrenaba de abril a septiembre. Y luego… pues hasta el día de hoy.

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¿Qué te sedujo de este deporte que no tuviera la natación?

Me parecía que el ambiente era mucho más sano, y la bici me enamoró… Varías de deporte cada día, hay cabida para todos los niveles, competiciones de todo tipo y, si un día no te apetece hacer una cosa, puedes hacer otra. Además, el hecho de venir de la natación y empezar delante siempre divierte más que empezar desde el final, aunque luego remontes (en los primeros años, salía del agua en el primer grupo pero me adelantaban 30 chicas, ¡jeje!).

¿Te diste cuenta de que al proceder de la natación de élite partías con una gran ventaja?

Sí. A nivel psicológico, es una ayuda grande cuando empiezas algo nuevo, pero, además, como ya me había comentado Pilar Hidalgo, al proceder de la braza y tener mucha fuerza en las piernas, me iba a ayudar mucho en la bici. Así fue… En la bici me encontré relativamente cómoda rápido (quitando mis habilidades técnicas), pero corriendo fue una lucha los primeros años porque me costaba mucho ir a correr 30’ por ejemplo, llegaba muerta.

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¿Cómo fueron tus comienzos en el triatlón?

Mis comienzos podría decirse que fueron los tres primeros años. Entrenaba un poco lo que me apetecía y cuando me apetecía. En la temporada de frío, dejaba de entrenar porque no quería ni mojarme ni pasar frio, además quedaban muy lejos las competiciones y no me motivaba entrenar por entrenar.  Y así, poco a poco, me fue enganchando. Yo venía de muchos años de disciplina deportiva y consideraba que esa etapa había terminado y ahora me tocaba competir de otro modo y hacer lo que quisiera en cada momento.

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¿Cómo fue tu adaptación a la bici?

Creo que fue muy buena. Unos amigos me enseñaron a montar con las calas, cómo iban los cambios. Mi primer día me llevaron al carril bici a hacer 50 km y me desenvolví bastante bien. En cuanto a pedalear rápido, le cogí el gustillo y enseguida fui aumentando mi nivel. Eso sí, en línea recta… Hasta que no empecé con Jaime no empecé a trabajar la técnica y mis habilidades, algo que básicamente no tenía y en lo que aún sigo trabajando.

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¿Y a la carrera a pie? Explícanos por qué te pusiste tú misma el alias de ‘cachalote’…

Bueno, lo de ‘cachalote’ viene porque cuando yo empecé hacer triatlón pesaba 10 kg más, unos 72 kilos. Siempre he sido de buen comer, ¡jajaja!

Lógicamente, al no haber corrido nunca y no estar muy fina, cada vez que corría iba jadeando como si me estuviera muriendo. No sabía correr más despacio. La verdad es que me costó unos años cogerle el gustillo a correr porque físicamente me costaba mucho.

Al principio tuve muchísimos problemas articulares, siempre me dolían los tobillos, rodillas y caderas al poco de empezar a correr. Me recomendaron correr por blando y así hacía, compré zapatillas que amortiguaran y para gente un poco más pesadas, y no empecé a usar ‘voladoras’ hasta 2017.

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Pero ya no eres ese ‘cachalote’ de tus primeros tiempos…

No, lo cierto que mi cuerpo y mi musculatura ha ido evolucionando mucho. Tengo que ir con mucho cuidado porque tengo un pie un poco delicado desde hace unos años y no puedo meter mucho volumen, tengo que vigilar, con los viajes, no correr mucho por asfalto y no corro por tartán. Ahora, a veces podría decir que me siento como una gacela, pero solo en ocasiones puntuales y siempre que no haya un atleta cerca, ¡jeje!

*Mañana miércoles podrás leer la segunda parte...

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