El triatleta con trastorno bipolar que sueña con hacer todos los IRONMAN del mundo

Ésta es la historia de Juanma Olivas, un triatleta con trastorno bipolar que lucha contra el coronavirus recorriendo en bici la provincia de Álava… y que quiere ser 'finisher' de todos los IRONMAN del mundo.

El triatleta con trastorno bipolar que sueña con hacer todos los IRONMAN del mundo.
El triatleta con trastorno bipolar que sueña con hacer todos los IRONMAN del mundo.

Nuestro equipo de TRIATLÓN trabaja para manteneros informados y ahora, con la caída de los ingresos por publicidad, necesitamos más que nunca vuestro apoyo. Hazte PREMIUM, desde sólo 1 € al mes (primer mes gratis), y estarás haciendo posible que sigamos elaborando estos contenidos, a la vez que disfrutas de artículos exclusivos, navegación sin anuncios y contenidos extra solo para suscriptores.

DESDE EL INFIERNO CON AMOR

Por Juanma Olivas

No me lo esperaba, pero escribir mi propia historia está suponiendo una terapia. Las lágrimas vuelven a aflorar y mi cuerpo tiembla. ¿Por qué? Supongo que es revivir la experiencia, Normalmente no escribo. Mi cabeza va mucho más rápida que la escritura y me está haciendo profundizar, hay tanto por contar…

Me llamo Juanma Olivas. En octubre cumpliré 49 años. Hace ya 15 que me diagnosticaron trastorno bipolar, un hándicap que mantengo a raya gracias a mi pasión: el triatlón…

A finales de 2010, en medio de una etapa personal convulsa, vi un video viral en el que un padre y su hijo, con parálisis cerebral, acometían el reto de hacer un IRONMAN. Ver sus caras, primero de esfuerzo y sufrimiento, y más tarde de satisfacción, alegría y felicidad, me emocionaron mucho. En ese momento, decidí que quería hacer un IRONMAN y vivir esa experiencia. A los pocos días, con mucha ilusión, cero experiencia y grandes dosis de atrevimiento por ignorancia, estaba inscrito en el IRONMAN de Niza 2011.

Empecé a entrenar, a hacer kilómetros con la bici, que es la disciplina que más disfruto y que mejor le va a mi maltrecha rodilla por lesiones recurrentes que me invitaron a dejar el futbol prematuramente.

Nadar es la disciplina que peor llevo, más que nadar me ‘peleo’ con el agua. Veo a los compañeros deslizar y me asombra. Siempre me pregunto: ¿Cómo lo conseguirán? Lo bueno es que, al saberlo, me pongo en mi lugar y, saliendo en las últimas posiciones y teniendo paciencia, sé que más tarde que temprano cogeré la bici y comenzaré a remontar… Y afrontar la carrera con la única idea de ser finisher, cuidando el físico y guardando lo justo para posibles imprevistos.

Así y con dos ‘experimentos’ previos –terminé la primera edición del Triatlón Bilbao y en el Triatlón de Zarautz fui cortado en el agua por no salir en tiempo–, llegué a Niza, con dudas razonables y con mucho respeto a la prueba.

La experiencia fue extraordinaria, junto a mi sobrino, que hizo de incondicional supporter. Por vez primera escuché la mítica frase You are an Ironman. Desde entonces, sabía que seguiría haciendo triatlón de larga distancia. Para estas fechas, ya estaba diagnosticado de trastorno bipolar y pretendía buscar el equilibrio y canalizar la energía a través del triatlón.

El siguiente reto fue participar en el Mundial de Triatlón de Larga Distancia en Vitoria, mi ciudad en 2012. Aún recuerdo el colorido de la prueba, con participantes de todo el mundo, y a Chris McCormack ‘quitándome las pegatinas’, jajaja.

En 2013, me lancé a por el IRONMAN de Lanzarote y a por el Triatlón Vitoria, pero, con las inscripciones hechas, empiezan los problemas. Cada vez más, los otoños e inviernos se complican debido al trastorno bipolar. El frio, la escasez de luz y la depresión me hace imposible no ya sólo entrenar, sino salir de casa. Y no es hasta primavera cuando, como los osos, empiezo a darle la vuelta tanto física como mentalmente. Es entonces cuando empiezo a tener ilusión, voluntad... y también alrededor de 15 kilos de más.

En este contexto y con la fecha de Lanzarote tan cerca, entenderéis muy fácilmente porque estoy tan agradecido a esta prueba, por prorrogarme año a año, durante 5 temporadas, la inscripción por la incapacidad de afrontar la prueba. Sin embargo, al fin llegó la edición de 2017 y la última prorroga.

Tenía asuntos pendientes con la isla de Lanzarote y con su IRONMAN, quería poner en su lugar alguna cuestión personal y ser finisher en la isla de la que estoy enamorado. Lo que no tenía era preparación. Aún recuerdo cómo mi entorno me decía que abandonara, que era mejor posponerlo una vez más... Recuerdo llorar y llorar, porque no sabía qué hacer y, encima, mi pareja no me acompañaría como habíamos planeado, porque coincidía con la comunión de sus sobrinos. Por favor, una señal: ¿Qué hago?

Sé que sabéis la respuesta… Volé a Lanzarote, sin entrenamiento pero con el objetivo de estar en la línea de salida del IRONMAN.

Fue una semana complicada, de muchos altibajos, sobre todo bajos y falta de confianza, hasta el punto de que el día de dejar el material estaba tan nervioso que no acertaba a hacerlo. Recuerdo que algunos triatletas se reían ante mis movimientos torpes y desorientación.

En silencio volví al hotel por la orilla de las playas. Me daba igual el calor, la deshidratación, cargar las piernas y abrasarme los pies. En ese momento sólo quería estar conmigo mismo y que nadie me viera sufrir.

Una vez en el hotel, traté de tranquilizarme y pasé todo la noche hablando con mi pareja. No podía dormir y ella me acompañó en todo momento. Incluso trató de darme confianza a pesar de todos sus miedos. 

Llegó la hora, el momento que tanto tiempo había esperado, mi momento. En los boxes estoy en mi mundo, voy hacia dentro y me transformo; ya soy un IRONMAN al que le gusta ‘disfrutar sufriendo’ y seguir superándose. Trece horas más tarde era finisher… tocando el cielo.

¿Previsible? Probablemente. Lo que no esperaba, y quizá tampoco vosotros, es que 48 horas más tarde estaba ingresado en el Hospital Santiago de Vitoria, en el área de Psiquiatría. Una descompensación por el cúmulo de esfuerzos, emociones, sentimientos, experiencias, pensamientos... que no acabé de saber gestionar.

Ese fue mi último ingreso. Y viene a cuento porque he hecho coincidir el tercer aniversario de mi salida del hospital con el inicio de la campaña #JUNTOSLLENAMOSELCARRO el próximo 14 de junio, una campaña solidaria con varios objetivos:

-Sensibilizar a la población de las dificultades que, tras la pandemia, muchas personas y familias están atravesando.

-Recaudar fondos a través de mi bio en Instagram @juanma_realidadbipolar (también se puede colaborar a través de la campaña de crowfunding que se ha abierto en la plataforma GoFundme bajo el título #juntosllenamoselcarro).

-Unir los 51 municipios de Álava en bicicleta y los kilómetros convertirlos en alimentos, con la colaboración de Grupo Amutio y Grupo Urzante.

-Visibilizar y normalizar el trastorno bipolar, dando un impulso al grupo Realidad Bipolar, iniciativa que creé con motivo del IRONMAN Vitoria 2019.

Con el IRONMAN de Vitoria, tod@s los triatletas contamos con una prueba espectacular. Es un día de fiesta para la familia del triatlón. Y el ambiente en carrera y en las calles hay que vivirlo.

Gracias, Eduardo. Y gracias a tu equipo por la gran labor que hacéis.

Por mi parte y en homenaje a la prueba –antes Triatlón Vitoria y ahora IRONMAN Vitoria–, el domingo 12 de julio, fecha programada originalmente antes de la crisis del coronavirus, finalizaré de manera oficial la campaña #JUNTOSLLENAMOSELCARRO.

Tres apuntes para terminar:

-¿Os habéis fijado en el espectacular maillot que ha diseñado Gobik con motivo del desafío?

El triatleta con trastorno bipolar que sueña con hacer todos los IRONMAN del mundo.         

-¿Sabéis cuál es mi próximo reto? Ser finisher en todos los IRONMAN del mundo para darle visibilidad al trastorno bipolar.

-Por último, quiero dedicárselo a mi hijo Íker, para que siempre camine hacia sus sueños.