Un valenciano en Kona: así se fabrica (en 4 años) a un campeón de Ironman

Jaime Menéndez de Luarca relata cómo ha sido el proceso de formación y adaptación de Emilio Aguayo a la larga distancia hasta conseguir su clasificación para el Mundial PRO de Ironman.

Jaime Menéndez de Luarca

Un valenciano en Kona: así se fabrica (en 4 años) a un campeón de Ironman
Un valenciano en Kona: así se fabrica (en 4 años) a un campeón de Ironman

Un valenciano en Kona

Emilio es un triatleta procedente de la cantera valenciana, nadador de joven pero sin marcas que le permitiesen entrar en un Campeonato de España. Su formación como deportista es multidisciplinar gracias al amor de su familia por el deporte, y como era lógico, sus pasos académicos le llevaron a la carrera de Ciencias del Deporte.

Empecé a entrenar a Emilio Aguayo hace ya 4 años, meses después de su mejor resultado ITU (3º en la Copa de Europa de Madrid en mayo de 2015). Ese mismo 2015 fue Campeón de España de MD con una cabra prestada y una posición de la que no opinaré en estas líneas.

Un Valenciano en Kona

Un Valenciano en Kona

Cuando empezamos a entrenar juntos me comentó que su proyecto era a largo plazo pensando en la LD. Analicé sus resultados ITU, donde quería aún estar en 2016 y, viéndole entrenar, enseguida me di cuenta de que su distancia iba a ser el Ironman, a ser posible con calor y humedad. Ese 2016 fue duro, pasando del 3º en Madrid al 53º en la misma prueba y 54º en la WC ITU de Cagliari, que supuso su despedida, aunque en ese momento no lo sabíamos, de las pruebas cortas ITU.

Obviamente aquellos resultados no fueron satisfactorios pero Emilio. Por algo que debe llevar en su corazón, seguía confiando en un trabajo a años vista. La primavera se salvó con un 2º puesto en Fuente Alamo y cerramos 2016 con un mal resultado en el Campeonato de España de Banyoles. Entrenando las cosas salían, pero un deportista vive de resultados y el año había sido malo, por lo que hablé con Emilio para saber qué quería hacer en 2017, y su apuesta fue de confianza.

En 2017 el foco fue sobre distancia 70.3, aumentando progresivamente los kilómetros que Emilio podía asimilar. Un 2º puesto en Challenge Salou tras McNamee (pódium en Kona) y ganando a Cunnama (4º también en Kona) nos daban un plus de la confianza que necesitábamos tras 2016. Un resultado en primavera en un 70.3 contra unos rivales que rinden al 100% en octubre en Ironman no quiere decir nada, pero era un paso más en este largo camino. 2017 discurrió sin contratiempos, aprendiendo a manejar la cabra tras un fiting hecho a ojo en Lanzarote en el que apostamos por un gran drop de manillar al que Emilio se adaptó en apenas dos salidas. El año se cerró con su primer pódium en la franquicia WTC (2º en 70.3 La Santa Lanzarote) y el subcampeonato de España de LD sobre distancia 4.000-120-30 en el que a muchos nos asombró con su 2º puesto tras 4 semanas sin correr con un isquio tocado y sufriendo mucho los 30 kilometros para llegar con una plata tras Pablo Dapena.

Un Valenciano en Kona

Un Valenciano en Kona

En 2018 aún no dio el salto al Ironman, pero seguimos aumentando su kilometraje de modo conservador (prácticamente nunca se prescribió una semana de más de 20 horas). El foco se puso sobre la distancia 70.3 y empezaron los viajes en los que Emilio iba aprendiendo (y pagando) a base de novatadas lo que no hay que hacer (viajes con poco tiempo, perder tiempo en aeropuertos esperando a otras personas, no saber qué y dónde comer cuando se viaja…) a la vez que empezaba a coincidir con vacas sagradas de esta distancia para saber que aquí nadie regala nada y que sobre todo en ciclismo se va muy deprisa. También fue convocado para los Campeonatos de Europa (6º) y del Mundo (DNF por pinchazo) de LD lo que también supuso un aprendizaje del camino profesional de un triatleta y de cómo tomar las cosas cuando vienen mal dadas. Igual que en 2017, una plata tras Cunnama en 70.3 La Santa Lanzarote permitía cerrar 2018 con una sonrisa y pensando, esa vez sí, en el salto a la distancia Ironman. Como anécdota, su victoria en el Triatlón Sprint de más prestigio del calendario nacional, Fuente Alamo, con un planteamiento de competición basado en la fortaleza y llaneo en el ciclismo.

La preparación especifica del Ironman de Lanzarote 2019 fue casi perfecta desde el punto de vista de control de carga y asimilación. 20 semanas desde las vacaciones de Navidad con una carga media de 18 horas (para los amantes de datos, 156 CTL de pico). El planteamiento Ironman de Emilio fue muy honesto; a su ritmo, sin entrar en el juego del ritmo de los primeros ni para aprovechar el rebufo de los vehículos que siguen a los lideres (TODAS las organizaciones del mundo deberían tomar cartas en este asunto, ya que estos vehículos dan una ventaja demasiado grande a los líderes de la prueba, no buscada, pero que existe). Un bronce en su debut, corriendo completamente solo y sin asimilar la comida en la maratón era algo soñado, aunque yo tomé debida nota de esos problemas de estomago en la maratón que sin duda podían suponer un serio problema en su carrera si no era algo anecdótico.

Un Valenciano en Kona

Un Valenciano en Kona

Tras Lanzarote, Emilio estaba pletórico y me consulto si podía intentar el Kona'19 en Frankfurt, pero me mostré inflexible, sabedor de que a sus 28 años, con un volumen moderado y solo 6 semanas después, en algún momento vendría el bajón, sobre todo mental.

Planteamos el verano para disfrutar en carreras nacionales de 70.3, pero seguimos metiendo volúmenes altos para entrar con garantías Ironman a 2020, pero no el necesario para competir con solvencia en la distancia (apenas 2 dias pasamos de 4 horas en bici y ninguno de 90 minutos a pie), además de que las semanas de relax mental habían aparecido y era permitido saltarse alguna sesión si la cabeza lo pedía.

Yo estaba entrenando en Asturias (había terminado una transición muy dura de 5h en bici a ritmo de prueba 1hora a pie) cuando me llaman Emilio y Natalia para decirme que el Ironman de Sudáfrica 2020 quedaba cancelado por la buena noticia de su paternidad justo en esas fechas. Me alegré mucho por ellos y al terminar la conversación Emilio me preguntó si podíamos hacer un intento para Kona 2020 antes de terminar el año. No sé cómo pero me escuché a mí mismo diciéndole que sí. La razón (y los datos) me decían que no estábamos preparando un IM (20 puntos menos de CTL que para LZ) pero afortunadamente la IA podrá ganar a los humanos al ajedrez, pero difícilmente podrá entrenar a triatletas (apuntad estas palabras por si me las tengo que comer) y tras descartar diversas opciones optamos por Wisconsin (debo admitir que saber que yo iba a estar cerca también me motivaba) aunque era la prueba que menos tiempo nos daba para reajustar la carga. De hecho, apenas nada cambió, ya que una planificación modificada a lo bestia casi siempre produce frustración. Simplemente añadimos una transición de 4h30 3 kilometros de carrera y un rodaje de 1h40 se transformó en 1h50 haciendo los últimos 20 minutos a ritmo IM (3m55/km).

Un Valenciano en Kona

Un Valenciano en Kona

No con pocas dudas nos plantamos en el aeropuerto de Chicago, donde en teoría debía esperar a Emilio pero un retraso en su escala nos hizo cambiar los planes.

La semana transcurrió tranquila, con un reconocimiento del circuito que nos iba metiendo una sonrisa en la cara conforme avanzábamos por él y veíamos que nos venía a ambos muy bien. El trabajo estaba hecho, la estrategia definida conservadora y el planteamiento de carrera fijado, sabiendo que uno de los puntos fuertes de Emilio es la sangre fría y la toma de decisiones (justo mi punto débil). El final de la historia podéis leerlo en su crónica.

See you in Kona2020, Emilio.

Un Valenciano en Kona

Un Valenciano en Kona