¿Por qué los habitantes de Kona reniegan de un Mundial IRONMAN... con más de 5.000 triatletas?

No todo el mundo está entusiasmado con el regreso del IRONMAN de Hawaii: propios y extraños tienen motivos para estar en contra del evento.

Por qué los habitantes de Kona reniegan del Mundial de IRONMAN.
Por qué los habitantes de Kona reniegan del Mundial de IRONMAN.

Hace unas fechas contábamos el disgusto que tenía el triatleta PRO británico Joe Skipper antes de viajar a Hawaii para disputar el Campeonato del Mundo IRONMAN que se disputa el próximo 8 de octubre... con casi 100 profesionales y más de 5.000 que compiten en Grupos de Edad por los sucesivos aplazamientos de las ediciones de 2020 y 2021 debido a la pandemia de Covid-19.

"Estoy considerando seriamente no ir a Kona porque me quieren cobrar el triple por el alojamiento", comentaba en las redes sociales el que es uno de los favoritos a estar en el podio de la prueba.

"Estoy recibiendo muchos mensajes sobre este asunto. Y parece que a muchos triatletas PRO y de Grupos de Edad les está pasando lo mismo y no competirán en Kona este año", añadía Skipper.

Pero no sólo hay descontento por parte de los triatletas y sus respectivos acompañantes, que invadirán Hawaii por unos días. También gran parte de los residentes de la Isla Grande están que trinan con la avalancha de visitantes 'triatléticos' que ya están aterrizando en su 'paraíso personal' después de tres años de tranquilidad.

IRONMAN SÍ - IRONMAN NO

“Mucha gente está emocionada porque está enamorada del IRONMAN, pero también hay muchos que hacen lo posible para evitar la carrera”, explica un vecino de Kona de toda la vida y triatleta que competirá en la mítica prueba. “Este año, además, el formato de dos días y el hecho de que vengan el doble de triatletas complica aún más la situación”, añade.

Entre Kona y IRONMAN hay una relación de amor y odio muy particular. Para empezar, el turismo es un pilar fundamental de la economía de la isla y durante la pandemia de COVID se perdieron hasta el 25% de los empleos. Muchas empresas del sector cerraron y los hoteles y restaurantes que permanecieron abiertos vieron su actividad –y el consiguiente beneficio– reducida a mínimos históricos. De hecho, muchos establecimientos aún no se han recuperado por completo y tienen poco personal.

Sin embargo, esta dependencia del turismo no es algo que preocupe especialmente a los lugareños. Según una encuesta reciente, el 67% de los residentes de Hawaii tiene la perspectiva de que su isla “está siendo administrada para los turistas a expensas de la población local”; y solo el 39% piensa que el turismo es “principalmente positivo”.

Según el mismo sondeo, el 92% de los hawaianos cree que los turistas no están lo suficientemente informados sobre la protección del medio ambiente y los recursos naturales de Hawaii. Y hay que reconocer que los triatletas que acuden a competir en el IRONMAN no son los típicos visitantes de la isla que se conforman con los recorridos cuidadosamente administrados. Son deportistas que se apoderan por completo de la ciudad anfitriona, entrenan en bici por las carreteras más transitadas parando en las cunetas para hacer sus necesidades, dejan grandes cantidades de desperdicios, compran todos los plátanos y el agua embotellada en las tiendas de comestibles y usan protectores solares que no son buenos para los arrecifes del océano.

Así, el debate IRONMAN SÍ - IRONMAN NO también se vive en Nextdoor, una aplicación de redes sociales que usan los vecinos de Kona: unos celebran el impacto económico del evento de 30 millones de dólares; otros, en cambio, se preguntan si realmente vale la pena el coste que asumen en todos los sentidos, más allá del dinero.

“Este evento ha superado con creces la capacidad de la sede. Respeto la idea del IRONMAN y del deportista individual, pero esto se nos ha ido de las manos. Es hora de encontrar un lugar nuevo y más grande para que esta gente haga lo suyo”, se puede leer en uno de los comentarios.

“El aloha que todos teníamos para este evento se fue de la isla. Es el momento de un cambio", dice otro.

“Los conductores se enfadan con los ciclistas que campan a sus anchas por la carretera, circulan por carreteras que no son aptas para bicicletas, no respetan las señales de tráfico, dejan basura en las cunetas, utilizan protectores solares prohibidos en la isla”, explica otro residente de Kona y triatleta, que matiza:  “Ven a los triatletas del IRONMAN como egoístas y que solo vienen aquí para usar la isla para ellos mismos mientras molestan a los lugareños que necesitan ir al trabajo, a la escuela... Me duele escuchar esto, porque, como triatleta, sé que no todos los triatletas son así, pero es una percepción común de los residentes".

Por su parte, IRONMAN trabaja para minimizar el impacto logístico de la carrera en la comunidad local.

La polémica está servida y los afortunados que compitan en Kona la próxima semana se encontrarán con opiniones para todos los gustos.