Correr en la cinta: PROS y CONTRAS

Tiene ciertas ventajas con respecto a correr al aire libre, pero siempre debe ser algo complementario.
Alberto Cebollada -
Correr en la cinta: PROS y CONTRAS
Correr en la cinta: PROS y CONTRAS

Aunque desde mi opinión y experiencia no hay comparación posible entre correr sobre una cinta y hacerlo al aire libre, donde se puede disfrutar de las sensaciones de libertad que permite el desplazamiento por un entorno preferiblemente natural, entiendo que, por comodidad y en condiciones climatológicas adversas, las cintas para correr sean utilizadas por un gran número de triatletas para realizar sus sesiones de entrenamiento.

Analizando diferentes estudios acerca del movimiento que se realiza corriendo sobre un tapiz en comparación con el realizado en desplazamiento real, no se observan grandes diferencias, excepto que sobre la cinta se requiere un menor esfuerzo muscular y un particular control del equilibrio. Y como en todas las opciones, hay “pros y contras”.

Sobre la cinta se constatan ventajas que pueden ser aprovechadas en beneficio de l@s triatlet@s, como el hecho de que devuelve más energía que el suelo en cada zancada, percibiendo los usuari@s un menor impacto del pie. Por el hecho de que facilita el desplazamiento del pie hacia atrás por el deslizamiento de la cinta, se precisa un menor esfuerzo muscular para impulsar el cuerpo y, al no existir tampoco resistencia del aire, el gasto energético es considerablemente menor. En este aspecto se puede compensar ese menor esfuerzo aumentando en algún grado el porcentaje de pendiente, lo que requerirá ejercer una mayor fuerza propulsiva en cada zancada.

Por otro lado, la ausencia del viento dificulta la pérdida calórica por el mecanismo de convección, siendo más costoso para el organismo disipar el calor generado durante el esfuerzo, aumentando considerablemente la sudoración, aspecto que se debe tener en cuenta antes, durante y después de correr sobre una cinta.

En la mayoría de los estudios se confirma que correr sobre un tapiz favorece una mayor frecuencia de zancada y que, al no haber desplazamiento, el tórax permanece más erguido. También se refiere con frecuencia una disminución de la flexión del tobillo, pero en éstas y otras diferencias articulares hay una gran variabilidad entre sujetos, algo que confirman algunos estudios que encontraron una disminución de la longitud de la zancada en sólo la mitad de los usuarios. Los resultados sugieren que hay personas cuyo patrón motriz apenas experimenta variaciones y se sienten cómodos corriendo sobre la cinta; y otros cuya biomecánica sufre mayores alteraciones, lo que les impide correr con “buenas sensaciones” e incluso les puede producir sobrecargas. Así, ciertas investigaciones constatan molestias de la musculatura del compartimento anterior de la tibia, padeciendo lo que los aficionados al running en Estados Unidos denominan “shin splints” o inflamación del periostio tibial, algo que se explica por la necesidad de tener que elevar más la punta del pie al llevarlo adelante para no chocar con la cinta. O cómo, al correr en tapiz rodante, disminuye el impacto de talón al acortarse la zancada, pero a costa de un aumento de las presiones plantares lo que favorece la sobrecarga del medio pie, en especial de la fascia plantar.

La variabilidad individual nos hace reflexionar acerca de la necesidad de probar cada uno qué actividades le son más beneficiosas y cuáles no tanto a la hora de entrenar y, sobre todo, mejorar su salud. En mi opinión, correr en cinta tiene ciertas ventajas sobre correr al aire libre, pero nunca debe ser sustitutivo de ésta, sino complementario, útil para trabajar la técnica de carrera, mejorar el braceo, entrenar con una posición más erguida del tórax y lograr correr a una frecuencia de zancada superior a 180 por minuto.

No todo son ventajas, ya que correr solamente en cinta sería muy reduccionista desde el punto de vista motriz y sensorial, pudiendo más fácilmente llegar al cansancio psico-físico y, a la larga, a un reforzamiento de la musculatura anterior de la cadera y piernas en detrimento de un debilitamiento de la cadena cinética impulsora, algo fácilmente evitable con la combinación con sesiones de carrera al aire libre. Pero, sin duda, es el menor impacto y un menor esfuerzo en comparación con correr al aire libre lo que sitúan a las “sesiones de cinta” en las aliadas del deportista que sale de una lesión, un buen recurso para las primeras semanas de preparación o en aquellos días en los que la climatología no invita a correr al aire libre.

Procura que tus sesiones sean variadas, pudiendo jugar con las variables de duración, intensidad y pendiente, tratando de rentabilizar el tiempo que pasas sobre la cinta. Para ello, te aconsejo que primes la calidad sobre el tiempo de carrera, para lo cual resultan idóneas las sesiones HIIT. Introduce intervalos de carrera a alta intensidad con trote muy suave o descansando entre ellos, pudiéndote servir como referencia hacer 10 x 30 segundos fuertes + 30 seg. suaves. Realiza sesiones de carrera en progresión, por ejemplo, 25 minutos incrementando el ritmo de carrera 5 segundos por kilómetro; o de cuestas, haciendo 8 x 60 segundos con un aumento de la inclinación del tapiz / 90 segundos de descanso.

Así mismo, la posibilidad de combinar intervalos a diferentes velocidades, variar la inclinación de la pendiente e incrementar la duración de las series o de los intervalos, facilita de una forma sencilla la progresión en la mejora de la resistencia cardiovascular sobre la cinta, debiendo tener en consideración que los ritmos serán siempre más altos a las mismas pulsaciones que al correr al aire libre.

 

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