Conducción MTB en competición

Cambia el chip cuando te subas a una bici de montaña porque no tiene nada que ver con la conducción de carretera.

Redacción Triatlón / Antonio del Pino Fotos: César Lloreda

La historia se repite, el mismo amigo con el que pedaleas sin problema e incluso al que puedes hacer sufrir con la bici de carretera, se sube en una bici de montaña y te esfuerces lo que te esfuerces, es imposible, parece que compite en otra liga, porque no le puedes seguir hagas lo que hagas. ¿Acaso la arena y los bosques le dan superpoderes? No, nada eso, sólo se trata de cambiar tus conceptos y entender que aunque también hay dos ruedas, un manillar, frenos y pedales…el mountain bike es un deporte diferente.

Posición y reparto de pesos

  1. Del mismo modo que en la bici de carretera buscamos el equilibrio biomecánico entre aerodinámica y eficiencia, en la bici de montaña hay que buscar el equilibrio biomecánico entre control sobre la bici y una posición deportiva que te permita exprimirte a fondo. Ambos aspectos son igual de importantes, no lo olvides.
  2. Es el primer concepto a trabajar encima de una bici de montaña: es vital no dejar de moverse encima de la bici para superar todo tipo de zonas a mayor velocidad buscado siempre adherencia y tracción.
    Subiendo busca mejorar la tracción sentándote sobre la punta del sillín con la intención de no llevar todo el peso sobre la rueda trasera. Cuanto más compenses el peso sin dejar de aplicar potencia a las bielas, menos resbalará la rueda trasera y más aprovecharás cada pedalada. En cuanto a las bajadas, cuerpo atrás con más o menos agresividad en función de la pendiente. Todo depende del nivel de confianza y conocimiento que tengas de tu propia bici, que serán mayores cuanto más tiempo le dediques.

Curvas rápidas

  1. Cuanto más rápido vas, más lejos has de fijar tu punto de atención visual. Si mantienes una visión anticipada de entre 10 y 20 metros podrás adelantarte y aprovecharte de muchos apoyos y peraltes (naturales o artificiales) que te permitirán pasar por muchas curvas casi sin tocar los frenos.
  2. No vamos a negar que pasar a toda velocidad por una curva casi sin frenar puede parecer una acción un tanto temeraria, pero si posicionas tu peso en el centro de la bici, bajas el punto de gravedad y acompañas a la bicicleta con movimientos suaves, verás que con un poco de práctica no abusarás tanto de los frenos y que con el mismo esfuerzo eres capaz de obtener mejores tiempo en cualquier recorrido.
  3. No tires por tierra todo lo arriesgado en la curva, y según salgas a la zona de pedaleo acelera fuerte durante unos segundos. El desgaste muscular es casi el mismo pero vas a acumular una velocidad media mucho más elevada kilómetro a kilómetro.

Curvas lentas

  1. Olvida lo anterior en el caso de las curvas lentas. Mira al metro que te precede y emplea todos los sentidos para superar elementos como rocas, ramas o arena suelta que te esperan escondido para dificultar tu paso.
  2. A una curva lenta has de llegar con la apurada de frenada realizada antes de entrar en la misma. Dentro de ella el freno no se toca bajo ningún concepto. Ya has colocado la bicicleta para entrar en la curva y sólo debes de centrarte en encararla y ver dónde empezar a imprimir nuevamente potencia a las bielas.
    Una vez estés dentro de la curva aprovecha que llevas poca velocidad para adelantar información del trazado y adecuar la estrategia de pedaleo. Tanto en curvas lentas como rápidas debes acostumbrarte siempre a anticipar la frecuencia de pedaleo que vas a necesitar al salir de la curva, para no tener que cambiar cuando sales de la misma y estás imprimiendo tensión a la cadena.
  3. A ser posible, los cambios se hacen sin llevar presión en cadena y bielas. Los cambios serán más suaves, habrá menos problemas mecánicos y seremos mejores ciclistas. Sube, dos, tres, hasta cuatro coronas... en función de la cadencia que tu experiencia estime que va a necesitar. Parece complicado, pero acabarás haciéndolo sin pensarlo. En curvas lentas el equilibrio es crítico; cualquier frenazo te hace ir al suelo o poner pie a tierra. Aunque vayas lento, déjate llevar.

No te claves, dale duro

  1. En mountain bike es prioritario saber manejar la frecuencia de pedaleo, llevar una pedalada ágil y en la que no te de pereza estar cambiando constantemente de corona. No pasa nada si estás haciéndolo cada poco tiempo si el desnivel así lo exige; es la perfecta adecuación de tu pedalada al trazado. Llevar altas frecuencias de pedaleo te exigirá también alta frecuencia cardiaca, pero llevarás los músculos más frescos ante inesperados cambios de ritmo. No vayas con la ‘tranca’, a la antigua escuela.
    Sólo conseguirás endurecer el tono muscular o romper la cadena en el peor de los casos. El mountain bike es un deporte explosivo, ágil y eso es sinónimo de alta frecuencia de pedaleo. Como triatleta es buena noticia, especialmente si te dedicas a la media y larga distancia, donde tanto hay que jugar con la frecuencia de pedalada para llegar con fuerzas al tramo final de la carrera a pie.
  2. Ayuda a las altas frecuencias de pedaleo con el resto del cuerpo para aprovechar la sinergia de las cadenas motoras, y no dudes en subirte al manillar si quieres imprimir velocidad rápido para, a continuación, bajar una o dos coronas. La clave está en ser ágil, tanto mental como físicamente. Pedaleando al límite es difícil pensar utilizando el 100% de tus capacidades mentales.

Confía en tí y en tu bici

  1. Si tanto cuidas y entrenas tu cuerpo, ¿por qué no has de hacer lo mismo con tu material?. Cuanta más seguridad tengas en tu bicicleta, más capaz te verás de hacer cosas imposibles con ella. La bicicleta es, en este caso, una prolongación de tus piernas, el elemento de transferencia de la energía que te permite moverte con tanta rapidez y solvencia. Por eso, debes conocerla y aprender a cuidarla para evitar que te deje tirado en el momento más inesperado por un desgaste que se podría haber evitado.
  2. Si no eres un gran corredor y tampoco te esmeras en cuidar el material, es mejor que optes por material con poco mantenimiento y con suficiente aguante para soportar tus despistes. Si no eres buen bajador, te metes por trazadas complicadas y te compras un cuadro de carbono, tienes muchas papeletas para tener que reclamar una diagnosis de estado del cuadro. Lo lógico es que accedas a un ligero cuadro de aluminio con buena relación precio/calidad de componentes.
  3. Los accesorios diseñados para el alto rendimiento muchas veces exigen una continuada puesta a punto de mecánica. Conoce a tu bici y, también, conócete primero a ti mismo para saber qué máquina necesitas y qué puedes ofrecerle.

La cuesta no acaba aquí, pedalea

  1. Cuando llegues al final de una cuesta sigue pedaleando; es el momento de marcar distancias cuando el resto de corredores también se encuentran ‘asfixiados’. Aprende a encarar esos momentos de agonía donde puedes recuperar una posición o, simplemente, marcar distancias físicas (o psicológicas) con tus más inmediatos perseguidores.
  2. En mountain bike raramente se deja de pedalear, especialmente en modalidades de duatlón cross, tan parecidas a las que se encuentran en las carreras rally.

Bajada de rodera, por fuera

  1. Bajar por una rodera siempre implica atención extra. Si los haces por la zona exterior deberás prestar atención especial a mantener la vista allá por donde quieras ir sin acabar tanto fuera del camino como en la propia rodera. Es la elección perfecta para aquellos que no tienen miedo a la altura y/o si llevas bicicleta rígida, puesto que deberás buscar la trazada más limpia. Por esta zona se suelen encontrar tramos de tierra dura muy compactada con elementos de arena suelta. Ten cuidado porque poner la rueda delantera con poca decisión es sinónimo de golpe por pérdida de tracción en la rueda delantera.
  2. Si quieres cambiar de trazada lo aconsejable es que tengas bien entrenado el ‘bunny-hop’ con desplazamiento lateral, de tal forma que seas capaz de pasar de un carril a otro sin necesidad de pasar por la rodera, lugar donde encontraremos fácilmente piedras, raíces, arena y superficies de poca adherencia. Lo importante es jugar con los pesos del cuerpo para mover la bicicleta sin necesidad de frenar o girar en exceso la dirección.

Bajada de rodera, por dentro

  1. Sólo centrate en mirar donde quieres ir; el cerebro tiende a decirle a tu cuerpo que tiene que ir allá donde mira. Así que si no quieres acabar en un terraplén, simplemente no lo mires. Lo importante es por dónde vas y a dónde quieres ir.
  2. Bajar por esta zona es una buena elección si llevas doble suspensión o quieres hacer un adelantamiento por un sendero estrecho. Debes tener especial cuidado a la hora de entrar y salir de la misma. Un pequeño tirón de manillar evitará el resbalón de la rueda delantera, que con un leve acompañamiento de piernas hará que el tren trasero pase sin problemas por llevar los pies enganchados a los pedales automáticos.
  3. Si quieres elegir la mejor trazada de una rodera es muy seguro que te toque ir cambiando la misma, circunstancia que exige saber entrar y salir de ellas, así como tener bien mecanizado el movimiento de salto lateral (conocido como ‘barrel’ o ‘bunny-hop’ con desplazamiento lateral). No te cierres a desplazarte por dentro o fuera de la rodera, simplemente lee el camino y anticipa una trazada que permita el paso más rápido y seguro. Para bajar es importante acompañar a la bici de manera fluída, agarrándola de tal forma que no seas un elemento rígido sobre la montura. Tu cuerpo debe fluir con el movimiento.

Subida por rodera

  1. Subir por terrenos rotos implica saber adelantarte al desnivel y complicaciones técnicas, adelantar la posición del cuerpo para ejercer más fuerza desde tus piernas y variar también tu centro de gravedad. El mayor problema a la hora de progresar en cuestas técnicas son la escasa velocidad, pérdida de equilibrio, poca tracción o una mezcla de todas ellas. Si llegas con suficiente velocidad a una cuesta, será más fácil de afrontar. Si cuidas el equilibrio para traccionar de la mejor manera posible, seguro que ninguna pedalada se perderá y no deberás echar pie a tierra.
  2. Si eres usuario de neumáticos tubeless podrás jugar con la presión para optimizar el grip de tu bicicleta. Destierra el concepto de hinchar las ruedas de tu mountain bike hasta que se quedan duras como una piedra. Un corredor técnico es aquel que cuida los detalles, observa el estado del terreno y el tipo de circuito y actúa en consonancia el día de la carrera. Te parecerán detalles minúsculos, pero te harán ganar o perder una carrera. Si buscas más capacidad de tracción, baja la presión de tus neumáticos hasta llevar como mucho 2 kg de presión. Ganarás mayor sección de rueda en cualquier tipo de superficie sin riesgo a pinchar la rueda por ‘mordisco de serpiente’, algo habitual cuando llevas una cámara con poca presión y la propia cámara se retuerce al pasar sobre una roca o raíz.

Siempre a fondo

  1. El mountain bike, en modalidad rally, es una disciplina agónica en la que se va a fondo en todo el circuito. Es muy explosiva y además requiere de altas dosis de resistencia aeróbica, una combinación que te hará ganar fuerza como triatleta. La posición y desarrollos sobre mountain bike exigen altas frecuencias de pedaleo y, por ende, pulsaciones bastante altas.
  2. Las carreras de mountain bike dan para poco que pensar, sólo has de hacerte fuerte en la posición que crees que debes ocupar y no dejarte pasar en ningún tramo. Verás que estas carreras exigen una tremenda demanda a nivel muscular, cardiovascular y mental; un gran estrés que no todo el mundo es capaz de aguantar. Hay quien con esta presión acaba en el suelo o no disfrutando.

¡En picado!

  1. Aprende a encarar secciones a ‘ojos ciegos’, habiendo logicamente reconocido la sección y sabiendo hasta dónde puedes llegar para no sobrepasar tus límites técnicos y los del paso que quieres realizar. Tira del manillar antes de llegar al cambio de rasante o acompaña el movimiento de la bici hacia bajo, pero nunca frenes ante la llegada del abismo ni te mantengas rígido.
  2. Los pasos técnicos son más fáciles de afrontar con velocidad que sin ella puesto que el equilibrio es más crítico. Por contra, deberás asumir la sección con decisión y cierta experiencia. Como siempre, empieza por pasos sencillos y vete complicándolo.
  3. Si puedes acercarte a una carrera de mountain bike con corredores élite, una buena escuela de aprendizaje es verles pasar por zonas técnicas y analizar sus trazadas. Luego trata de adaptarlas a tu nivel y verás cómo pasarás por ellas mucho más rápido y seguro que si te hubieras lanzado de primeras. Muchas secciones técnicas tienen parecidos, y tus músculos y cerebro reaccionarán de forma rápida ante estímulos similares.

No te enganches

  1. Es habitual en los circuitos técnicos de mountain bike tener que pedalear casi el 100% del recorrido para conseguir el máximo de progresión en cualquier circunstancia. En ese afán de avanzar sobre cualquier terreno muchas veces olvidamos que podemos encallar con el extremo de la biela o el propio pedal automático. Tenlo en cuenta y ajusta la pedalada para evitar golpes innecesarios (especialmente si tus bielas son de carbono), porque además evitarás tener que echar pie a tierra con la consiguiente pérdida de puestos en carrera.
  2. De la misma forma que puedes engancharte con rocas, también es posible hacerlo con ramas. Es por ello que al pedalear por senderos estrechos y revirados, donde ajustamos al máximo en cada apurada de frenada, existe más riesgo de engancharte. Tenlo en cuenta.

¡Salta!

  1. Existen zonas técnicas donde es más lento pasar a ‘ras de suelo’ que hacerlo volando. Es un truco que sólo recomendamos a los corredores más expertos y que además se han tomado la molestia de repasar zonas técnicas y su posible resolución en situación de carrera. A día de hoy, los circuitos rally se resuelven en los detalles, en cómo se pasa una zona técnica. Nino Schurter, corredor profesional de mountain bike, es un buen ejemplo de cómo soluciona pasos técnicos con técnica casi de descender.
  2. No te pedimos que hagas prodigios, sólo que sepas que con una buena técnica puedes volar de una roca a otra sin tener que tragarte el pedregal que las separa. Eso sí, deberás haberte sacado previamente el carnet de piloto de ‘altos vuelos’. Saber despegar, algo que todos más o menos sabemos es importante, pero lo que es crucial es el manejo de la bici en el aire (por si tenemos que hacer correcciones del despegue) y la recepción, equilibrando pesos y neutralizando inercias gravitativas ayudándonos de la capacidad de absorción que ofrecen nuestras articulaciones y tronco. Si saltas, acompaña a la bicicleta con tu movimiento. No te quedes rígido o te aseguramos un buen susto e incluso algún golpe.

Pilotaje extremo

  1. Montar en mountain bike exige mayor dominio de la bicicleta, por lo cambiante que es el medio y la cantidad de superficies con la que nos encontramos (barro, rocas, tierra, arena...) y porque la dificultad técnica de ciertos pasos exige pericia y experiencia. Lo bueno es que todo lo que puedas aprender sobre la bicicleta de montaña es trasladable a la de carretera. Reparto de pesos, posición y equilibrio pueden variar, pero en esencia moverse en bicicleta exige una coordinación musculoesquelética semejante en todas sus modalidades.
  2. En situaciones extremas sobre una mountain bike se aprenden conocimientos que bien pueden servir con una cabra o bicicleta de carretera. Por ejemplo, tener que saltar un bordillo de manera inesperada, salvar una zona degradada de asflato, una alcantarilla peligrosa, o pasos complicados de poca adherencia como un paso de peatones mojado en curva. Son pequeños detalles que van sumando y te permiten incorporar un conocimiento extra. No es necesario saber hacer un ‘bunny-hop’ si eres ciclista de carretera, pero si eres mountain biker te vendrá muy bien para situaciones cotidianas, así como urgencias sobre las ruedas finas.