Un Ironman a ciegas: El entrenamiento

Si terminar un Ironman es ya una hazaña en sí misma imagínate el reto que supone para un deportista sin visión.

Andreu Alfonso

Un Ironman a ciegas: El entrenamiento
Un Ironman a ciegas: El entrenamiento

Creo recordar que fue a principios de octubre cuando Enhamed me llamó para comentarme el asunto. Después de estar un par de semanas tratando de convencerlo de que era muy precipitado y ver que seguía empeñado en hacer Lanzarote, le dije que sí, que le entrenaría y además, me ofrecí para ser su guía. El 14 de octubre, nos pusimos a entrenar, fue su primer día de entrenamiento, 7 meses para preparar Lanzarote.

Enhamed no es el primero que viene a pedirme que le ayude a preparar un Ironman en tan poco tiempo, pero considero que tanta precipitación va en contra de la propia esencia del triatlón y aunque respeto mucho a todos aquellos que se toman el acabar un Ironman como un reto, prefiero que la gente se tome su tiempo y así evitar que el primer Ironman no se convierta, a su vez, en el último.

Pero Enhamed llegaba con unos mimbres diferentes: 9 medallas paralímpicas, 4 de ellas de oro, 8 veces campeón del mundo y 3 europeo, 3 récords mundiales y 3 europeos … en fin, que no era un recién llegado al mundo del deporte y la competición.

La verdad es que con él no me lo pensé, le pregunté si de verdad estaba convencido y cuando vi que sí, nos pusimos a ello, sin más. Lo mejor de estas aventuras suele estar en las personas que conoces durante el viaje. Conoces amigos nuevos y te das cuenta de aquellos que lo son de verdad.

Desde que tomé la decisión de apoyar a Enhamed en su reto hablé con él para fijar unas condiciones: íbamos a tratar de implicar a mucha gente, teníamos que encontrar apoyo y patrocinadores para poder llevarlo a cabo, pero era condición indispensable que no hubiera dinero público en todo esto, pues con la situación que está viviendo el país, por muy seguros que estábamos que la hazaña de Enhamed podía inspirar a mucha gente, no dejaba de ser un proyecto privado y así queríamos que se mantuviese.

Y claro, ¿quién iba a ser el primero en sumarse a esta aventura? Pues el de siempre, nuestro director, Antonio del Pino. Se lo pensó aún menos que yo. En sus manos quedó toda la logística de material y con ello, yo ya sabía que teníamos salvada una de las partes más complejas, pues no teníamos ni tándem y Enhamed no tenía absolutamente nada de nada, de hecho, ni unas buenas zapatillas para correr.

Cadena de confianza recíproca: Enhamed confió en mí y yo en él, Antonio en mí y yo en él, los patrocinadores en nosotros y nosotros en que ellos no nos iban a fallar, los amigos en nosotros y nosotros en nuestros amigos, la gente a la que Enhamed inspira con sus hazañas confiaba en él y él confiaba en que la fuerza de la gente lo llevaría hasta la meta.

Preparamos un buen dossier del proyecto y lo hicimos circular. Y aquí apareció el subdirector general de Toshiba TEC Spain, Francisco Fariñas, apasionado del triatlón que se sumó al reto y nos ayudó con todos los gastos derivados de los viajes, transporte del tándem y alojamiento durante la competición y otros muchos pequeños gastos que a la postre sumaban mucho dinero.

Además de servir de imagen para la campaña interna de Toshiba, Enhamed y yo colaboramos  en la organización del Kick-Off de la empresa y les dimos unas charlas de motivación, algo que al fin y al cabo, es parte de nuestro trabajo diario pues los dos nos dedicamos a la formación, él más como speaker motivacional y coach y yo me dedico más a formar equipos de trabajo y a enseñar cómo pueden aplicarse al mundo de la empresa los sistemas que utilizamos en el alto rendimiento deportivo. En definitiva, un verdadero 'win-win' con Toshiba TEC.

ENTRENAMIENTO DE NATACIÓN

Enhamed es prácticamente tan independiente como un deportista con visión: puede entrenar solo la natación en piscina, hacer el gimnasio, rodillo, elíptica, cinta, etc. Y os puedo asegurar que sabe muy bien lo que es entrenar duro. Es por eso que me gusta tanto entrenar a triatletas que se han formado como nadadores.

Con 7 meses por delante los objetivos estaban claros: tocar el agua lo justo, bicicleta hasta reventar y carrera toda la que pudiera asimilar sin romperse. Como es normal, todo esto conlleva aparejado mucho trabajo de gimnasio para alejar las lesiones.

Empezamos nadando tres días a la semana, unos 10km semanales. Enhamed notó que no acababa de sentirse bien en el agua y me pidió aumentar el número de sesiones. En esos momentos todavía manejaba sus sensaciones de nadador. Fue muy divertido cuando tras el primer entrenamiento en aguas abiertas en Lanzarote me miró y dijo: ¿este es el ritmo al que vamos a nadar? Sí, Enhamed, es casi un 4000, no un 100! Le dije. Ah, Bueno! Pues entonces no me hace falta nadar tanto. Y empezamos a reír los dos.

Era un paso interesante, pues acabábamos de conseguir que se tranquilizara con el tema de la natación y eso nos dejaba más tiempo para todo lo demás y la cabeza más despejada pues ya no necesitaba sentirse como un nadador.

Como podéis suponer, su entrenamiento de natación no fue nada sofisticado: tiradas largas combinadas con trabajo de técnica, fuerza e intensidad. Variado y divertido pues nadar es lo que más le ha costado estos meses, hasta el punto que una vez pasado el Ironman me confesó que en las últimas semanas había nadado poco, que la cabeza ya no le daba más de sí y que cambió varias sesiones de agua por gimnasio y fortalecimiento.

ENTRENAMIENTO DE CICLISMO

ENTRENAMIENTO DE CICLISMO

Entrenar el ciclismo ya fue otro cantar. Lo primero que hicimos fue montarle una bicicleta en un rodillo. Bicicleta prestada por un compañero del club (gracias Santi) y uno de mis rodillos. Un ajuste básico de la posición y a darle duro. Kilómetros y kilómetros de rodillo fueron la base del trabajo. Adornados con un buen trabajo de técnica de pedaleo, intensidad y fuerza desde las primeras semanas. Es increíble la capacidad que tiene Enhamed para hacer horas de rodillo, pues llegó a hacer una sesión de casi 4h30´. De más de 3 horas hizo muchas.

Comprendió pronto que no valía para nada entrenar la carrera a pie si se bajaba muerto de la bicicleta. Desde el primer día aprendió a trabajar con cadencia alta como base. Hizo mucho trabajo de técnica y mucho entrenamiento de intensidad desde la sexta semana. Las sesiones tenían que tener mucho contenido para que se mantuviese atento y concentrado a la vez que entretenido.

Excepto un día a la semana que hacía un entrenamiento “ad libitum", es decir, todo lo que le diese la cabeza y sin ningún trabajo específico, algo indispensable para ir desarrollando la fortaleza mental necesaria para soportar luego un Ironman.

Pero no todo iba a ser trabajar en el rodillo. Necesitábamos empezar con el tándem pero éste se iba retrasando por diferentes motivos. Y no nos llegó hasta el día antes de irnos a nuestra primera concentración a Lanzarote. Yo había decidido meter una pequeña concentración en el mes de marzo en Lanzarote para que Enhamed pudiese valorar por sí mismo lo que era el recorrido ciclista del Ironman. Llega un punto que ya no puedes convencer con las palabras y la gente necesita experimentarlo.

Así que nos plantamos en el aeropuerto de Madrid, un 25 de marzo, el ciego, yo, el tándem que ya os podéis imaginar lo que abultaba y dos maletas, vamos, todo un espectáculo. Esta concentración nos la financiaban Toshiba y el Club La Santa. Y de esta guisa nos plantamos en el parking de La Santa para probar el tándem. Mi objetivo ese día era dedicarle un rato a aprender a montar y desmontar, chequear el equilibrio de Enhamed y ver si yo conseguía transmitirle suficiente confianza para que no se sintiera inseguro. Pero la verdad fue que, tras unos 5 minutos en el parking y tres o cuatro subidas y bajadas del tándem, nos vimos bien y decidí que podíamos salir a carretera, y cuando nos dimos cuenta ya habíamos subida a Timanfaya por el lado que se baja en el Ironman.

Primeros minutos de pedaleo. Los recuerdo como uno de los momentos más emocionantes de todos estos meses, no paraba de decir que vaya diferencia con el rodillo y que aquello era una maravilla. Llegó a emocionarme ver que se sentía de nuevo como ese niño de 8 años al que le gustaba tanto montar en bicicleta y que se vio obligado a tener que esperar más de 18 años para volver a experimentar esa sensación de libertad. Y lo mejor, la bajada de Timanfaya, poniendo el tándem ya ese primer día a más de 65km/h y sentir como disfrutaba Enhamed la sensación de velocidad.

Desde el primer día se comportó como un copiloto fantástico, dejándose llevar en cada curva y sin hacer nunca ni un solo movimiento extraño en las bajadas. Así que a los 45 kilómetros del primer día, le unimos los 105 kilómetros del segundo día con los dos miradores y vientos de más de 40 kilómetros por hora. 5 horas de bici, así del tirón. Menos mal que había venido con nosotros Ana López de San Román, una excelente triatleta y magnífica compañera de entrenamientos que hacía que los buenos momentos se multiplicasen y los malos ni se notasen.

Además, como también entreno a Ana y conozco bien su nivel, rodar con ella nos servía para comprobar el nivel real y las prestaciones que teníamos encima del tándem. Enhamed pudo sentir lo que era el asfalto, el viento y el desnivel acumulado. No fue necesario ya nunca más volver a hablar del tema. Quedó claro que todo el entrenamiento sobre la bicicleta que pudiese hacer iba a ser necesario.

Ese mismo día ya pusimos el tándem a 84km/h bajando del Mirador del Río. Recuerdo que Enhamed no paraba de decirme que olía a quemado, eran las pastillas de freno que no daban más de sí. Parar los más de 170 kilos a más de 80km/h no era tarea fácil ni aún con discos. Enhamed experimentó en Lanzarote, a finales de esta mini concentración, su primera vez “HP" como él lo definía (HP abreviatura de “hasta la p….").

 era precisamente uno de mis objetivos, que experimentase esa sensación de querer bajarse de la bici, de ya no poder más. Ese mismo día, cuando llevábamos unos 85 kilómetros tuve que parar el tándem y bajarme, pues mi espalda me estaba matando. Era tanta la fuerza que había que ejercer para controlar el tándem y para pedalear cuesta arriba que mis protusiones discales se revelaron y me lo hicieron pasar mal.

A la vuelta de Lanzarote, ya pudimos ir combinando rodillo y salidas con el tándem. Menos de las que nos hubiese  gustado pero suficientes para llegar bien a Lanzarote. Nos faltó tiempo para aprender a ponernos los dos de pie en las subidas, pero sí conseguimos aprender a ponernos de pie por separado, lo cual no hace falta que os explique lo muy necesario que es en una prueba de 180 km, 2550 metros de nivel acumulado y casi 8 horas de pedaleo.

El puente de mayo le dimos el último empujón al ciclismo. Y en nuestra salida más larga, que fue de 140 kilómetros, Enhamed volvió a experimentar esa sensación HP cuando estábamos subiendo Cruz Verde, un mítico puerto de Madrid. Pero se le curó todo con un buen pincho de tortilla y una coca-cola en el bar de arriba del puerto, en el que paran todos los moteros.

Me llamó la atención la cara de satisfacción y orgullo que ponía y que constrastaba mucho con la mala cara que tenía unas minutos antes mientras subíamos el puerto y cuando se lo comenté me dijo que era porque en su interior iba pensando que “sí, sí, buenas motos, pero yo he subido aquí con mi esfuerzo y tú necesitas tu motito". La verdad es que con Enhamed siempre hay momentos para el buen humor con sus razonamientos, y es que, como él dice, al no ver, se tiene que distraer pensando y a veces se le va un poco la cabeza.

ENTRENAMIENTO DE CICLISMO

CARRERA A PIE

La entrenamos básicamente en la cinta. Mucho trabajo específico de cuestas para fortalecer y sesiones muy variadas también. Complementando con elíptica al principio y en los momentos en los que estaba muy cargado. Pasó unas semanas con algo de periostitis y en las últimas, la fascia lata comenzó a quejarse. Todo típico de gente que comienza a correr en serio. Y todo solucionable con reajustes de carga, descansos y buenas sesiones de fisioterapia.

Entrenó toda la carrera que podía asimilar sin romperse. Si en el mes de diciembre podía correr 30´a 4´36" el kilómetro, las semanas previas a Lanzarote era ya capaz de hacer muchos miles a 4´km con poca recuperación. Se adaptó muy bien. La tirada más larga que hizo de carrera fue de 2 horas y 22 km precisamente en ese puente de Mayo en el que metimos tanta carga de bicicleta, y respondió muy bien. Y antes del medio ironman de Sevilla llegó a hacer algún mil rápido a 3´40". Yo estaba realmente contento por cómo lo veía corriendo, llegaba incluso mejor de lo que había previsto y eso que con él mis expectativas nunca fueron bajas.

Algunos jueves se venía a la pista a hacer el trabajo específico con los compañeros del club de triatlón y pasamos muy buenos momentos, era increíble ver cómo era capaz de hacer ejercicios de técnica que nunca había hecho, mejor que la mitad de los triatletas del club!

Una de las cosas que más me costó fue conseguir que no acelerara ni se picara con todos los que nos adelantaban, porque le salía su vena de velocista y nos pasábamos todo el rato a tirones y haciendo cambios de ritmo. Hacer de un pura sangre un caballo trotón tuvo su miga. En resumen, en su entrenamiento las claves fueron conseguir que aceptara que trabajar a bajas intensidades también es entrenamiento, que todo, por poco que sea siempre suma y que el cansancio y la fatiga iban a ser sus compañeros diarios y que sólo se iba a librar de ellos 5 días antes de competir en Sevilla y 10 días antes de competir en Lanzarote.