Un Ironman a ciegas: La experiencia del guía

Si terminar un Ironman es ya una hazaña en sí misma imagínate el reto que supone para un deportista sin visión.
Andreu Alfonso -
Un Ironman a ciegas: La experiencia del guía
Un Ironman a ciegas: La experiencia del guía

Hacer de guía para Enhamed en este Ironman ha sido la mejor parte de todo este reto. La satisfacción obtenida es impagable y difícil de describir aunque lo voy a intentar. Debido a mi experiencia previa en el deporte paralímpico como Director de Deportes del Comité Paralímpico Español, conocía bien el papel del guía, pero nunca había ejercido como tal.

Siempre he admirado mucho a guías y resto de personas que colaboran con los deportistas con discapacidad para que puedan llevar a cabo sus entrenamientos y por eso, a ellos quiero dedicarles este gran sueño conseguido. No puedo por más que deciros, que si tenéis la oportunidad, no la dejéis escapar y colaborad con ellos. Puede parecer que somos los guías los que hacemos el “favor” a los discapacitados visuales pero la verdad, es que yo he sido el que más ha ganado con todo esto.

Si preparar un Ironman ya tiene su propia problemática, hacerlo como guía tiene algunos “alicientes” añadidos. Aunque una gran parte de mi vida profesional sigue girando en torno al triatlón, entrenar y competir yo, no me dan de comer. Soy como tantos de vosotros, padre de familia y autónomo que tiene que gestionar su tiempo libre para compaginarlo con el entrenamiento.

A esto, había que añadir las sesiones de entrenamiento conjuntas con Enhamed. Con todo, lo único que me pesaba era que me he pasado muchos meses con el coche siempre lleno de pelos de perro pues nuestra querida Gayla nos ha acompañado a casi todos los entrenos (no entrenando con nosotros pero sí acompañando a Enhamed y para evitar dejarla sola en casa).

Enhamed y yo nadamos en paralelo atados con una goma muy resistente a nuestras rodillas, él situado a mi derecha. Cuando nos desviamos y tengo que corregir, él siente la tensión de la goma si me estoy desviando hacia la izquierda y siente que yo me echo encima de él si nos tenemos que desviar hacia la derecha. En entrenamiento, esto es muy sencillo. Bueno, excepto los primeros días cuando yo me echaba encima de él y recibía alguna “caricia” de ese brazo de camionero que tiene que a punto estuvo de dejarme sin sentido más de una vez.

Eso, y que al yo respirar por la derecha cuando vamos muy pegados, si me coincide que él está metiendo el brazo, la ola que genera me viene directo a la boca y los primeros días acaba cada entrenamiento con la tripa encharcada. Tuve que cambiar un poco mi técnica y empezar a nadar con más rolido de cabeza para evitarlo, pero eso fue todo. Aquí no importa la frecuencia de braceo que lleve cada uno. Y como comentaba, si bien en los entrenamientos no es problema, en competición si es un problema grave cuando nos separamos pues la gente, sin mala intención, tiende a meterse entre los dos y acaba agarrándose de la goma y tirando de ella, hasta el punto que tanto en Sevilla como Lanzarote nos lo hicieron pasar muy mal e incluso nos llegaron a sacar la goma de la rodilla y eso que yo la llevaba tan apretada que estaba a punto de gangrenarme el pie, e imaginad por un momento lo que puede suponer perder a Enhamed en medio de una multitud de esas que se forman en la salida o en una boya. Siempre estábamos de broma con este asunto y ya nos imaginábamos los titulares: “aparece triatleta en las costas de Fuerteventura. Parece ser que iba a competir en el Ironman de Lanzarote pero de lo ciego que iba se desvió un poco….” . Tiene un humor fantástico.

Lo más gracioso nos pasó a la salida de la natación en Sevilla, cuando una vez ya habíamos salido y teníamos que correr por la pasarela que nos llevaba a tierra, había que hacer un giro de noventa grados y Enhamed, que venía agarrado a mí por detrás, venía tan emocionado que me iba empujando como un loco y al hacer yo el giro, él venía tan fuerte que se pasó de frenada y se fue recto para acabar cayendo de nuevo al agua. Fue una situación cómica y allí estaba yo, sacando a Enhamed del agua mientras me daba un ataque de risa mientras oía gritar a una señora que estaba allí “lo ha empujado, lo ha empujado al pobre” y a otro espectador que le explicaba que no, que como lo iba a empujar si yo era su guía.

Dirigir el tándem. Exige un buen nivel de manejo de la bicicleta. Se frena y se negocian las curvas de forma diferente, con más anticipación y con trazadas diferentes. Pero tampoco es una exigencia que deba echar a nadie atrás si tiene la oportunidad de probar.

¿Qué diferencia al tándem de una bicicleta normal? Con el tándem se baja muy rápido, aunque es más exigente técnicamente como hemos comentado; se llanea bien, más rápido que yendo uno sólo y con el mismo esfuerzo pero los grandes problemas  vienen en las subidas, puesto que mientras que el peso de los dos sí se suma, no ocurre lo mismo con la fuerza.

Para que os podáis hacer una idea: en el media distancia de Sevilla, el segmento ciclista fue de 85 km y nosotros perdimos 16 minutos respecto a compañeros con los que yo suelo hacer aproximadamente el mismo tiempo en bici. Además el recorrido de Sevilla si bien no era plano del todo, no tenía demasiados metros de desnivel acumulado.

Os aseguro que yo me esforcé mucho, me bajé a correr más tostado de lo que suelo hacerlo en los medios IM. Habría
que aclarar también que el tándem todavía lo estábamos ajustando, la mecánica es mucho más compleja por la longitud de los cables y tuvimos que hacer todo el ciclismo sin quitar el plato, lo que también contribuyó a nuestro tueste de piernas.

En definitiva, fue una magnífi ca experiencia para calibrar bien el ritmo de competición de Lanzarote. Para que Enhamed se sintiera lo más cómodo posible, yo tuve que adaptarme a pedalear con más frecuencia de lo habitual para mí, pero no fue ningún problema tampoco.

Tras la experiencia de la semana entrenando en Lanzarote en la que sopló tanto viento, optamos por montar un desarrollo aún más cómodo que nos garantizase que pasase lo que pasase, no nos íbamos a quedar sin desarrollo. El trabajo del guía, además de conducir el tándem, es procurar ir dando información al copiloto de lo que está pasando: advertir cuando vienen curvas complicadas, rotondas en las que hay que dejar de pedalear, cuando viene una subida, cómo es de larga y qué porcentaje aproximado tiene, es decir, información para que el copiloto, además de distraerse vaya ajustando el esfuerzo.

Por si alguien no lo sabe, en el tándem el esfuerzo no se reparte al 50%, porque si bien los pedalieres están  sincronizados unidos por otra cadena (la que se ve en el lado izquierdo) uno puede hacer mucha fuerza pedaleando y elotro nada. Es un verdadero trabajo de equipo pues no es sólo un reparto por igual de la carga, sino que hay que estar ahí por si hace falta trabajar más que el compañero si este lo está pasando apurado.

Para que esto funcione, no puede haber dudas respecto al grado de implicación del compañero. Son cosas que no te puedes plantear, hay que confiar al 100% y estar seguro de que tu compañero está dándolo todo al igual que tú. En nuestro caso, la consigna era que Enhamed tenía que llegar fresco a la carrera.

Estaba muy fuerte en bici pero eso nos tenía que servir para poder correr bien la maratón no para ganarle media hora al ciclismo, pues al fin y al cabo, el tiempo en meta no era lo importante, queríamos llegar y llegar corriendo sin andar.

Hacer de guía en la carrera a pie tampoco tiene demasiado misterio. Hay un único aspecto que yo diría que es casi imprescindible: poder correr a la misma frecuencia lo que exige a su vez tener que adaptar la longitud de zancada. En mi caso, Enhamed es más alto que yo y además corre “largo” lo que supuso que tuve que readaptar mi zancada cuando corría con él con el consiguiente riesgo de, al tener que alargar la zancada por delante, empezar a talonar más de la cuenta, algo que tenía que estar constantemente vigilando para evitar lesionarme.

Corremos agarrando la típica cinta con la que nos colgamos al cuello las acreditaciones, él a mi izquierda. Al principio, hasta que conseguí ir más relajado, acaba cada sesión de entrenamiento con mi brazo, hombro y parte izquierda de la espalda contracturados aparte de recibir unos cuantos codazos en cada sesión que me hicieron estar los primeros dos meses con un hematoma perenne en el bíceps izquierdo.

Mientras voy guiando tengo que ir buscando el mejor paso para él, avisarle de escalones, agujeros, baches y cualquier cosa que pueda haber en el suelo o en el aire, como ramas, cables, etc. Al final, con ligerísimos toques de cinta y ligeros empujones con el codo conseguíamos ir por donde queríamos con poco esfuerzo. Para que se nos hiciese más  pasajero todo, yo iba cantándole a Enhamed los lugares por los que pasábamos, los personajes con los que nos cruzábamos y especialmente, todas las chicas runners con las que nos íbamos cruzando o adelantando.

Cuando corríamos en el parque del Canal en Madrid, era divertido ver como Enhamed, cuando aún estábamos 30 metros por detrás de alguien al que ya habíamos adelantado anteriormente, era capaz de olerlo y siempre acertaba: “vamos a adelantar ahora a la rubia de las mallas negras”… y yo alucinaba claro.

Hemos corrido mucho en la pista haciendo series y por algún que otro sitio más o menos complicado. Entrenando, nuestra tirada más larga fue de 22 kilómetros, bajando desde nuestro gimnasio que está en Pozuelo hasta el lago de la Casa de Campo y regresar. Y ese día fue el único que tuvimos un pequeño accidente pues veníamos pegados al camino de tierra y en un pequeño gesto que tuvimos que hacer para evitar una bicicleta que venía de frente y no se percató, Enhamed pisó en la parte de la tierra y cayó. Pero cayó rodando con una habilidad extraordinaria, como un judoka de alto nivel, lo que me volvió a demostrar que yo todavía no era consciente al 100% de todo lo que es capaz de hacer un ciego bien adaptado y que como él, ha trabajado a lo bestia desde los 8 años y no ha tenido nunca miedo de nada.

En definitiva, como guía, al esfuerzo propio de tener que ir a la misma velocidad que la persona a la que guías, la fatiga extra viene dada por la necesidad de ir superconcentrado en cada momento y que no hay ni un solo momento para  tomarse un respiro mental y evadirse como solemos hacer habitualmente en los entrenamientos e incluso en las competiciones. Al final, ese extra de concentración, se deja notar.

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