Chema Martinez: Preparando un Triatlón

Gracias a todos los que habéis conseguido que este viaje haya sido tan especial, sois muchos y os quiero a todos

Chema Martínez

Chema Martínez: Preparando un Triatlón
Chema Martínez: Preparando un Triatlón

UN VIAJE A LO DESCONOCIDO:

No ha pasado tanto tiempo, en realidad sólo han sido unos cuantos meses,  pero extrañamente siempre me parece que fue ayer mismo cuando me plantearon  la posibilidad de afrontar un nuevo reto: ¡disputar un triatlón! Supongo que cuando uno lo ha pasado tan bien y ha obtenido tantas emociones, siempre queda esa sensación de cercanía. Como siempre, duro de salida, empezaríamos en el tri con un media distancia. Esperaba que todos estos años de entrenamiento en alta competición me dieran alguna ventaja… aunque cuando me planteé la idea en serio y empecé a visualizarme frente a 1.900 metros nadando, pedaleando 90 kms en bici y, para finalizar, corriendo media maratón, no voy a negar que aunque soy un deportista seguro y realista con mis capacidades, no hice otra cosa que alucinar imaginando lo que iba a ser, y sobre todo pensé que sería precipitado, ya que apenas tenía 7 semanas para prepararlo de manera específica. Hablé con la organización para bajar la distancia en bici y aumentar la carrera, pero no me hicieron caso... jajaja. Bromas aparte, confieso que desde el primer momento en el que me lo plantearon ya no hubo posibilidad de marcha atrás, y no tanto por el compromiso deportivo, que para mí siempre es inquebrantable, me refiero a que ya era tarde, estaba picado con el reto, me había “metido un poco de cague” y eso para mi es veneno en el cuerpo.

Toda mi preparación previa al periodo “tri” estuvo enfocada a mi objetivo en China, donde competí en el desierto del Gobi. Eso significaba que había corrido una barbaridad para prepararlo y ya no cuento en la propia carrera, donde las condiciones eran límite. Con estas condiciones de salida en mi preparación y el escaso tiempo que tenía hasta la disputa del Half (un total de siete semanas incluida la previa a la prueba en la que ya sólo se recuperan fuerzas pero no se mejora), tenía que ponerme las pilas para intentar llegar en la mejor forma posible.

Me va la marcha. Nuevos retos, nuevas aventuras, diferentes desafíos.. el caso es sentirme vivo; estos retos me aportan nuevas experiencias que me hacen ser feliz. Era difícil y cuanto más lo pensaba, más prisas me entraban por empezar a entrenar y aprender. Miles de preguntas se me venían a la cabeza y de cada una de ellas, surgían otra decena de preguntas más. Lo sé, no tengo remedio, no sé hasta dónde llegaré y no sé cuándo pararé; me encanta y no concibo mi vida sin un reto en el horizonte, soy así…

Tenía claro, o eso creía, los muchos obstáculos que tendría que superar para poder llegar a Riaza en buena forma. Si quería llegar bien, tenía que empezar a entrenar ya.

SWIM:

A mi vuelta de China empecé con el agua, un entrenamiento en teoría suave, pero  que se me hizo tremendamente duro. Nadar 1.000 metros, una distancia que corriendo siempre he hecho con soltura por debajo de los 3 minutos, para mí ya fue una gran victoria en la que tuve que emplear un buena parte de la tarde.

Salí de la piscina bien hidratado, eso sí, porque tragué agua a litros, pero nada que  se pudiera comparar al dolor que me dejó en los lumbares, los isquisos… Esto no es lo que me habían vendido otros triatletas; se suponía que el agua iba a ayudarme a soltar la musculatura y eso que sólo fue un poco de nado con trabajo de técnica.

Ironías, llevo trabajando una vida entera en reducir al máximo mi índice de grasa y ahora mi gran cualidad, producto del esfuerzo, se vuelve en mi contra para esto del triatlón. Y tampoco deslizaba bien, prácticamente me peleaba con el agua. En definitiva, todo defectos y poca virtudes. Había mucho por hacer.

El agua se me ha hecho bastante dura, sobre todo en los inicios, en los que por suerte he tenido ayuda que me ha valido sobre todo para saber cuáles son los buenos hábitos a la hora de encontrar el camino hacia la mejora.  Mi amigo Jesús Molina me ha echado una buena mano y no ha sido al cuello; él ha conseguido que se obrara el milagro y que mi mejora fuera visible en muy poco tiempo. Ir a rueda en bici es un gustazo, corriendo siempre se agradece ese compañero que sabe marcarte ritmos perfectos, pero en el agua, si encuentras a una persona que sepa explicarte bien los conceptos y que sepa estructurarte correctamente un entrenamiento acorde a tus capacidades, a él sientes debérselo todo cuando nadas.

El plan ha consistido en 6 semanas de entreno con 4-5 sesiones de agua semanales,  empezando por 1.500 metros y aumentando el volumen de las sesiones hasta 2.600 m. Las primeras dos semanas nos centramos en realizar mucho trabajo de técnica, mejorando lo máximo posible la fase subacuática, la flotabilidad y la posición de las piernas. Ahora todos estos términos tienen total sentido para mí, cosa que al principio me sonaba menos inteligibles que el chino que hablaban en el desierto de Gobi. Supongo que eso es bueno, no sé por qué, pero me da buen rollo sentirme integrado en el mundillo de los triatletas.

Según fueron pasando las semanas fuimos dando mayor importancia al trabajo de series fragmentando los 1.900 m del segmento de natación en bloques de series de entre 400 y 100m. En las últimas dos semanas realizamos trabajo de aguas abiertas con tres sesiones en pantano simulando las condiciones de un triatlón: con golpes (¡abusones, os pasasteis tres pueblos conmigo!), gente nadando cerca, orientación…etc. Tengo que decir que me dieron mucha caña, lo de nadar cerca y hacerme perrerías se lo tomaban al pie de la letra; además he probado las aguas del pantano de Palmaces, el de Riaza, Encinas de Boadilla y el Tiemblo. Podría acertar a la primera de dónde es cada una en una cata a ciega de esas aguas.

BIKE:

El entrenamiento en bici ha sido algo parecido. Partía de cero, con lo que tenía mucho por hacer, aunque aquí, sin desmerecer el trabajo de mis amigos, contaba con algunos de los mejores profesionales del mundo en biomecánica y la mejor marca de bicicletas. Desde Specialized se pusieron todos a mi disposición (me sentí un poco abrumado), mostrando la misma ilusión que yo y trabajando a tope para que pudiera llegar lo mejor adaptado. Carlos Arrébola ha conseguido algo que era impensable para mí: que me sintiera cómodo pedaleando sobre una bici. Ser runner pro durante tantos años tiene un precio: no tengo apenas flexibilidad por el acortamiento de mis isquios, algo que a priori está directamente peleado con cualquier cosa que suene a una posición aerodinámica. Mis primeras salidas fueron algo nuevo y motivante para mí; me lo pasaba como un crío, disfruté muchísimo. Nunca pensé que salir en una grupeta de carretera fuera tan divertido, y por supuesto tampoco pensaba que me pudiera entusiasmar este mundo. Las primeras salidas fueron con amigos que me llevaban arropadito en todo momento. Eso sí, mi manera de moverme con la bicicleta dejaba mucho que desear, ya que me movía mucho, no era capaz de ir recto, y las curvas me daban miedo. Empezaba de cero y quedaba mucho por hacer. Las primeras salidas estaban en torno a los 50 km, a unas medias de algo más de 30 km/hora. Poco a poco, pero sin dormirnos que nos pillaban los 90 de Riaza, iba aumentando la distancia. Cada vez algo más, aunque la salida más larga fue de 94 km, no he tenido tiempo de mucho más. En total hice para Riaza más de 600 km y mi progresión fue bastante más notable que en la natación. En la bici cada día era un pasito más y una nueva mejora; estaba evolucionando constantemente, tanto que empezaban mis primeras dudas de cara a Riaza. ¿Utilizo la S-Works Shiv o utilizo la Venge con acoples?. Con la Shiv prácticamente no había que hacer nada, los cambios electrónicos Di2 de Shimano funcionan a la perfección, pero el problema es que esa posición no era la mía, al menos de momento. Por ese motivo opté por el mejor plan para mí: iba a salir con la Venge de ruta, a la cual añadimos unos cuernos para intentar ir más acoplado. Intenté ir acoplado, pero mi problema venía por mi inestabilidad, ya que esa posición hacía que la bicicleta se me moviera mucho, y no tenía casi control sobre el manillar. Finalmente decidí quitar los acoples y salir con una bicicleta de carretera convencional… bueno, eso si a una Specialized Venge se le puede llamar “convencional", porque a mí me tiene loco. Tenemos un gran idilio, fue amor a primera vista, pero los detalles íntimos quedan entre mi Venge y yo. También me instalaron en la bici un cuentakilómetros con medidor de cadencia, ya que tenía que acostumbrarme a llevar cadencias altas. Empecé a entrenar en torno a 90-100, cosa que me hizo progresar mucho. Dejé de ir tan atrancado y me sentía mucho más cómodo, con lo que luego podía correr fresco desde los primeros kilómetros.

RUN:

Aquí pocas novedades tenía que introducir. Por supuesto que no he descuidado en estas seis semanas la carrera. En mi caso es clave, ya que si me siento bien corriendo me siento preparado en las otras disciplinas, así que he tenido que hacer muchas sesiones, 13-14 de carrera a la semana, 5 sesiones de agua y al menos 2-3 de bicicleta, que también me hacía falta mucha mejora. No es que quiera dármelas de nada, pero sinceramente no creo que mis referencias en la carrera a pie dentro de un triatlón aporten nada útil a nadie.

 

En la próxima entrega os contaré mi experiencia corriendo mi primer Triatlón en Riaza, hasta entonces ¡Cuidaos Mucho!