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¿Cuándo cambio mis zapatillas?

Por mucho cariño que les tengas llega un momento en el que tienes que jubilar a tus zapatillas. Te contamos cómo saber que les ha llegado su hora.

Cristina Azanza

¿Cuándo cambio mis zapatillas?
¿Cuándo cambio mis zapatillas?

En muchas ocasiones nos surge la duda acerca de la vida útil de nuestras zapatillas de running y sobre el momento en que es conveniente descartarlas para nuestros entrenamientos. En algunos casos nos adelantamos en este cambio y en otros las apuramos tanto que el desgaste de las mismas pueden provocarnos lesiones. Veamos a continuación las claves para valorar su desgaste y cuando es buen momento para jubilarlas.

No hay una regla exacta o algoritmo matemático para saber, con exactitud, cuando es necesario cambiar de zapatillas, pero sí que existen una serie de factores indicativos que nos aproximarán a realizar una valoración, lo más realista posible, de cuando debemos sustituir nuestras zapatillas de correr. Veamos estos factores:

DISTANCIA: Uno de los factores que más influye en el desgaste del calzado es la distancia en kilómetros que realizamos corriendo. Al correr la fricción con el suelo es mayor, y cuanto mayor es la velocidad de carrera mayor es el desgaste. Generalmente se habla de una vida útil de la zapatilla de entre 700-800 km (es lo que suelen recomendar, por lo general, las marcas comerciales). Las zapatillas minimalistas y de competición, dado que tienen menos material en la mediasuela, suelen ser menos duraderas y tendrán una vida útil de entre 300 y 500 kilómetros, aproximadamente. Pero esta realidad es bastante subjetiva, porque además de los kilómetros recorridos hay otros factores a tener en cuenta para jubilar nuestras zapatillas.

TERRENO: Cuanto más abrasivo sea el terreno sobre el que corremos, mayor desgaste tendrá la zapatilla. El asfalto es el terreno que más favorece este desgaste y el tartán de las pistas de atletismo el que menos, ya que el tartán mejora la caída y el impulso provocando en cada pisada un poco de amortiguación.

TIPO DE PISADA: Cuanto más perfecta sea nuestra zancada más correcta será nuestra pisada, y con ello menos rozamiento se provocará en el momento de impactar el pie con el suelo. Además, mantener una cadencia adecuada favorece que el pie no esté tanto tiempo en contacto con el suelo evitando así, en cierta medida, el mayor desgaste de las zapatillas.

PESO CORPORAL: No es lo mismo un corredor ligero, de 60 kg, que una persona cercana a los 90 kg. Estos últimos desgastan antes de las zapatillas, además de favorecer la pérdida de amortiguación por el vencimiento de la suela.

Una vez repasados algunos de los factores que pueden favorecer el desgaste de las zapatillas, pasemos a ver de forma específica las señales que nos indican que debemos cambiarlas sin mucha demora:

PEGAMENTO FIRME: Las zapatillas están compuestas por tres partes diferenciadas: la suela, que contacta directamente con el suelo, la mediasuela, que es la parte más gruesa de la zapatilla y donde se encuentran los diferentes sistemas de amortiguación de la misma, y la parte superior, donde alojamos el pie. Estas tres partes deben tener una unión fi rme; por eso, debes revisar la zapatilla para asegurarte que todas sus partes están bien pegadas. Si alguna parte de la suela se está desmontando, desde la parte superior, es el momento de cambiar de zapatillas.

DESGASTE DE LA SUELA: La suela es la parte que toma contacto con el suelo y con el paso de los kilómetros deja de tener el agarre óptimo. La zona del antepié es la que se desgasta en mayor medida, al ser la zona de impulso del pie; esta zona está sometida a mucha abrasión y desgaste de los materiales, sobre todo si corremos por asfalto. Si observamos que el color de los tacos de la suela ha desparecido, significa que está desgastada en exceso. Además, analizando como desgastamos la suela podemos descubrir como estamos pisando y evaluar medidas para corregir nuestra pisada.

PÉRDIDA DE DENSIDAD DE LA MEDIASUELA: La mediasuela es la capa de la zapatilla situada por encima de la suela, y sea del material que sea (EVA, Poliuretano, etc.) empieza a sufrir un desgaste a medida que se va usando. Es decir, pierde densidad y la capa se hace aún más fina, perdiendo las propiedades de amortiguación que favorecen la absorción del impacto con el suelo. Las consecuencias de este desgaste se traducen a menudo en forma de molestias articulares y musculares, y en algunos casos lesiones. Este desgaste no sólo afecta a la mediasuela, sino también a aquellas piezas "adyacentes" que suelen añadir los fabricantes a las zapatillas para mejorar la amortiguación, controlar la pronación, etc.

SIMETRÍA VERTICAL: Para evaluar la simetría vertical se recomienda colocar las zapatillas sobre una superficie firme, una mesa por ejemplo, y al nivel de nuestros ojos. Las zapatillas deben tener un apoyo neutro, es decir estar centradas totalmente con respecto al plano del suelo. A medida que vamos corriendo con ellas, éstas se adaptan a nuestra forma y postura del pie y se deforman. Así, podremos observar si está inclinada hacía dentro (hiperpronación) o hacia fuera (supinación). Si esta deformación es excesiva seguir llevándolas puede ser perjudicial y acarrear molestias y lesiones.

ESTABILIDAD: Con la zapatilla apoyada sobre una mesa, la tomamos por los lados y aplicamos una fuerza descendente medial y lateral, inclinándola hacia los lados, sin que ésta pierda contacto con la superficie plana. Si las zapatillas oscilan en exceso, es difícil que puedan estabilizar el pie y será necesario cambiarlas.

¿Qué hago con las zapatillas “viejas”?

Seguramente muchas de las zapatillas que vayáis a sustituir, después de haber analizado si están realmente desgastadas, exteriormente estén en buen estado y os dará pena tirarlas a la basura. Por ello, te recomendamos que las reutilices para otras actividades, como puede
ser el gimnasio, labores de jardinería, traslados cortos caminando... De esta forma cumplirán con creces su vida útil.

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