“Me retiré, volví a casa, estuve temblando tres horas en la cama y me oriné"

Sam Laidlow hace balance de su abandono en el IRONMAN de Lanzarote cuando lideraba la prueba.

Sam Laidlow hace balance de su abandono en el IRONMAN de Lanzarote cuando lideraba la prueba.
Sam Laidlow hace balance de su abandono en el IRONMAN de Lanzarote cuando lideraba la prueba.

Sam Laidlow se presentaba el pasado sábado en el IRONMAN de Lanzarote como indiscutible favorito al triunfo.

El triatleta francés, de 24 años, 5º del ranking de la PTO (Organización de Triatletas Profesionales) y plata en el Mundial de Kona del pasado mes de octubre sólo superado en la parte final del maratón por el noruego y a la postre ganador Gustav Iden, salió primero del agua en Lanzarote y comandó igualmente el sector de bici hasta que fue adelantado por otro de los grandes candidatos a la victoria, el australiano Cameron Wurf, ciclista del INEOS, 5º en Hawaii en 2019 y 11º en 2022.

Wurf comenzó la carrera a pie con más de cuatro minutos de renta sobre Laidlow, que retomó la primera posición al paso por el medio maratón. Sin embargo, poco después decidió retirarse. 

En el último vídeo que ha publicado en su canal de Youtube, Laidlow ha explicado las razones de este doloroso DNF. 

'EL TORO' TENÍA RAZÓN

“Ya ha pasado un día desde mi DNF en Lanzarote y sigo estando fastidiado. Creo que Kristian Blummenfelt dijo que duele más perder y definitivamente es cierto. Cuando se trata de un IRONMAN, hay tantos parámetros, es un día tan largo y tantas cosas cuentan. Por eso estoy enamorado de esta prueba, porque nunca sabes lo que te espera. Puedes ser el triatleta más en forma y que te pase algo terrible, y eso es lo que me pasó a mí”, relata el galo, ganador del Challenge Gran Canaria hace un mes.

"Me dieron ganas de pararme un millón de veces"

“Soy estúpido, porque en lugar de bajar un poco el ritmo en bici para correr un buen maratón, seguí apretando. No sé si fue en parte un error de ritmo o en parte porque pensé que en un día de los buenos podría haber mantenido esos números de potencia. Cam [Cameron Wurf] me adelantó como si no le costara. Estoy orgulloso de mí mismo por continuar e incluso terminar la bicicleta, porque me dieron ganas de pararme un millón de veces y fue una verdadera batalla mental seguir.

En la transición estaba muy mal, tenía calambres, pero traté de que no se me notara. Por supuesto, lo último que me apetecía era correr un maratón. En las carreras, siempre tienes estas batallas mentales, en las que solo quieres ir un poco más lejos o hacer un poco más, así que pensé en intentar correr al menos un kilómetro", confiesa Laidlow.

"Un infierno"

"Cuando adelanté a Wurf, iba pensando en el infierno que estaba pasando: Si puedo superar este momento y ganar, será la victoria mental más grande de mi vida. Sin embargo, aunque ya iba líder, mis sensaciones eran nefastas. Iba muy mal, corriendo vacío y estoy realmente sorprendido de haber logrado correr 22 km al ritmo que quería”, añade.

"Llegué a pensar si debía seguir haciendo triatlón o cambiarme al billar”

"Cuando me retiré, volví a casa, estuve temblando durante tres horas en la cama y me oriné. Me pregunté si debía seguir con triatlón o cambiarme a los dardos o el billar. Después de terminar un IRONMAN, no sabes lo que quiere tu cuerpo. Creo que muchos grupos de edad pueden identificarse con esa sensación, simplemente estás fatal”, confiesa el triatleta francés.

“Descubrimos hace dos o tres años que tengo un intestino frágil, como el síndrome del intestino permeable, que puede ser causado por el estrés del entrenamiento o por el agotamiento por calor. Logramos superarlo el año pasado, lo que explica mis grandes carreras, como Kona, pero mi estómago es mi talón de Aquiles y lo vimos en la Copa Collins.

Si mi estómago no está bien, no puedo rendir. Y ese fue el problema en Lanzarote. Por tanto, debemos ser más conscientes de ello", concluye Laidlow, que volverá a competir en el Challenge de Roth.