Judith Corachán: "El Embrunman da miedo, miedo a tanto dolor, a tanto sufrimiento"

Si tienes 10 minutos, no te pierdas la espectacular crónica de Judith Corachán de su victoria en el Embrunman.

judithcorachan.com

Judith Corachán: "El Embrunman da miedo, miedo a tanto dolor, a tanto sufrimiento"
Judith Corachán: "El Embrunman da miedo, miedo a tanto dolor, a tanto sufrimiento"

Judith Corachán y el Embrunman... El Embrunman y Judith Corachán... A estas alturas, ya podemos decir que entre la triatleta catalana y la mítica carrera se ha establecido un vínculo especial, una relación de amor que también contempla momentos de odio...

La temporada pasada Judith se convirtió por primera vez en finisher de una prueba full precisamente en el Embrunman. Acabó 3ª. Y hace una semana conquistó la 36ª edición del que muchos consideran el triatlón de distancia Ironman más duro del planeta.

La crónica que ha redactado la propia Judith en su página web sobre este histórico triunfo no tiene desperdicio. Aquí recogemos algunas reflexiones sobre las que merece la pena detenerse...

Para empezar, habla sobre la preparación y mentalización que se necesita para afrontar por segunda vez un desafío de semejante exigencia. "Ha sido muy muy duro llegar hasta aquí. Realmente, tengo que reconocer que me he arrepentido en varias ocasiones y que me alegro de no haber tirado la toalla. Pero no os puedo negar que estuve a punto en varios momentos. No es fácil contar esto, no sé si os sorprenderá más o menos, pero para mí fue difícil vivirlo y gestionarlo. No os quiero aburrir con mis bajos momentos. Sin embargo, solo os diré que esta prueba es tan y tan exigente que realmente te lleva al límite de lo físico y lo mental. Te pone a prueba constantemente haciéndote dudar de si realmente vas a ser capaz de conseguirlo. Te impone mucho respeto y, por qué no decirlo, da miedo, miedo a tanto dolor, a tanto sufrimiento. Miedo a un desgaste inhumano que puede vencerte, a ti y a tu cabeza, y eso puede ser destructivo. Eso puede dejarte fuera de juego y las consecuencias pueden ser muy graves. Así lo sentía. Qué horrible sensación. Quizá porque cuando ya lo has hecho, ya sabes a todo lo que te enfrentas. Así que, en este caso, prefería el miedo a la desconocido que la pavorosa percepción de saber que iba a sufrir otra vez, durante más de once horas", explica Judith.

Y llegó el 15 de agosto... "Son las 5:45 de la mañana y ya estoy preparada para empezar esta aventura. Aquí ya no hay vuelta atrás. Ni quiero que la haya. Estoy a oscuras, enfrente de un lago que no veo, ni siquiera dónde empieza el agua, pero tengo ganas de meterme a nadar en él. Levanto la mirada y veo la luna llena que nos alumbra mientras se esconde en unas finas nubes y con esa estampa me dan ganas de llorar de emoción: ¿En serio te querías perder esto? No tienes perdón. Son de esos momentos que vives en la vida donde se mezcla la adrenalina, con la emoción, con el miedo… como cuando uno hace alguna locura como tirarse en paracaídas, bajar por una montaña rusa… Sientes algo de miedo, pero hay otras muchas emociones inexplicables que te gustan, que te hacen reír, gritar… Pues la salida del Embrunman es así. Sin más. Y para mí, solo por ese momento, este triatlón vale la pena", describe.

Judith dominó la natación de principio a fin. Completó el segmento de ciclismo en la 2ª plaza, dejando hacer a la belga Tine Deckers y guardando fuerzas para el maratón, donde, a falta de poco más de 10 kilómetros, se puso en cabeza y enfiló en solitario el camino hacia la victoria, que se adjudicó en 10h54'07". Muchas horas de sufrimiento... y de lucha mental...

"Los 40 kilómetros finales de bici fueron de infierno. Solo quería llorar, solo quería acabar y empezaba a plantearme el no correr. No podía. No quería. O ninguna de las dos cosas. Yo solo discutía con mi cabeza: ¿Y ahora tienes que correr una maratón? ¡Si no puedes con tu alma! ¡Venga, Judith, lucha, hazlo por tu familia y amigos que están dejándose la piel por ti! ¡A la mierda mis amigos!, me contestaba yo misma. Seguro que ellos me entenderían. ¡Ánimo, Judith, hay mucho dinero en juego! Yo no corro por dinero, ¿te enteras? Venga demuéstrate a ti misma de qué eres capaz. Hazlo por ti, solo por ti", relata Judith, que también pasó momentos muy malos durante la carrera a pie, pero que consiguió superar gracias al apoyo incondicional de su gente.

"Última vuelta, Judith, puedes hacerlo. Podía, pero no sola. Así que al pasar por delante de Javi le grito como puedo: ¡Ayudadme, ayudadme! Dios, se me caen las lágrimas solo de recordarlo. Javi se quedó planchado. Pasó de la euforia máxima al verme primera a la preocupación absoluta por mi mensaje desesperado... Horroroso. Durísimo. Creía que no me movía. Sentía que no avanzaba. Miré más mi reloj en los últimos 5 kilómetros que en toda la maratón. Los metros no pasaban... Agonizo los últimos kilómetros. Sé que puedo permitirme andar y que ya no se me escapa. Pero no quiero andar, ni correr, quiero volar. Quiero disfrutar de lo que estoy consiguiendo... Y esa meta por fin llegó. Esa que nunca creí alcanzar. Esa que quise odiar en tantas ocasiones y ahora la quiero más que nada en el mundo. Ha sido mi meta más especial, más compartida, más querida, más sufrida, más luchada y más bonita que he tenido nunca. Este triatlón ha sido mágico, ha sido especial, único, y sin duda ha marcado un antes y un después en mi carrera deportiva", describe Judith, que no pierde la ocasión para criticar el reglamento de la prueba por el trato desigual que dispensa a hombres y mujeres en lo que respecta a los premios económicos.

"De la diferencia de premios entre hombres y mujeres mejor ni hablo. Me indigna este tema. Me entristece mucho. Hicimos lo mismo que ellos, el mismo recorrido, el mismo esfuerzo, el mismo sacrificio... pero parece que no es suficiente para que la recompensa sea la misma. Igualdad. Solo queremos eso, ni más ni menos", concluye la campeona del Embrunman 2019, que el próximo 7 de septiembre volverá a la carga en el Mundial Ironman 70.3 de Niza.