El 'Ironman' septuagenario que colecciona azucarillos

Nadar durante casi cuatro kilómetros, recorrer otros 180 en bicicleta y correr una maratón (42,2 km) con 70 años no es suficiente proeza para Víctor Barón.

EFE (Sergio Marín Lafuente)

El 'Ironman' septuagenario que colecciona azucarillos.
El 'Ironman' septuagenario que colecciona azucarillos.

Nadar durante casi cuatro kilómetros, recorrer otros 180 en bicicleta y correr una maratón (42,2 km) con 70 años no es suficiente proeza para Víctor Barón, un hombre que va a por todas también en su otra afición: coleccionar azucarillos.

Barón recibe a Efe en su piso de la localidad zaragozana de La Puebla de Alfindén, una casa acondicionada a un deportista comprometido con el entrenamiento aunque, matiza, es "de los que menos tiempo dedica".

Las mancuernas descansan sobre el suelo del salón, donde, además de una televisión y un par de sofás, un banco de musculación sirve de asiento a las visitas y una bicicleta estática pegada a una mesa alta deja entrever que el triatleta le da a las piernas al mismo tiempo que escribe en su ordenador.

Cruzando el pasillo y sorteando una barra para hacer dominadas se llega al verdadero cuarto de los trofeos.

"Nunca gano nada", comenta Barón, a pesar de que las estanterías de la estancia están llenas de copas, medallas y otros premios, tanto deportivos como personales.

Entre esas pertenencias hay más de 100.000 azucarillos, según calcula, clasificados en álbumes específicamente diseñados para ello.

Deportes, mundiales de fútbol, gentilicios, provincias, líneas áreas y hasta jamones son algunas de las categorías en las que Barón ha dividido su particular colección.

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Mientras muestra orgulloso su repertorio, Barón admite que hay a quien le puede parecer una "pijada", pero para él no lo es: "Es la historia de bares que han desaparecido ya, la mayoría", apunta.

Entre ellos, el Café Ambos Mundos, un local zaragozano fundado en 1882 y cerrado en 1956 al que pertenece el azucarillo más antiguo de su colección, y del que guarda varios ejemplares, algunos todavía con el azúcar en su interior, protegidos de la luz.

Calcula que puede tener 70 u 80 años, pero no conoce la data exacta de este objeto, que consiguió en un anticuario a cambio de unos libros sobre Aragón.

Barón admite que siempre ha sido un aficionado a las colecciones, desde periódicos antiguos hasta sellos, pasando por monedas, pero la obsesión por los sobres de azúcar comenzó hace unos once años, en la zona de la Manga del Mar Menor (Murcia).

Allí, relata, encontró unos azucarillos que le llamaron la atención y, al rato, "ya estaba buscando por el suelo, en todos los bares".

Precisamente lo que descansa en las baldosas puede servir de pista sobre si ese establecimiento tiene ejemplares de interés y, entonces, entrar y pedir un café "con dos de azúcar", bromea.

En Aragón, Barón es el único gran coleccionista de azucarillos, subraya, pero en otros lugares de España, especialmente en Cataluña, "lo viven" y organizan encuentros, donde él, con su aspecto deportista y activo, "no pega nada", aunque ha acudido a alguna de esas reuniones y ha llegado a estar cuatro horas "sin levantar la cabeza" revisando sobres.

"La baronesa Thyssen se lo pasa en grande con los cuadros y yo con los azucarillos", bromea Barón.

Un deportista "soñador"

Su otra pasión, el triatlón, le ha llevado a recorrer gran parte de España y del extranjero.

Barón puede presumir de llevar 55 años practicando deporte, 35 de ellos triatlón, lo que le lleva a ser uno de los más antiguos fieles de esta disciplina en Aragón, junto a Ángel Santamaría, que ahora siguen miles de personas.

El secreto para seguir entrenando está en su personalidad de "soñador", aunque en su categoría, asegura, es "fácil" ganar las carreras porque compiten "cuatro gatos".

A pesar de haber sufrido problemas en un menisco, él sigue subiéndose a la bici y arriesgando, "pero con 70 años no se tira cualquiera", agrega.

La prueba que más le motiva es el Ironman (3,8 km a nado, 180 km en bicicleta y 42,2 km corriendo), porque le da un margen de tranquilidad mayor al de las carreras más cortas y le junta con personas de todo el mundo y de toda "condición humana", pero no solo por eso.

"Es la leyenda que lo envuelve", concluye. 

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