Ganas de piscina... pero con nuevas condiciones

Se sabe, al menos, que "es muy poco probable" que el agua tratada de las piletas de baño favorezca el contagio de la COVID-19.

EFE (Natalia Arriaga)

Ganas de piscina... pero con nuevas condiciones.
Ganas de piscina... pero con nuevas condiciones.

Nadar. Desde el feto que flota protegido por el líquido amniótico hasta el jubilado que avanza, brazada a brazada, pegado a la pared de la piscina municipal, el ser humano está hecho para nadar. La flotabilidad natural de su cuerpo, el reflejo de inmersión.... todo favorece que la natación sea una de las principales actividades recreativas de la población mundial y, como deporte, uno de los más antiguos. Según los médicos, el más completo.

Solo el 37 % de esa población mundial capaz de flotar vive en comunidades de costa. Son casi 5.000 millones las personas, por tanto, que no tienen acceso habitual al mar. Por eso se inventaron las piscinas.

Fue hace muchos siglos, tres antes de Cristo, en el Valle del Indo. Griegos y romanos las utilizaron luego para competir y divertirse. 'Piscina' viene de 'piscis', pez en latín. También las primeras pilas bautismales de los cristianos se llamaban así.

Como tantos otros deportes, la natación en piscina la popularizaron y profesionalizaron los ingleses en el siglo XIX. Allí surgieron los primeros clubes. Los Juegos Olímpicos de Atenas 1896 incluyeron la natación en su programa, pero las pruebas se disputaron en una piscina únicamente a partir de Amberes 1920.

Un siglo después, la humanidad confinada por el coronavirus, en particular ese 90 % que vive en el hemisferio norte y entra ahora en la estación cálida del verano, tiene ganas de piscina. Pero debe prepararse para unas nuevas condiciones.

Los bañistas deberán zambullirse por turnos, nadar con 2 metros de separación del resto, entrar por una escalerilla y salir por otra... demasiadas normas para una actividad relacionada con el relajo y la diversión.

Se sabe, al menos, que "es muy poco probable" que el agua tratada de las piletas de baño favorezca el contagio de la COVID-19. Pero en el agua, como fuera de ella, la cercanía, el contacto y el uso de elementos comunes sí ayudan a la propagación del coronavirus.

Las largas jornadas de piscina en familia, los niños mañana y tarde en remojo, los adultos vigilantes en el bordillo, el trasiego de la toalla al merendero y del merendero otra vez al agua... este año nada podrá ser así.

Las imágenes de piscinas repletas de público, en las que es imposible dar una brazada sin sacar un ojo al vecino, son un clásico de cada verano. En Madrid las crónicas estivales se remiten siempre a las grandes concentraciones de bañistas en el Parque Sindical, hoy Parque Deportivo Puerta de Hierro, un complejo de tres piscinas en las que podían bañarse hasta 3.600 personas a la vez y a las que se conocía popularmente como 'el charco del obrero'.

Fueron inauguradas por Francisco Franco en 1958. En aquel momento eran las piscinas más grandes de Europa. Los madrileños, que nunca han terminado de aceptar que viven en una ciudad sin playa, acudieron en masa durante décadas. El pie de una foto de 1967 valdría sin cambiar una coma para cada día de cada año: "El Parque Sindical Deportivo abarrotado de bañistas dispuestos a pasar un día en la piscina para paliar las altas temperaturas del verano madrileño".

Ganas de piscina.

La imagen, en cambio, habla de otra época. Flotadores en el agua, ahora prohibidos. Todas las mujeres con castos bañadores de una pieza, ni un solo bikini. El balón de Nivea. Y cientos de niños. El 'baby boom' entero en la piscina. Cada mujer española tenía en 1967 una media de 2,9 hijos. Hoy la tasa de fecundidad no pasa del 1,3.

Las ganas de los niños que este fin de semana esperan ansiosos la apertura de las piscinas no serán mucho menores que las que sentía la campeona olímpica Mireia Belmonte por volver a entrenar en el agua clorada. La fecha y las condiciones del primer baño dependerán de la fase de desescalada de cada lugar de residencia, pero cuando las piscinas empiecen a acoger nadadores el verano de 2020 se parecerá un poco más, por fin y pese a todo, al verano de cualquier otro año.