Bienvenidos al Campeonato de Ciclismo con el Viento en Contra

La singular carrera cuyas bicicletas no tienen marchas y cuestan menos de 300 euros.

EFE (David Morales)

Bienvenidos al Campeonato de Ciclismo con el Viento en Contra
Bienvenidos al Campeonato de Ciclismo con el Viento en Contra

A pocos ciclistas les gusta lidiar con el mal tiempo, especialmente si conlleva pedalear con el viento de lado o en contra. En Países Bajos, la cosa cambia. La llegada de la primera tormenta del invierno conlleva la alegría de celebrar una singular carrera cuyas bicicletas no tienen marchas y cuestan menos de 300 euros.

Bienvenidos al Campeonato Holandés de Ciclismo con el Viento en Contra de Eneco, una competición contra los elementos. Se anuncia con solo tres días de antelación, cuando se tiene la seguridad de que habrá un temporal de fuerza siete o mayor. Solo se reparten 300 dorsales y para la edición de 2022 se agotaron en tres horas.

Las reglas son simples. Se trata de una contrarreloj de ocho kilómetros y medio en igualdad absoluta de condiciones, pues “todo el mundo va con el mismo tipo de bicicleta y ésta no te va a ayudar de ninguna manera”, explica a Efe el organizador del evento, Robrecht Stoekenbroek. ¿La razón? No tienen marchas y pesan unos quince kilos, similar a las que se veían en los años ochenta por las calles de Países Bajos. “Los corredores deben traer consigo su furia contra el viento y derrotarlo”.

El eslogan de la carrera es atípico: “Este evento ha sido dificultado por el viento holandés”, algo negativo a priori pero que se explica porque Eneco es el principal patrocinador. La compañía proveedora de gas y electricidad mantiene parques eólicos en diferentes puntos de Europa. El evento deportivo es una manera simpática de recordar la conveniencia de los molinos para producir energía renovable cuando el Dios Eolo se deja notar.

Los ciclistas llevan el logo de la empresa en gorros y cascos. “La prensa siempre busca la fotografía divertida de un ciclista sobre la bicicleta luchando contra el viento”, indica Stoekenbroek. El efecto en las páginas de los periódicos se multiplica en la era de las redes sociales, pues los vídeos del campeonato se han viralizado desde el domingo de la semana pasada, cuando se celebró la séptima edición.

Los participantes fueron una mezcla de deportistas profesionales y aficionados. En la carrera femenina se impuso por tercera vez Lisa Scheenaard (22’53’’), ganadora de una medalla de bronce en remo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. En la masculina, un estudiante de la Universidad de Leiden, Jurjun van der Velde (20’23’’) se alzó con el primer puesto. Las rachas de hasta 90 kilómetros por hora obligaron a algunos a bajarse de la bicicleta y completar algunos tramos caminando.

El certamen tiene su razón de ser en dos características de la idiosincrasia holandesa. La primera, la eterna lucha de sus habitantes contra los elementos de la naturaleza. Países Bajos se ha expandido a lo largo de la historia construyendo barreras que le ganan terreno al mar. La carrera tiene lugar en una de ellas, la de Oosterscheldekering, que une las islas de Noord-Beveland y Schouwen-Duiveland. Forma parte del Plan Delta, un milagro arquitectónico a base de diques, compuertas y esclusas que evita las inundaciones provenientes del Mar del Norte.

El otro punto de la cultura holandesa es más obvio: el uso masivo de las dos ruedas en todos los rangos de edad, pues los niños aprenden a pedalear desde muy pequeños haga buen o mal tiempo. “Todos los que hemos ido en bicicleta al colegio hemos circulado muy frecuentemente con el viento en contra, es como un trauma de juventud a nivel nacional”, indica Stoekenbroek con una sonrisa.

Los paisajes con horizontes largos son habituales en Países Bajos y es complicado encontrar una montaña o una cuesta, más allá de los puentes típicos de Ámsterdam. Se calcula que los 17 millones de holandeses poseen más de 22 millones de bicicletas, es decir, más de una por persona. Pero la geografía sólo explica parte del cuadro.

Como ocurrió en el resto de Europa, el uso del coche aumentó a partir de los años 50 y 60. Tras la crisis del petróleo de 1973 y un fuerte incremento de víctimas mortales de tráfico, el Gobierno holandés sacó adelante medidas para reducir la presencia de automóviles y recuperar la bicicleta. La implementación masiva de carriles bici y la construcción de aparcamientos especializados para los vehículos de dos ruedas sigue siendo, a día de hoy, una prioridad del Ejecutivo, sin importar su color político.

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