La experiencia Ironman de Judith Corachán: así consiguió ser finisher

La flamante subcampeona del mundo LD repasa cómo fue su debut en la distancia Ironman y cómo logró ser finisher al tercer intento.
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La experiencia Ironman de Judith Corachán: así consiguió ser finisher
La experiencia Ironman de Judith Corachán: así consiguió ser finisher

Judith Corachán, la flamante subcampeona del mundo de Larga Distancia eligió para su debut en la distancia Ironman una prueba de casa, Barcelona, en la parte final de la temporada 2017: “Consideraba importante el poder correr en casa, principalmente por poder estar arropada por los míos, que era el mayor aliciente. Además de otras muchas ventajas, como una logística más cómoda, la fecha (al ser al final de temporada, y después de cumplir los objetivos principales, sería un más a más) y el circuito (creyendo que una bici más “fácil”) sería una buena elección para dar el salto a esta distancia”.

A toro pasado Judith reflexiona y cree que “lo preparé poco en todos los sentidos, incluida la alimentación. Y creo que el error fue pecar de querer comer mucho. Ahora prefiero comer menos (y nada de sólido ) y tolerarlo mejor. Tampoco cuidé el cuerpo y el estómago, especialmente los días previos”.

Ese cóctel de entusiasmo y motivación por correr en casa y deficiente preparación, en todos los sentidos, más problemas estomacales inesperados (nunca se esperan, al menos la primera vez), tuvo como resultado un DNF en su debut. En carrera, tras una natación más o menos cómoda y una bici concentrada en mantener su ritmo y abstraerse del “ruido”, al llegar a la T2 se encontró con un “muro” de realidad. “A pesar de llegar mejor de piernas de lo que esperaba, hacer una transición rápida y motivada por empezar a correr, fue el estómago el que no quiso que lo pudiera hacer. Unos fortísimos pinchazos en la zona abdominal me impedían ponerme recta. Y a eso se le sumaban las arcadas y los momentos de angustia. Fue el peor momento que he vivido nunca en carrera. No solo por el malestar físico, sino por no poder luchar contra ello y ni siquiera poder disfrutar del entorno y de toda la gente que estaba allí animándome. Mi mayor decepción no fue el abandono, el cual no pude evitar dadas las circunstancias, sino el no haber podido acabar por todos los que fueron expresamente a verme: toda mi familia, mi entrenador, muchísimos amigos, compañeros, todo el equipo de RCTRI... y todos luciendo una camiseta con mi foto y un mensaje de fuerza”.

A la campaña siguiente, en 2018, Judith hizo su segundo intento por ser finisher, esta vez en el Ironman de Sudáfrica, con la lección aprendida. “Reconozco que es la prueba que más he preparado a conciencia. Había entrenado mucho y muy bien para este Ironman y había cuidado el resto de detalles. Sobre todo, la alimentación y la suplementación para que no me volviera a suceder lo de Calella. Aquella vez los problemas estomacales me sacaron de carrera y no quería que se repitiese. Confiaba en que no, y no debía pensar en ello. Por eso había venido hasta aquí, porque creía que aquello fue algo fortuito, aunque en varias carreras más, haya tenido los mismos problemas, pero ya después de cruzar la meta. Llegaba con la motivación por las nubes. Tenía mucha confianza en mí y en lo bien que me encontraba, pero tenía los pies en el suelo y sabía que debía correr con más cabeza que nunca. Con la premisa siempre clara de que el objetivo era ¡ser finisher! Si tenía que llegar algo más, que llegara solo. Pero no debía dejarme influir por el nivel, la clasificación, los puntos, las rivales y todo el resto”.

Después de una natación en grupo y una bici concentrada en dejar que pasasen los kilómetros, llegó el momento decisivo. Sus sensaciones al principio de la maratón fueron mejor que buenas, los primeros kilómetros sentía que volaba, tanto que se dio cuenta que iba por encima de sus posibilidades. “Pero, cuando más estaba disfrutando, cuando empezaba a creerme lo que estaba siendo capaz de hacer y cuando empezaba a soñar que iba a lograr mi objetivo –ser finisher–, todo se truncó. Km 25-26. Empiezo a notar que el estómago se gira, que necesito ir al baño. Es curioso sentir como de golpe la cabeza se evade de la carrera, sigues corriendo sin saber ni cómo pero ya sólo piensas en llegar al wc, con desesperación. Lo consigo, pero eso fue el principio del fin. Llegaron los vómitos. ¡No puede ser, por favor! ¡Otra vez no! ¡Por Dios, no me puede estar pasando esto otra vez! ¡Y menos ahora!”. Segundo intento y segundo DNF, aunque la determinación de Judith seguía inquebrantable. “No han sido días fáciles. No por el DNF, sino porque es un tema que me preocupa. Tengo que seguir tratándolo y encontrar el problema y la solución. Pero... lo consiga o no, voy a seguir intentándolo”.

Tan inquebrantable que eligió como siguiente tentativa el distancia Ironman más duro del mundo: Embrunman. Después de los antecedentes, no parecía la decisión más acertada. Sin embargo, esta vez, Judith lo afrontó de forma diferente. Primó la experiencia de una carrera única, en un lugar bellísimo, rodeada de su familia, sobre la parte puramente competitiva “Desde el principio me repetía a mí misma a lo que había venido aquí, lo tenía claro y lo estaba gestionando bien. Conseguí levantar el pie. Conseguí disfrutar del recorrido, del paisaje, del ambiente... y olvidarme de la “competición”. Aunque tener la cámara a un metro, grabándome en varias ocasiones, no me lo ponía nada fácil. Yo que quería pasar desapercibida... y al final iba a salir hasta en la tele. La sorpresa fue que esa situación no cambiaba, ninguna chica me daba caza y eso era muy buena señal. Y más cuando me estaba sintiendo tan conservadora”.

No hay una prueba ‘full’ fácil. Y menos cuando escoges Embrun. A una bici durísima se la añade un maratón igual de exigente, más las dudas por los problemas estomacales en sus anteriores intentos, que le hicieron alimentarse menos de lo necesario. “Iba muy vacía. Para no provocar al estómago, tomé solo dos geles (km 2 y 15) y un bidón con 30 gramos de hidratos. Muy poca gasolina para una maratón. Así que los problemas de estómago se me sumaron a la falta de energía, al miedo de caer redonda en cualquier momento por sentirme completamente exhausta. Y a todo ello los amagos de calambres en todos los músculos de mi tren inferior. La Coca-Cola fue lo que me mantuvo viva hasta el final... los últimos cinco kilómetros. Las ganas de vomitar aguantaban, sin embargo, las de ir al baño, no. Ni con el Fortasec que me había tomado. No veía el momento de parar, ni ninguna zona para ‘medio esconderme’ sin enseñar el culo a todos los corredores. No veía baños en ningún sitio. –¡Judith aprieta el culo o para. Tienes 20 minutos de ventaja, puedes permitirte andar lo que quieras!–. Estaba pisando el pódium. ¿Quién me lo iba a decir? De soñar con acabar la carrera a verme subida en él. Judith, intenta disfrutar lo que estás logrando. Te lo has currado. Definitivamente, estaba valiendo la pena. El trabajo, la constancia y, sobre todo, el creer en mí iba a tener su recompensa. Estaba consiguiendo acabar mi primer Ironman. Y no uno cualquiera. El tercer intento iba a ser el bueno. Por fin iba a saber lo que significa cruzar la meta y lo iba a vivir en Embrun. Son pocos los que se atreven con esta carrera. Yo me atreví con ella, a pesar de mis antecedentes, y lo estaba bordando. Estaba haciendo historia e iba a sumar mi nombre a un palmarés donde otro español, catalán también, el gran Marcel Zamora, era el rey”.

Y a la tercera fue la vencida, por fin fue finisher, con la recompensa añadida de alcanzar el pódium en una prueba mítica. La distancia Ironman es una cuestión de dureza física, fuerza y resistencia, pero sobre todo de ‘dureza’ mental, de diálogo positivo contigo misma, de engañarte a veces, de perseverar siempre. Embrun terminó de forjar esta dureza en Judith, y eso es algo que ya va contigo siempre. Por eso, a pesar de las dificultades en su siguiente Ironman, en Malasia, ya en este 2019, se sobrepuso a todos los contratiempos y acabó 4ª.

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