Cómo ser triatleta en el Ártico... y no morir en el intento

En invierno sólo se puede entrenar bajo techo (fuera las temperaturas llegan a los 40 grados bajo cero); y en verano acechan los osos...
ITU -
Cómo ser triatleta en el Ártico... y no morir en el intento
Cómo ser triatleta en el Ártico... y no morir en el intento

Meghan Scott tiene 37 años. Vive desde hace un año y medio en Inuvik, Territorios del Noroeste, Canadá, 130 kilómetros al sur del Océano Ártico. Es un pequeño pueblo de 3.000 habitantes, aunque se trata de un importante centro gubernamental, única razón por la que Meghan ha podido continuar preparándose para un deporte que le apasiona: el triatlón. Inuvik cuenta con instalaciones para entrenar, algo que no ocurre en el resto de comunidades de la zona.

Meghan fue jugadora de voleibol en la universidad. Hace cinco años, su entrenador personal la animó a probar el triatlón y, desde entonces, vive ‘enganchada’…

Si algo no le falta a esta valiente triatleta canadiense son ganas y motivación, a pesar de las duras condiciones a las que se enfrenta en un lugar como Inuvik. Durante los meses de invierno, la noche no les abandona. Sólo tienen 24 horas de luz en toda la temporada. Y las temperaturas descienden hasta los 40 grados bajo cero.

A finales de mayo, la nieve se derrite y los días se alargan: momento de comenzar a entrenar en el exterior. Aunque ya no hay nieve en los caminos, correr a pie es todo un desafío por la presencia de osos, por lo que Meghan se entrena en plena carretera, evitando aventurarse por los senderos. Además, no se olvida de llevar su aerosol para protegerse de estos animales y corre en horarios en los que hay más tráfico.

Hay un pequeño gimnasio en Inuvik con equipamiento suficiente para que Meghan entrene entre septiembre y mayo, cuando apenas hay luz natural. El verano pasado la temperatura no superó los 10 grados. De modo que se vio obligada a seguir entrenando bajo techo.

Salir en bici también es complicado. Inuvik es un lugar remoto con una sola carretera principal hecha de grava. La carretera que conduce al aeropuerto es la favorita de Meghan. Tiene 11 kilómetros y algunos repechos. No obstante, el verano pasado estuvo en obras y tampoco pudo utilizarla para entrenar. Le tocó, pues, usar la bici estática del gimnasio y el rodillo.

Tampoco es posible nadar en aguas abiertas. El hielo no se rompe hasta mayo, y los lagos y ríos se congelan en septiembre. De todos modos, la temperatura del agua siempre permanece muy fría. Es imposible nadar, aun usando traje de neopreno.

“Me encantan los desafíos. Al ser tres disciplinas siempre hay algo en lo que trabajar. Nunca me aburro. Aunque no he podido nadar en los últimos seis meses, me gusta la combinación bicicleta-correr. También me fijo metas. Esta temporada ha sido el Mundial ITU de Grupos de Edad (acabó en la posición 80ª de su franja (35-39) en la prueba que se disputó en septiembre en el marco de la Gran Final de las Series Mundiales de Gold Coast –Australia–). El año que viene quiero hacer mi primer Ironman. Como no hay carrera locales, planear un viaje para competir en algún lugar más cálido me ayuda a pasar el invierno”.

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