Preparación psicológica: ¿Sabes cómo entrenar tu resistencia mental?

Existe una intensa actividad mental en el entrenamiento y en la competición. Por lo que la preparación psicológica es una asignatura más en la planificación de la temporada.

Preparación psicológica: ¿Sabes cómo entrenar tu resistencia mental?
Preparación psicológica: ¿Sabes cómo entrenar tu resistencia mental?

En no pocas ocasiones, escuchamos a un deportista, después de una retirada o un mal resultado, hablar de que se bloqueó mentalmente o de que su mala actuación fue más un problema mental que físico (después de muchos meses de duro entrenamiento).

En el polo opuesto, cuando el rendimiento es excepcional, escuchamos que éste fue debido a que su mente fue más fuerte, lo que le hizo sobreponerse a la fatiga física. Conocer nuestros pensamientos y, de alguna forma, manejarlos implica tener un mayor control sobre nuestro rendimiento y sobre nuestra experiencia como deportista. Asimismo, saber qué estrategias psicológicas utilizaron los deportistas que compiten con éxito nos puede servir de modelo para afrontar con garantías cualquier prueba de fondo.

Antes de detallar las estrategias psicológicas pertinentes para afrontar con éxito un triatlón, es oportuno recordar/revisar cuáles son los objetivos de las mismas para un deportista amateur, que no son otros que conseguir que se afronte la experiencia de la mejor manera posible, se favorezca la consecución de sus objetivos y que se disfrute al máximo de la experiencia.

En algunos estudios realizados con deportistas amateur antes de la competición, se constata un alto grado de motivación por alcanzar los objetivos propuestos, pero también, en no pocos casos, un exceso de tensión, incertidumbre y preocupación relacionados con la trascendencia subjetiva de la prueba y la posibilidad de no alcanzar los objetivos deseados.

TRIATLETAS 2.0: EL CONTEXTO

En apenas quince años, el triatlón ha pasado de ser un deporte-aventura poco conocido y valorado, donde el máximo objetivo era participar y “salir vivos” deportivamente, a tener un gran tirón popular, una espectacular aceptación entre todo tipo de deportistas y amplia difusión en diferentes medios de comunicación y redes sociales.

Esto ha hecho que la mayoría de las personas que se han acercado a nuestro deporte, casi inmediatamente, quieran formar parte activa de él. Esto es muy positivo para que siga creciendo cada año, como ha hecho hasta ahora, aunque también corremos el peligro de perder un poco la esencia y la perspectiva de nuestro deporte. De saber lo que realmente queremos y por qué (que muchas veces lo sustituimos por lo que se espera de nosotros en nuestro entorno).

Ser triatleta implica enfrentarse a un deporte que requiere gran resistencia y que implica exigencias tanto en el apartado físico, mental, técnico y material. Enfrentarse diariamente a sesiones de entrenamiento y a competiciones complejas, convivir con fatiga, lesiones, decepciones... y, a veces, también con la incomprensión de nuestro entorno. Conciliar entrenamientos, vida personal, profesional y que todas las piezas del puzle encajen para que las sinergias de todas nuestras facetas nos lleven a la felicidad, o al menos a estar lo más cerca de ella, es nuestro máximo objetivo, más allá de un resultado concreto o de una actuación estelar (efímeras ambas).

Adquirir el material necesario, para la piscina y/o gimnasio, tener ciertos conocimientos para entrenar de forma lógica y razonable o contar con la ayuda de un entrenador, pertenecer a un club, buscar unos objetivos en el calendario... Todos estos requerimiento pueden hacer que el triatleta se lance a una vertiginosa carrera para acumular retos y logros, o compitiendo casi cada fin de semana simplemente porque “hoy toca...”.

Por eso toda preparación psicológica pone sus cimientos en la escucha interna, pararnos un momento, respirar profundamente, escucharnos, intentar conocernos mejor, aceptarnos como lo que realmente somos y queremos ser, conectar con nuestra esencia para cargarnos de la energía necesaria que nos permita dirigirnos a cumplir nuestras metas con la conciencia clara de lo que queremos y por qué.

Pasar muchas horas solos mientras nadamos, montamos en bici o corremos es una gran oportunidad diaria para desconectar de nuestro entorno, pero también para conectar con nuestro yo interno y etiquetar nuestras motivaciones y sueños.

AUTOCONFIANZA

Tanto deportistas como entrenadores destacan la importancia de la “dureza mental” para mantenerse durante horas compitiendo con un diálogo interno positivo que nos lleve a la meta.

De las variables psicológicas relacionadas con esta dureza mental, quizá la más relevante sea la autoconfianza. La autoconfianza está definida, en al ámbito deportivo, como el grado de certeza, en función de las experiencias pasadas que tiene un deportista respecto a su habilidad para obtener el rendimiento esperado.

Este término es sinónimo de otro muy parecido acuñado por Bandura que es la auto-eficacia y que se utiliza para denominar la convicción de una persona de que puede llevar a cabo una conducta de forma exitosa. De hecho, la teoría de auto-eficacia desarrollada por Bandura sirvió de base para estudiar las relaciones entre esta variable y el rendimiento deportivo.

La autoconfianza no implica confiar ciegamente en nuestras capacidades (eso sería más un acto de fe), sino tener una expectativa realista de que todo lo realizado con mucho esfuerzo durante nuestra preparación, lo podremos plasmar en la competición, es decir, no mejora nuestras habilidades, simplemente nos permite un uso óptimo de las mismas. Lo más importante, a efectos prácticos, de esta variable es que implica una percepción de control de la situación, de que el deportista conoce sus posibilidades, pero también sus limitaciones.

Muchas veces se ha relacionado la auto-confianza o el carácter ganador con el uso de frases grandilocuentes, tan de moda últimamente (“querer es poder”, ”impossible is nothing”...), sin embargo, estas frases no reflejan autoconfianza por sí mismas, ya que esta cualidad está más relacionada por un estado interno del deportista.

El nivel de autoconfianza tiene una relación directa con el rendimiento, tanto en el entrenamiento como en la competición. Cuando percibimos que tenemos recursos para afrontar una situación, ésta tendrá un impacto estresante menor y aumentará nuestra motivación por el reto de plasmar todo nuestro trabajo previo. Por lo tanto, trabajar nuestra autoconfianza como triatletas implica también mejorar el control del estrés asociado a la competición y la mejora de nuestra motivación, que son variables cruciales para lograr que nuestra experiencia deportiva sea gratificante y duradera en el tiempo.

La relación entre la autoconfianza y el rendimiento tiene forma de U invertida, es decir, el rendimiento mejora a la vez que nuestra confianza hasta un punto óptimo. A partir de ese punto, un exceso de confianza puede disminuir nuestra motivación, nuestra concentración y, por lo tanto, nuestro rendimiento. El punto óptimo de autoconfianza implica el convencimiento de que se pueden alcanzar nuestros objetivos, siempre y cuando prestemos atención a todos los detalles relevantes de nuestra actuación y nos esforcemos al máximo. Es decir, vamos a requerir toda nuestra atención, motivación y esfuerzo para alcanzar nuestra meta.

TRABAJANDO NUESTRA AUTOCONFIANZA

-Establecer objetivos razonables: que supongan un reto por su dificultad pero que estén a nuestro alcance. Aplicar el “imposible is nothing” está bien como estrategia de marketing para una determinada marca, pero como deportistas tenemos limitaciones (físicas o de disponibilidad de tiempo). Conocerlas y no proponernos metas que no podremos lograr y acumularán frustración y culpabilidad al entorno es nuestro principal objetivo.

-Planificar nuestro entrenamiento: de forma personal o recurriendo a un profesional, de tal forma que confiemos en que el proceso nos lleve a nuestro objetivo sin tener que cuestionarlo constantemente o auto-demostrarnos que vamos por el buen camino. El entrenamiento de fondo se caracteriza por muchos “días grises” donde hacemos el entrenamiento pero las sensaciones no son buenas.

-Plantear metas parciales: que nos proporcionen feedback durante el proceso y que refuerce nuestra confianza en el mismo.

-Trabajar más sobre nuestros puntos débiles: reforzar nuestra autoconfianza implica también trabajar sobre nuestros puntos débiles y minimizarlos para que globalmente tengamos más control de la situación.

-Establecer metas de rendimiento personal: por encima de la metas de resultado que dependen de aspectos menos controlables. La única forma objetiva de valorar nuestro rendimiento es ponernos metas de ejecución (que dependen de nosotros mismos) y no de resultados (que dependen de factores que no podemos controlar: otros competidores).

• Actitud positiva: somos deportistas y cada entrenamiento y cada competición nos sirven para disfrutar de algo que nos apasiona, muy por encima de una actuación concreta.

Un ejemplo razonable de establecimiento de objetivos y valoración de los resultados...

(Blog de Eneko Llanos: previa IRONMAN de Hawaii 2016)

“El aspecto mental es tan importante o más que el físico, todos los que están en la línea de salida son grandes triatletas, capaces de lo mejor en un buen día, pero hay tener la cabeza muy bien preparada para afrontar con éxito todos los envites que la carrera presente y poder sacar adelante ese buen día.

La pregunta surge en todas y cada una de las entrevistas, ¿qué esperas de Kona? Supongo que el entrevistador quiere que le diga un puesto, los más sensacionalistas quizás busquen el titular morboso y me percato de que la mayoría de las veces decepciono cuando digo que lo único que quiero es dar lo mejor de mí mismo y cruzar la línea de meta satisfecho con mi actitud en carrera y mi rendimiento. Desde luego que me gustaría estar lo más adelante posible, otro top10 o una carrera como la del año pasado, pero con una buena maratón sería lo deseable. Sin embargo, hablar de puestos para mí es tratar de controlar lo incontrolable.

Todas mis participaciones aquí me han cambiado de una manera u otra, son experiencias vividas que han sumado en hacerme la persona que soy hoy en día. Y finalmente eso es lo que espero de este Kona 2016, seguir aprendiendo, viviendo experiencias que me curtan en mi camino personal, porque un resultado puede cambiar muchas cosas, pero lo esencial e importante en la vida no depende de un resultado”.