El entrenador ideal: "Es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo"

Ricardo Clavería analiza la figura del entrenador en el triatlón actual.

Ricardo Clavería

El entrenador ideal: "Es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo".
El entrenador ideal: "Es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo".

EL ENTRENADOR IDEAL

Desde pequeño he tenido vocación de entrenador. En mis primeros recuerdos en el jardín de infancia jugando al pilla-pilla o a las alturas, orientaba a mis compañeros menos diestros sobre cómo debían colocarse para no ser cazados….

Ya en segundo de primaria, cuando me empezó a gustar el fútbol, formé dos equipos: uno para jugar con las otras clases y otro en el pueblo los fines de semana. Programaba entrenamientos en los recreos, inventando gymkanas con el balón y circuitos de condición física, para motivar a mis compañeros.

En mi época de jugador de baloncesto, llevaba siempre equipos de las categorías inferiores de los clubs a los que pertenecía.

Cuando en mi periplo por EE.UU. un accidente de moto me retiró del baloncesto de alto nivel, mi vocación de entrenador ya había superado a la de deportista, pero en aquel momento pensaba que me dedicaría a los deportes de equipo.

Una vez truncada mi aventura americana, volví a Madrid y, un poco por inercia, empecé a estudiar derecho y económicas, empujado por mi padre, que era abogado, pero en el fondo mi motivación era poder asesorar a mis deportistas en el futuro. Mi vocación estaba cada vez más clara…

Para recuperar mi maltrecha rodilla, empecé a nadar y a montar en bici, y conocí a varios deportistas que me hablaron de unas pruebas físicas en el INEF de Madrid, que daban acceso a “hacer una carrera universitaria de deporte”. Sin decir nada a mis padres, me presenté 10 días después a esas pruebas y, al conseguir superarlas, empezó una nueva vida para mí.

Convencí a mis padres para simultanear mis estudios en ICADE con “eso del deporte”, lo que conseguí durante 2 años, pero ya no había marcha atrás, había decidido que iba a convertirme en un entrenador profesional, ni despacho de abogados, ni oposiciones, ni nada de eso.

Durante mis 5 años en INEF, empecé a practicar triatlón, al tiempo que hacía todos los cursos posibles de entrenador e intentaba poner en práctica mis aprendizajes con mis deportistas. En aquel tiempo, preparaba a unos amigos para la oposición de bombero, llevaba los entrenamientos a un par de ciclistas y, a partir del último curso, mi entrenadora de triatlón, la gran Maribel Blanco, me pasó un grupo de triatletas de larga distancia que ella ya no podía llevar por falta de tiempo. Empecé entonces también a llevar la Escuela de Triatlón de Madrid.

A lo largo de estos años, desde el año 95, cuando acabé la carrera, hasta el 2000, momento en que monté mi Despacho de Preparación Física, me dediqué a entrenar atletas, ciclistas, nadadores y triatletas, al tiempo que a estudiaba fisiología, hacía el master de ARD de la Universidad Autónoma de Madrid y leía todos los estudios sobre entrenamiento que estaban a mi alcance.

Empecé poco a poco en mi búsqueda del entrenador ideal, ampliando mis conocimientos de manera teórica, poniéndolos en práctica de forma empírica con mis deportistas y estudiando los métodos de trabajo de los entrenadores que me interesaban.

Durante la carrera y el Master mis primeros modelos fueron Fernando Navarro y Alberto García Bataller, que fueron mis grandes maestros, y Fernando Lozano, compañero de carrera que empezaba a guiar los pasos de un incipiente Chema Martinez.

Posteriormente aprendí mucho, entre otras cosas, de la habilidad para adaptarse a las circunstancias de Eduardo No (Director Técnico de la FETRI) y de la capacidad de motivación de César Varela (entrenador de Iván Raña).

Mi primera gran referencia fue José Rioseco, al que consideraba el mejor entrenador de la época y que guiaba con maestría los pasos de un jovencísimo Javier Gómez Noya.

A partir de ahí, empecé a darme cuenta de que cada entrenador tenía una faceta en la que destacaba. Y lo más importante era el saber adaptarse a las necesidades de cada atleta.

Intenté aprender lo que pude de la aplicación práctica de los conocimientos de fisiología por parte de Iñigo Mújica, de la capacidad de gestión de grupos de Felipe Gutierrez o Pedro Garrido, de la habilidad para gestionar altas cargas de trabajo de Pablo Cabeza, de la priorización de la calidad por parte de Ivo Clovet, de la inteligencia para la planificación de Carles Tur, del trabajo de equipo de Dani Puerta, de los conocimientos técnicos y de material de Jaime Menéndez de Luarca…

Actualmente, considero que los grandes entrenadores, como Iván Muñoz o Roberto Cejuela, dominan en mayor o menor medida todos estos aspectos, pero se rodean además de un gran equipo de auxiliares, técnicos y profesionales, para poner al servicio de sus deportistas todos los medios y facilidades para que puedan obtener su máximo rendimiento.

Durante todo este tiempo de estudio, práctica, observación y aprendizaje, he llegado a la conclusión de que no existe el entrenador ideal, pero sí el mejor entrenador para cada deportista o, mejor dicho, para cada momento determinado de cada deportista.

La gran virtud de los mejores entrenadores es tener la capacidad para adaptar su método a sus atletas y a las circunstancias cambiantes de cada uno de ellos. La conexión con el deportista es clave para que el binomio sea perfecto. Y el deportista debe confiar 100% en su entrenador para poder obtener el máximo rendimiento. Si la desconfianza existe, la mejor de las planificaciones se irá al traste.

El entrenador ideal: "Es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo".
 

Las 8 cualidades fundamentales que, tras esta búsqueda inconclusa, considero que debería tener un buen entrenador son:

1) Vocación, sin la cual todo lo demás es imposible.

2) Conocimientos, cuantos más mejor, pero más importante aún es saber aplicarlos.

3) Disponibilidad para poder dedicar el tiempo necesario a cada deportista.

4) Capacidad de observación, para valorar con datos objetivos (pulso, vatios, velocidad, VFC…) y subjetivos (estado de ánimo, sensaciones, ilusión…), la evolución de su deportista y la asimilación del entrenamiento.

5) Empatía para entender la situación personal y las circunstancias que rodean al deportista

6) Asertividad, para no dejarse manipular y tomar la decisión “adecuada” en cada momento.

7) Capacidad de autocrítica, para analizar los errores propios y poder corregirlos.

8) Humildad para asumir las limitaciones propias y de cada deportista.

Actualmente, tenemos todo tipo de información a nuestro alcance a un solo “click” y a veces el deportista cree que no necesita un entrenador para alcanzar su mejor versión, pero eso es un gran error. Ni el mejor entrenador podría entrenarse a sí mismo con garantías de obtener el máximo rendimiento posible, ya que, aunque tuviera los conocimientos y la experiencia, nunca tendría la objetividad necesaria para valorar la evolución del entrenamiento y adaptar el planning teórico a las circunstancias del día a día.

El entrenador ideal: "Es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo".
 

Acabo con una pequeña reflexión:

En un deporte como el nuestro, en el que gastamos cientos de euros en material, a veces, nos cuesta invertir una pequeña cantidad en un entrenador, que es el que va a dar sentido a todo nuestro esfuerzo.

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