Todos somos diferentes, lo que le funciona a uno a la perfección a otro le va mal y viceversa, incluso en dos deportistas que tengan características parecidas. No existe una píldora mágica única que puedan tomar todos y ante esa tesitura a la pregunta que da título a este artículo podría responder: el mejor planinng es el que se hace, lo cual en parte podría ser cierto, pero no todo es tan fácil como veremos a continuación.
Una vez tomada la decisión de contar con un entrenador para ayudarnos a cumplir nuestros objetivos deportivos, una de las preguntas que se suele hacer al deportista en la entrevista inicial es acerca del tiempo disponible para entrenar, procurando siempre, en primer lugar, que sea algo realista,con el objetivo que se quiere acometer (tener seis horas a la semana para entrenar un triatlón de larga distancia no es realista, por ejemplo); y en segundo término, realista con el tiempo que se puede entrenar de verdad.
Triatletas realistas
Y aquí viene en muchos casos uno de los primeros errores que no es otro que sobreestimar el número de horas, porque se suele pensar muchas veces en el tiempo libre de trabajo y otras obligaciones para dar respuesta a esa pregunta, sin embargo, no es lo mismo el número de horas de ese tiempo libre y el número de horas para entrenar, entre otras cosas porque no nos damos cuenta del tiempo que se tarda en prepararse para salir a entrenar.
Por ejemplo, en el caso de la natación, en el tiempo que se tarda en desplazarse hasta la piscina, cambiarse, entrenar, ducharse y volver a casa, con lo que las 2 horas que inicialmente pensaba que tenía para entrenar los lunes la natación me encuentro que se quedan en 1 hora… en el mejor de los casos.
En el caso del ciclismo habría que contar con el tiempo que ocupa el cambiarse, comprobar la presión de la bici, preparar bidones, alimentación y los que viven en una ciudad con mucho tráfico lo que tardan en poder salir a la zona donde realmente van a poder empezar a entrenar.
Otro ejemplo podría ser en este caso con la carrera a pie el día que tenemos que desplazarnos a la pista de atletismo para hacer nuestras series. Algunos tienen la suerte de estar tan cerca que incluso el calentamiento pueden hacerlo de camino a las pistas, pero otros deportistas tienen que coger el coche para ir a la pista con lo que esa hora y media que pensaba que tenía para entrenar los miércoles las series acaba siendo en algunos casos una hora o menos.
Imaginemos que todo es perfecto, que el tiempo libre coincide plenamente con el tiempo disponible para entrenar y que a su vez también es coherente con el número de horas que requiere ese objetivo que tengo en mente, ahora necesito que: ¿el plan funcione a la perfección?; o más bien que ¿yo funcione a la perfección?
De nada sirve contar con el mejor entrenador del mundo o el plan perfecto para mí si luego no lo cumplo. Y cumplir no solamente se trata de entrenar el tiempo que toca en cada sesión si no cumplir con los objetivos de cada entrenamiento.
Indudablemente un plan debe ser flexible tanto con el deportista profesional como (y con más razón) con el deportista amateur que se puede encontrar siempre con imprevistos como salir más tarde del trabajo, encontrarse con un atasco, que sus hijos se hayan puesto enfermos… Pero suponiendo otra vez que las condiciones son ideales casi siempre, un deportista que no cumple con el plan tiene que ser honesto consigo mismo y replantearse entonces sus objetivos, ya que una cosa es que un día puntual no le apetezca entrenar (o al revés: que quiera alargar un entreno) y otra cosa bien distinta es el fallo semana tras semana. En esos casos, si su objetivo es muy ambicioso, deberá saber que de ese modo no se consiguen las cosas.

'Pecar' por exceso
Se tiende sólo a focalizar en los casos en los que el deportista digamos que es un vago o perezoso, pero también hay que pensar en otro tipo de deportista, aquel que peca por exceso o que en cada entrenamiento hace lo que le apetece (y peor aún, a veces a espaldas del entrenador, con el que se supone que tiene que establecer un vínculo de confianza).
Un plan está adaptado o pensado, además de en las características del deportista, en su bagaje a lo largo de los años y en tratar de ajustar y cuantificar las cargas para que haya un equilibrio entre el trabajo y la recuperación. Cuando el deportista no cumple esa parte está restando, entre otras cosas, eficacia al plan.
Al hilo del párrafo anterior y del ejemplo del deportista que sale a entrenar y hace lo que quiere. En no pocos casos se ha gastado bastante dinero en accesorios como un potenciómetro, un reloj deportivos-inteligente, un pulsómetro… Elementos todos ellos que realmente son una ayuda para entrenar siempre que se sepan utilizar o que se utilicen para lo que son.

'Campeones de las redes sociales'
Con todo, con la proliferación de las redes sociales, otro de los problemas con los que nos encontramos es con querer ser campeón de entrenamientos o de Strava, lo cual no estaría mal si ese fuese el objetivo explícito del deportista, que no suele ser el caso.
Por tanto, a pesar de contar con un teórico buen plan, de nada sirve cuando se arruinan los entrenamientos por el propio ego. Un ejemplo puede ser una tirada larga y controlada de carrera a pie; y el entrenador se encuentra que su pupilo casi ha hecho su marca personal. Esto al final conduce en muchos casos a perder la siguiente semana de entrenamientos en recuperarse de una tirada mal realizada.
Pero volvamos a las condiciones ideales. Cualquier plan tiene que adaptarse al contexto del deportista, es muy importante conocer la experiencia del triatleta. No será lo mismo un plan para completar un triatlón de cualquier distancia con un triatleta totalmente novel que con otro que lleve varios años practicando triatlón o incluso sólo algunas de sus disciplinas.
Independientemente del nivel que pueda alcanzar a corto, medio y largo plazo, los años de entrenamiento y de actividad física a lo largo de su vida deberían ser un punto de inflexión a la hora de establecer un plan y no quemar etapas demasiado pronto.
Solemos encontramos con planes generales para bajar de 12 horas en IRONMAN, de 3 horas en maratón… que realmente son eso, planes generales que normalmente son para la parte más específica de la preparación y no tienen en cuenta ni el estado actual del deportista que se adhiere a esos planes ni las características del triatleta que se decide por uno de esos planes, o más bien es el propio triatleta el que sin tener en cuenta sus condiciones y experiencia decide ponerse con uno de esos planes.
Viajemos al inicio del artículo, a la parte donde decíamos que el mejor plan es el que se hace. Aunque pudiera ser en parte cierto no es así. Como hemos visto hay planes y planes, y ya sean planes generales o hechos por un entrenador, aunque el plan se cumpla al 100%, puede ser perjudicial y no proporcionar las adaptaciones necesarias para el progreso del deportista si no está adaptado a todas las particularidades del triatleta en cuestión.
CONCLUSIONES: el mejor plan para un triatleta
- Aquel que esté en consonancia con al objetivo prioritario (pódium, campeonato nacional o internacional, mejor marca personal, reto de superación personal, salud…) entre el número de horas disponibles para entrenar y el nivel actual del triatleta.
- Que sea flexible, que el entrenador y deportista en perfecta sincronía reformulen cuando sea necesario ante cualquier imprevisto y sobre todo que no ahogue al deportista.
- Que esté perfectamente estructurado y permita al deportista la recuperación necesaria en los momentos necesarios.
- Con todos los puntos anteriores, ya podríamos decir el que se hace.



