SIN CLEMENCIA: 'Saber pelear cuando se pierde'

Las reflexiones de Clemente Alonso sobre lo que significa ser 'finisher'.

Clemente Alonso

SIN CLEMENCIA: 'Saber pelear cuando se pierde'
SIN CLEMENCIA: 'Saber pelear cuando se pierde'

“Any fool can fight a winning battle, but it needs character to fight a losing one, and that should inspire us..." (W.B. YEATS)

Uno de los anglicismos que caracteriza a nuestro deporte, en particular al IM y de ahí a distancias menores, es el de 'finisher'. Conlleva implícito un concepto que describe en cierta medida el deporte, esto es, que va mérito ya sólo en acabar, porque la distancia es larga y, por tanto, es el rival a batir. Esto es “bonito" en cierta medida, porque hace que para muchos participantes se pueda competir con la fraternidad que propicia el enemigo común. Sin embargo, hay dos pegas que yo le veo al concepto. La primera es que para alguien que preparó la prueba bien (hablamos de IM) y está medianamente bien asesorado en cómo hacer la nutrición en carrera, terminar no debería ser nada del otro mundo, que es algo bien distinto de terminarlo al ritmo más ambicioso que el justo para terminar (volvemos a que no te mata la bala, sino la bala, con su masa, a una velocidad dada), y es aquí donde para muchos está la verdadera belleza de los deportes de fondo, en imprimirle más dificultad y en asumir, por tanto, ciertos riesgos. Ambos, terminar y terminar a un ritmo dado son planteamientos legítimos, ojo, tan sólo quería matizar por qué 'finisher' no es un concepto que satisface a todos.

La segunda pega que le veo, es que como alguien que compite en profesional (aunque me autodenomine “pseudopro"), dada la factura que pasa una prueba de este calibre hecha intensamente, terminar en ciertas ocasiones, en ciertos días malos o dadas ciertas circunstancias, no es una decisión inteligente, pues no va reportar nada, más que pérdidas en distintos planos, y conviene retirarse para estar listo cuanto antes para otra batalla. Queda menos decoroso de cara al público, expuesto a ese “como no iba bien, se retiró, en vez de dar la cara y seguir como los demás". La guerra es otra, y exponerse a lesiones o un mes de recuperación, siendo tu trabajo es como seguir trabajando en una obra en la que el patrón se ha declarado en quiebra y no te paga desde hace meses. Esto siempre que acabar en “a las bravas" sea una experiencia que ya se tiene de antes o cuando no es final de temporada y hay margen para “trabajar en otras obras".

Desde el verano de 2016 hasta finales de noviembre de 2017 fui testigo de cómo mi hermano peleaba en silencio para sacar una lesión. Consciente del nivel altísimo que tenía en bici tuvimos que plantear el trabajo de muy distintas maneras, haciendo multitud de actividades que resultan aburridas y hasta desagradables, para rehabilitar esa lesión. Los que han padecido lesiones largas saben cuánto desgastan. Cuando las cosas van bien cualquiera se machaca, el verdadero mérito está en mantener el trabajo que toca cuando no hay refuerzos positivos, cuando se avanza lentamente. Volviendo a la cita de Yeats, todo el mundo sabe pelear cuando se va ganando. En el Ironman de Arizona mi hermano hizo 4º, marca personal y bajó de 4h20 en la bici, pero no se trata de lo bien que entrenó el último mes, sino del empaque y carácter que mostró los 16 meses previos. Estas cosas nadie las cuenta, parece que mi hermano apareció ahí por arte de magia tras muchos meses sin competir a su nivel, algunos de ellos sin poder competir siquiera.

Una semana después, otro pupilo mío corría en Cozumel, esperábamos unos buenos registros, había mejorado y los entrenamientos daban cierta confianza. A partir de la 5ª hora de prueba la media en bici empezó a caer. La maratón fue por debajo de lo esperado, pero la peleó hasta el final como pudo (muy bien en mi opinión). Por suerte, este deportista fue capaz de ver que aprendió mucho más de sí mismo esas últimas horas de carrera, en lo peor, donde tuvo que sacar cosas de dentro que no sabía que llevaba, que si la prueba hubiera ido de perlas (y no con amagos de calambres y la certeza de que sería un día malo desde la 5ª hora). No necesité explicárselo. Creo que tampoco necesité explicarle que en la próxima carrera, a poco que no fuera un día malo, sería capaz de sacar cosas de dentro que ni imagina entrenando porque aprendió a exprimir sus recursos en un día malo. Ha de vivirse una especie de epifanía si el día en que probablemente más has sufrido (deportivamente) en tu vida lo consideras casi como lo más productivo que podrías haber hecho.

Por tanto, el tema que importa para mí, no es tanto ser finisher (si ése es tu reto), conseguir unos registros o ganar carreras, es el carácter que se requiere para conseguirlo, para llegar hasta ahí. Y ese carácter sale a la luz de verdad cuando las cosas van mal y se pelea desde la desventaja, desde la incertidumbre.

Para cualquiera que quiera tener éxito (su éxito, sus objetivos), quizá el primer paso para su propia excelencia está en saber luchar en esos momentos en los que está lejos de ella, en parte porque hay que viajar de un extremo a otro, en parte porque cuando va mal es cuando se maximizan rendimientos o se depuran eficiencias, procesos que llevan a brillar cuando va bien. Por eso a mí me gustan más los que lo hacen bien cuando van mal; de ésos hay que tomar nota porque sólo unos poquísimos tienen el talento para que todo les vaya siempre bien.