SIN CLEMENCIA: ¿Qué es lo mejor?

Twitter es ese fantástico lugar donde los que no lo han hecho le explican a los que sí lo han hecho cómo hay que hacerlo (aunque generalmente haya más de una manera de hacerlo).

Clemente Alonso.

SIN CLEMENCIA: ¿Qué es lo mejor?
SIN CLEMENCIA: ¿Qué es lo mejor?

Ya he dicho a menudo que mantengo una relación amor-odio con Twitter. Nunca antes el acceso a la información había sido tan fácil como en esta era de internet. Más aún, jamás había sido posible seguir a quien lidera un campo de investigación para estar al tanto de las últimas novedades, incluso a veces, antes de que sean publicadas (esos “pre-print” previos a la “revisión por pares”). Saco mucha información utilísima y filtrada ya sobre diversos campos que me interesan.

Sin embargo, incluso haciendo una buena limpia en quien se sigue, es muy frecuente estar muy expuesto a demasiado ruido (y bastante odio a veces, generalmente anónimo, del cual por ahora yo voy me librando), ruido que a veces hasta tapa la señal, sobre todo si le da a uno por entrar a leer los comentarios.

Con esa misma idea, no porque yo lidere nada, sino más bien porque, llevando más de dos décadas dedicadas a entrenar y competir a cierto nivel como actividad principal, me veo tentado a compartir cosas allí, por si son de utilidad a alguien. Sabiendo más o menos, siendo más o menos listo o tonto, sólo por el tiempo que llevo y la cantidad de errores que he cometido, creo que alguna cosa puedo contar. Me gustaría hacerlo más a menudo, si es de utilidad, ya que agradezco mucho haber podido aprender de otros, de gente que sabía de verdad... porque ésa es otra, generalmente el que sabe se dedica a hacer y le cuesta algo más echar tiempo en compartirlo en redes con el percal que se van a encontrar.

Así, cuando hablo alguna vez de entrenamiento, con el escaso contexto que la limitación de caracteres en Twitter impone, me veo obligado a matizar ad nauseam para evitar la típica discusión absurda, porque allí “todos vamos a hablar de nuestro libro” y no tanto a leer lo que otros escriben (vamos, que somos más propensos a entender lo que nos da la gana que lo que nos quieren decir). Por tanto es frecuente que tarde o temprano venga alguien a decir que “esto es mejor así”, “eso está mal” o “eso para qué”, sin preguntar antes si hay algún motivo. Y es muy probable que haya motivo(s) para una gran mayoría de cosas que no entendemos de entrada, que pocas cosas encajan en el reduccionismo causal de pensar que sólo hay una causa para algo sobre la que no actúa nada más.

A estas alturas, tanto por experiencia como por haber estudiado del tema con cierta profundidad, tengo una idea más o menos clara de qué aproximaciones al entrenamiento para Ironman son las ortodoxas. Sé también dónde hacer excepciones y modificaciones, como también sospecho dónde es muy probable que el consenso general pueda mejorarse, al menos en ciertos casos. Más o menos tengo una idea general buena y fundamentada, que intento mejorar siempre, de qué es lo que necesito hacer para entrenar yo o para entrenar a otros. Sin embargo a menudo aquello que sobre el papel parece sin duda lo mejor ha de pasar el filtro de las circunstancias personales, de las modificaciones que darán un balance neto más positivo. Porque a menudo lo que “de cuello para abajo” es lo mejor ha de condicionarse a lo que la persona “de cuello para arriba” necesita o incluso prefiere. Y éste es un enfoque que, viniendo yo del alto rendimiento, donde hay que hacer lo que toca sin rechistar, me ha costado adoptar.

Por ejemplo, éste es muy probablemente, salvo éxito estrepitoso (que como buen triatleta nunca descarto), el último año que correré en profesional. No necesito hacer bloques de excesivo volumen nadando o en bici (hace años que no las tolero tan bien corriendo), sin embargo son bloques de trabajo que me motivan muchísimo y, aunque sobre el papel resultan excesivos en carga e innecesarios en cuanto a demanda, hacen que el coste mental de entrenar y exigirme sea mucho menor y el balance neto más positivo. En Twitter alguno vendría a decirme que no sé o que eso es malo o que debería hacer tal o cual cosa, pero son éstas las que me mantienen más motivado cuando edad, familia y trabajo van haciendo entrenar duro aún más difícil.

De la misma manera, a veces, deportistas que he llevado, me han planteado retos deportivos que bien me parecían excesivos (en sí o para el bagaje de ese deportista) o bien cuadraban en mal momento (como aquella vez que uno corrió “Sables” tres semanas antes del IM de Lanzarote). Siempre he querido que el deportista decida su calendario, el que le motive más, y yo aportaba pros y contras o desaconsejaba si podía ser perjudicial para la salud.

Cada vez tengo más claro que la cabeza está sobre el cuerpo se mire como se mire y “lo mejor” es aquello que te permita seguir en marcha cuando lo ponen difícil los años, las obligaciones familiares y laborales. Sea deporte o salud, “lo mejor” es seguir activo y, sin faltar a la familia o el trabajo, disfrutar del deporte (y de la vida, que alguno lo olvida), y para eso uno debe motivarse como quiera o pueda. En mi opinión, no hay una sola forma de hacerlo bien, pero debería ser siempre flexible teniendo en cuenta al humano que hay detrás, con todo lo que implica ser humano.