¿QUÉ HACE AL FONDISTA? Nadie se quiso inscribir en esta carrera de fondo, pero es la que toca

La sección SIN CLEMENCIA... en estos tiempos de coronavirus.

Clemente Alonso

¿QUÉ HACE AL FONDISTA? Nadie se quiso inscribir en esta carrera de fondo, pero es la que toca.
¿QUÉ HACE AL FONDISTA? Nadie se quiso inscribir en esta carrera de fondo, pero es la que toca.

Hace un par de años tuve la suerte de poder dar una charla en el MBA Harvard sobre triatlón organizada por el club de triatlón de dicha universidad. Jamás se les volverá a colar un inútil como yo allí, pero, “burla burlando”, yo me quedé con la experiencia de pasar una semana con amigos, conocer aquello un poco y asistir como invitado a una de las clases de dicho MBA, invitado por uno de los organizadores de la charla y amigo hoy en día.

No solo me gustó el sistema de docencia que vi, con sus pegas como todo y tan distinto al nuestro, sino que se tocaron temas que me resultaron de particular interés. La clase, sobre “tráfico de talentos” entre compañías, por decirlo de una manera coloquial, terminaba con una pequeña charla del jefe de reclutamiento de los mismos de una gran compañía. Entre las muchas cosas muy interesantes que nos dijo me marcaron en particular dos: que sabía que su trabajo en no mucho lo haría una máquina y ya se estaba preparando para ese cambio, y que más que enseñar a sus hijos a programar, lo que él quería enseñar de verdad a sus hijos era a adaptarse rápidamente al cambio, que siempre se han dado “disrupciones”, pero nunca tan rápido como van a empezar a venir.

Desde luego me dio mucho que pensar durante un tiempo, tanto por mí como por un montón de trabajos que van a tener que dejar de existir para los humanos en los próximos años, como por cómo va a suponer un drama para aquellos que no tengan facilidad para adaptarse a esos cambios, que es algo que nos suele costar a todos. Lo que no se me hubiera ocurrido jamás es relacionarlo con una pandemia como la actual, cosas de ese famoso “wishful thinking” que nos la juega tanto (¡que nos la ha jugado tanto recientemente!), que plantea un escenario bastante peor, mucho más dramático, y que no afecta escalonadamente por sectores como lo hará el tema de esos trabajos que van a ir automatizándose.

Tenemos una gran tradición estoica en casa, a Marco Aurelio, aunque nacido en Roma, se le considera de origen hispano, como también lo era Séneca, “cordobés”. En ambos tenemos buenas lecturas para estos días de encierro, a los que seguirán semanas, meses, en los que la vida tampoco será “normal” del todo. Tendremos que recurrir por fuerza a esa resignación estoica, ya que no podemos hacer mucho más allá de cumplir aquellas normas de prevención y distanciamiento que hemos aprendido quizá tarde a aplicar. Este estoicismo, no puedo pasarlo por alto, no implica que no se tengan que exigir responsabilidades cuando el drama actual amaine: todos los trabajos conllevan cierta responsabilidad, pero a menudo parece habérsenos olvidado exigírsela a nuestros gobernantes... pero ese es tema para otro día y en otro espacio.

Siempre he dicho, medio en broma medio en serio, que las bacterias son las auténticas jefas del planeta. Las hay que soportan temperaturas de 100ºC (hipertermófilas) siempre que exista agua en estado líquido (solo se consigue a las altas presiones de las profundidades oceánicas). También las hay que soportan temperaturas bajísimas en la Antártida o ambientes ácidos como los del Río Tinto en Huelva, por poner un ejemplo cercano, o tan ácidos como 0'7 de pH.

Evidentemente, los plazos de adaptación que se asocian a cualquier proceso evolutivo son de una magnitud que nada tiene que ver con la de adaptarse a cambios disruptivos, lo que pretendo no es dar una clase de biología (aunque sean las bacterias extremófilas un tema apasionante), sino dar a entender con la analogía que vivir o no en ciertas condiciones depende de la capacidad de adaptación.

Será ese estoicismo de antes el caldo de cultivo inicial (si se me permite el juego de palabras) para resistir y adaptarnos a lo que esté por venir. No tenemos otra. Sin aceptar la situación es muy difícil adaptarse a ella. Eso sí, mientras muchos, antes de aceptarlo, nos hemos abandonado alguna vez a la frustración de ver nuestra afición, nuestro amor por el deporte, en suspenso, ya sea por no poder entrenar, no poder estar en el campo o al aire libre o por ver echado a perder grandes objetivos deportivos de la temporada que teníamos, una vez comprendida y asumida la verdadera dimensión del problema, la importancia en el contexto de la vida, la salud y el bienestar de las familias en general (incluido el marasmo económico que se nos viene encima), podremos usar y aprovechar algunas de las cosas más importantes que nos brinda ser deportistas de fondo, como son resistir ante la adversidad, luchar y mejorar con paciencia, reponerse de los contratiempos y de los momentos bajos, saber darle la vuelta al desánimo y a la frustración y pervivir, si toca, hasta que todo vuelva a estar bien. No podemos hacer otra cosa: somos fondistas y tenemos delante otro tipo de carrera de fondo. Resistiremos, como siempre hacemos.

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