Quizá haya esperas para no desesperar

SIN CLEMENCIA: "Los que nos dedicamos a entrenar a otros sabemos que lo más importante no son las competiciones, sino el trabajo que hay entre ellas".

Clemente Alonso

Quizá haya esperas para no desesperar.
Quizá haya esperas para no desesperar.

Me echan mucho en cara últimamente alguna entrevista que hice con Alejandro Santamaría en Kona el año pasado. Algunos, como el mismo entrevistador, más en tono de broma. Otros, como si no hubiera estado a la altura de lo que ellos mismos como espectadores me pagaron por esa entrevista (0€), en claro reproche. Además, hice eso que no hay que hacer nunca, que es entrar a leer comentarios, en algún post de ese vídeo (no recuerdo dónde) y un comentario mencionaba que cómo podía estar descontento habiendo hecho el 34º en Kona.

Vamos a dejar de lado que, con tantos años en el oficio, si uno a estas alturas no tiene claro cuándo ha rendido muy por debajo de su nivel, es que no ha aprendido nada en todos estos años. Vamos a centrarnos en la frase en sí: si a mí en cualquier momento de mi preparación y mis años como triatleta de LD me pareciera un buen resultado hacer el 34º en Kona, es que jamás me habría clasificado para ir allí en Pro en primer lugar. El que se ha clasificado para correr en Kona con el actual mecanismo de slots, o tiene un talento sobrenatural (no es mi caso) o es improbabilísimo que tenga una mentalidad que le permita pensar que está bien terminar tan por detrás de cabeza de carrera o en el puesto 34º, aunque fuera el último en un sprint entre 34 triatletas, todos en el mismo tiempo. Y esto, guste más o menos leerlo, es así: no todos pensamos igual y, por tanto, no todos enfocamos nuestros esfuerzos de la misma manera ni a todos nos vale lo mismo. A mí me gustaría haber resuelto la conjetura de Poincaré, pero la verdad es que no estuve jamás remotamente obsesionado con las matemáticas, no ya con dicha conjetura. Eso sí, me gusta que Perelman saliera de las matemáticas tras resolverla como lo hizo, que ya he mencionado aquí que es uno de mis héroes.

En otras ocasiones, yendo la prueba bien, me resultaban molestas las semanas posteriores a una victoria. Se le presta a uno demasiada atención, y por ese mismo motivo, de tener una mentalidad distinta en muchas cosas, yo ya estoy pensando en la siguiente carrera. No es que no disfrute la victoria o no esté contento. Lo estoy, es el colofón a una preparación muy sacrificada bien hecha, que no es nada fácil, pero, primero, lo importante fue la preparación para llegar ahí y segundo, me parece más importante mirar adelante y no estancarse en el pasado. Incluso cuando me ha ido bien y he ganado alguna prueba, al poco, quizá ya esa misma noche, yo ya estaba pensando en la siguiente, en qué tenía que cambiar o mejorar, qué había que corregir, qué supondría un reto motivador para el siguiente objetivo.

Alguno haciendo un análisis resultadista de esto que digo, puede pensar que no disfruto de lo que hago, cuando es lo contrario: yo disfruto mejorando con el proceso, esto es, con la “espera” entre objetivos. Lo que te lleva a la forma física y mental para ganar una prueba de cierto nivel no se consigue de un momento para otro, se trata de un proceso que lleva tiempo y trabajo que, mientras se hace, requiere paciencia.

Si estoy así de centrado en el camino hacia el siguiente objetivo cuando me ha ido bien, cómo no iba a estar sin ganas de hablar ni de quedar bien de cara a la galería cuando me había ido tan sumamente mal... supongo que no tiene mucho sentido juzgar los rendimientos o motivaciones de otro con la mentalidad de uno. Cuando vemos que últimamente se juzgan hechos de hace 500 años con la mentalidad de hoy en día, tampoco tiene mucho sentido meterse en esto. De lo que quiero hablar hoy es de esa “espera”, de la espera hasta el siguiente objetivo.

Muchos tenemos una sensación huérfana con todo este drama del Covid19. Evidentemente no es grave dado el panorama y las múltiples situaciones dramáticas de muchas familias, pero en lo que a nosotros como deportistas respecta, estamos como si hubieran parado de golpe la música y encendido las luces cuando iba a empezar lo bueno. Insisto, lo primero es lo primero, pero como deportista queda uno descolocado, desorientado. Esa espera que tenía uno ya canalizada para una competición, un objetivo, un bloque de trabajo... no solo queda truncada, sino que además, cualquier posible sustituto queda envuelto en un halo de incertidumbre que hace que no sepamos muy bien qué hacer: si esperar a ver si empieza la música de nuevo o si irnos para casa. Es decir, ¿habrá carreras este año como las que nos gustan o habrá que esperar más?

Los que nos dedicamos a entrenar a otros sabemos que lo más importante no son las competiciones, sino el trabajo que hay entre ellas. Las competiciones son si acaso, a efectos de entrenamiento, la forma de mantener viva la motivación en aquellos que son más competitivos, además de una forma de aprender. Un entrenador puede pensar que es la oportunidad ideal para trabajar cosas que habitualmente no encajan o pensar que va a seguir con su hoja de ruta para desarrollar a su deportista como pensaba. Sin embargo ese deportista a menudo necesita la certeza de que está llevando a cabo todo ese entrenamiento para una prueba dada, y eso, en estas circunstancias, deja a muchos entrenando mucho peor, fallando muchas sesiones, no esforzándose yendo a entrenar cuando termina de trabajar o, más recientemente, cuando está frito de teletrabajar con niños pequeños “liándola” en casa.

Aquí es cuando no tener una de esas esperas donde estás comprometido y centrado con el proceso de entrenamiento conviene, en mi opinión, que se sustituya por otra, aunque apunte a un objetivo casero, para seguir motivados y activos. Ejemplos tantos como permita la imaginación: aprovechar un bloque de “umbral” en bici para hacer marca personal en un puerto emblemático de la zona, mejorar marca en 1500 en piscina, ir en bici a una ciudad lejana y volver, mejorar esos tendones que siempre dan algo de guerra al apretar, etc.

Quizá alguno piense que le doy demasiada importancia a mantener el nivel de entrenamiento, pero más bien sigo aquello del “mood follows action” para los que han salido descolocados de esto por un lado... Por otro yo quiero que mi nueva normalidad sea tan normal como la de antes, aunque para eso tenga que usar algunos de estos trucos en esta espera que no era la que yo quería.