Clemente Alonso: “Con mucha frecuencia hay méritos que nunca se consideran justamente”

Nueva entrega de la sección SIN CLEMENCIA.

Clemente Alonso

Clemente Alonso: “Con mucha frecuencia hay méritos que nunca se consideran justamente”
Clemente Alonso: “Con mucha frecuencia hay méritos que nunca se consideran justamente”

Méritos

Una de las cosas que me gusta de la competición es que se trata de algo cruelmente meritocrático. De nuevo, como la vida misma a menudo se empeña en ser. No importa quién seas o qué tengas, todos parten de la línea de salida y gana el que mejor lo haga. Evidentemente los genes que te han tocado o el tiempo que tengas para entrenar influyen, pero a fin de cuentas, sobre todo en disciplinas como la nuestra, las clasificaciones finales son por norma general fruto de lo que se hace.

Podríamos entrar aquí a enfangarnos y discutir, cada uno desde su posición ideológica, sobre igualdad de oportunidades Vs igualdad de resultados, sin que cada uno abandonara nunca su posición de salida y, tal y como “funcionamos", aún más enrocados en nuestra posición, ya sea porque nos han dado la razón, ya sea porque “es tan ridículo lo que me han argumentado que no puede ser que no tenga más razón yo incluso que antes". Vamos, el día a día de estas cámaras de eco que llamamos redes sociales, tan buenas para unas cosas, tan malas para otras... y de todas formas la realidad tiende a funcionar a su manera, por más que nos empeñemos en negarla con nuestras expectativas.

El mérito del que yo quiero hablar hoy es otro. Estamos ya en época de competiciones. Recuerdo no hace mucho que le leí a otro entrenador que lo ideal sería que cada fin de semana compitiera uno solo sus deportistas. Así, si salía bien, el entrenador podría estar contento del todo y sentir que lo ha hecho bien (o que al menos no lo ha hecho mal) y si salía mal estar descontento o pensar que se ha de mejorar o incluso que tener dudas de la capacidad de uno era algo plenamente justificado. Sin embargo, cuando son varios los que compiten, siempre hay alguno al que no le va bien o incluso le va mal y da igual que al resto le haya ido bien, el entrenador sólo va a pensar en ese deportista que ha ido mal, en qué hizo mal como entrenador, en qué se pudo mejorar, incluso, en si es buen entrenador en general o no, aunque al resto le haya ido de cine.

Aparte, algunos de nosotros, que pensamos que es el deportista el que ha de adueñarse del proceso y sentirse la principal parte responsable en todo lo que respecta a entrenar, mejorar y competir, ganárselo y sentirse merecedor en resumidas cuentas, tendemos a culpar al deportista casi plenamente de los éxitos, pero no así de los fracasos. No es del todo justo, pero ayuda a perpetuar el buen trabajo: es importante que el deportista sepa que trabajar bien renta y que se presenta en la salida merecedor del éxito y es importante que si sale mal el deportista sepa que hace equipo con el entrenador a la hora de corregir y buscar soluciones (en vez de culpar al deportista, por razonable que pueda ser en algunos -pocos- casos concretos, aunque esto junto con el no dudar es algo que, en mi opinión, el entrenador ha de evitar hacer por defecto en la medida de lo posible).

Volvamos al tema de los méritos, que me voy por una rama que no toca hoy. Solemos ser tremendamente parciales a la hora de evaluarlos, porque desde el punto de vista de la competición puede que sí baste con mirar con frialdad aséptica la clasificación final. Sin embargo, tratando con seres humanos como nosotros, es in- justo no valorar la circunstancia de cada uno, como, usando el viejo chiste, decían aquellos dos filósofos. Como entrenador que viene del alto rendimiento es una de las cosas que he venido a aprender de entrenar a todo tipo de deportistas. Se suele hablar de fulanito que corrió en tanto o que ganó su grupo de edad y se clasificó para Kona, o de menganito, que en tres años pasó de hacer esto a hacer lo otro.

Y tienen el reconocimiento del público en general y hasta los ladridos de pocos que odian ver cabalgar a los demás, pero generalmente de esas hazañas no son capaces todos, ya sea por talento (la naturaleza es así de injusta o quizá nos pusimos a hacer algo para lo que la naturaleza “no nos había pensado"), ya sea por disponibilidad de tiempo o recursos.

Y aquí es donde, si uno va más allá de mirar sin atención sólo la superficie, empiezan a aflorar los méritos que rara vez trascienden del ámbito personal y puede ver uno todo tipo de historias: gente que consigue preparar con gran solvencia un IM con trabajos de mucho estrés que implican varios vuelos transoceánicos al mes, gente a la que no se le cae la preparación de un IM cuando se le juntan picos estacionales de trabajo de más de 60-70h semana (sí, eso implica llevarse mucho trabajo a casa los fines de semana), gente que venía con una preparación impecable y a 6 semanas caen con una lesión de difícil diagnóstico que no les permite correr (y aun así deciden ir a hacer la bici para aprender -y encima terminan-), gente que se tira a hacer “cuatro largos" mientras los hijos están en el cursillo (lo de los hijos en general es “otra dimensión"), otros con personas dependientes a su cargo...

Hay mil historias diferentes de las que no se oye nunca, porque no terminaron el IM con tiempo bonito o porque no sacaron plaza para Kona o no ganaron. No solemos ser justos con sus méritos, tampoco lo son ellos a menudo consigo mismos. Por eso, incluso si no ha ido bien, además de ayudar a buscar soluciones, intento dar siempre la enhorabuena y mostrar mi reconocimiento al que se esfuerza tanto. Si yo me tuviera que ir a la guerra me iba con esta gente, al menos sé que saben llevar una pelea cuando las cosas no son fáciles.