La vida se complica: una reflexión sobre la veteranía y la vejez en el triatlón

"Entrenar va siendo más complicado... Recupero peor, me lesiono mucho... Duermo peor aún que antes y me canso rápidamente...".
Clemente Alonso -
La vida se complica: una reflexión sobre la veteranía y la vejez en el triatlón
La vida se complica: una reflexión sobre la veteranía y la vejez en el triatlón

Recuerdo cómo de junior no hacíamos ningún caso de aquellos compañeros de club veteranos o de aquellos ciclistas de la grupeta mayores cuando hablaban de lo difícil que era entrenar con 40, 50, 60 años. Recuerdo también cierta condescendencia cuando alguien comentaba lo difícil que era salir a entrenar después de terminar con los niños, como dando la razón con algo que es evidente, pero sin entenderlo del todo y, desde luego, sin empatizar en absoluto. Recuerdo también cómo no dábamos valor a las generaciones anteriores de deportistas, como si fueran peores que las de ahora, sin tener en cuenta que cada momento permite ciertas cosas y no tiene sentido comparar deportistas de distintas épocas (aunque en un deporte nuevo como el nuestro sí habría que decir que la generación anterior a la mía fue la que abrió el camino). Recuerdo tener tiempo libre y recuerdo no ver por qué no iba a llamar a un amigo de verdad por teléfono, cuánto menos no tener tiempo ni para acordarme de él.

La vida se complica. No nos damos cuenta o nos damos cuenta tarde, como decía Gil de Biedma, pero poco a poco vamos añadiendo obligaciones a la rutina cotidiana. Pasamos de contemplar unas muy llevaderas obligaciones académicas y familiares de la adolescencia, que a esa edad, por momentos, nos parecieron unos estupendos vasos de agua en los que ahogarse, a asumir otras más exigentes, ya sea en la universidad o directamente en el mundo laboral. Gradualmente, nos vemos con pareja, con hijos, con un trabajo más o menos complicado e, imagino que no me pasa sólo a mí, de cuando en cuando se acuerda uno de esas cosas que comentaban “los mayores” y no alcanzaba uno a entender de verdad entonces.

Los adolescentes, “los junior”, seguirán siendo así (o deberían), queriendo “llevarse la vida por delante”, ajenos a todas estas cosas a las que poco a poco les pre- parará la vida o, más bien, tener que enfrentarse a ella. Y ha de ser poco a poco, porque si uno supiera de verdad cómo se va complicando todo y qué responsabilidades tocará asumir y qué implican, sería un espanto.

Tengo suficiente edad como para saber que no sé si esto se complicará aún más de lo que ya sospecho que se va a complicar. La experiencia de ir viendo que a mis mayores, los deportivos y los otros, el tiempo les daba la razón con una profundidad que no podía sospechar, por mucho que les diera la razón, me hace estar abierto a seguir escuchando las cosas que me digan y a esperar esta vez que seguramente no comprendo bien del todo a qué se refieren.

Entrenar va siendo más complicado en muchos sentidos. Recupero peor, me lesiono mucho para alguien que de los 20 a los 34 apenas se lesionó (sólo tonterías menores) y tardo en curar esas lesiones. Duermo peor aún que antes y me canso rápidamente. Como es normal tengo obligaciones laborales que a menudo me sacan de punto y protestar no hace que el trabajo quede hecho. Tengo una hija pequeña y no tenía ni idea de que cuando me decían que los niños cansaban mucho yo estuviera subestimando tanto lo que me decían (y no hablo de no dormir por las noches, hablo de no parar por el día). Me veo entrenando a deshoras cuando he cumplido con lo que toca. Tengo, como todos, que pagar alquiler y otras facturas y preocupaciones más allá de mí mismo y que por eso son importantes de verdad, porque con los años uno va aprendiendo también la importancia de la familia. He sentido alguna vez también como a los que ahora casi somos viejas glorias se nos da por acabados con cierta facilidad, sospechando también que lo viejo (yo) parece no ser “lo suficientemente bueno”. No tengo tiempo libre y a esos pocos amigos de verdad que tengo hay veces que tardo meses en llamarlos (como ellos a mí), por- que la vida se ha ido complicando.

Todo esto es ley de vida y seguramente coincidamos en que estoy escribiendo obviedades (obviedades que no vemos hasta que nos toca vivirlas, todo sea dicho), sin embargo, en lo meramente deportivo, muy a menudo lo pasamos por alto. Como entrenador he tenido la oportunidad de ver los encajes de bolillos para entrenar que hacen algunos, a deshoras, cuando lo normal sería quedarse en el sofá, si no ir a dormir, y me da pena no haber podido valorar de verdad ese esfuerzo antes de “sufrirlo” yo, por mucho que me pareciera que sí lo hacía (algo parecido me ocurre con aquellos que sacan lesiones difíciles adelante). Seguiremos sin saber de qué va la veteranía o incluso la vejez en el deporte hasta que nos veamos en ella, porque parece que sólo lo joven, lo rápido y vigoroso, tiene cabida, pero, creyendo firmemente que el deporte es un tesoro que debiera durar toda la vida, quizá valorar un poco más a nuestros deportistas veteranos, e incluso alguna vez hacérselo saber, no estaría de más, aunque sólo sea porque habitan el camino que nos gustaría llegar a transitar.

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