Hay que hacer más a menudo por recordar qué nos hizo meternos en esto

A menudo volver a los orígenes, a lo que nos hizo engancharnos a esto en primer lugar, sirve para reconducir la situación y reconciliarse con el deporte.
Clemente Alonso / foto: @trijuice -
Hay que hacer más a menudo por recordar qué nos hizo meternos en esto
Hay que hacer más a menudo por recordar qué nos hizo meternos en esto

Los que me conocen saben que quizá casi lo único que motiva cualquier actividad deportiva que hago es mejorar el rendimiento. Me ocurre hasta el extremo casi obsesivo-compulsivo... a veces hasta resulta estúpido el tiempo que paso desgastándome pensando en sutilezas para hacer lo que más favorezca el rendimiento, olvidando el desgaste de tomar todas estas decisiones pequeñas que casi no van a ninguna parte, por no recordar, aparte, una vez más, que lo que importa es la acción.

De la misma manera, aquellos que entrenan conmigo, aunque entreno a deportistas de todos los niveles, suelen también estar preocupados, en mayor o menor medida, por el rendimiento. Esos mismos, los que entrenan conmigo, saben que una de las preguntas menos productivas, al menos aparentemente, que me pueden hacer es: “¿Qué pruebas decido para mi calendario? ¿Qué corro? ¿Este IM que es lento y bonito o este que es rápido? ¿Cuál nos viene mejor para la preparación?”... Con ciertos límites, que básicamente persiguen que el deportista siga sano, la respuesta invariablemente es: “Lo que más te motive”.

Pongo a menudo el ejemplo de un deportista que entrené hace algún tiempo que se empeñó en correr Maratón des Sables y tres semanas después el IM de Lanzarote. Esta propuesta sí que bordeaba esas líneas rojas que mencionaba antes que pueden poner en peligro la salud del deportista, porque si no le va a dejar frito Sables pri- mero, el estrés físico y hasta psicológico de ir a por Lanzarote luego ya nos metía en un riesgo muy alto de que algo en algún momento saliera mal. Informado de los pros y de los contras y de lo que había que asumir, sobre todo en lo referente a la preparación condicionada de la primera prueba y a la ejecución, también condicionada, de la segunda, seguía en sus trece. “¿Es lo que te motiva?” Pues adelante que fuimos. Pasó, sobre todo en Lanzarote, lo que más o menos previmos, pero el deportista terminó contento. Siempre cuento esta historia cuando alguien insiste en que yo le defina el calendario.

Cada vez hay más literatura científica sobre el peso que tiene “la cabeza” sobre el resto del cuerpo en lo que al rendimiento se refiere, pero ya a efectos prácticos no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que si sostenidamente en el tiempo no hay ningún tipo de refuerzo positivo es cuestión de tiempo que todo se desmorone, por mucho que “de cuello para abajo” se haya hecho todo lo que “el reglamento” dice que es lo mejor. Por mucho que yo sea un entrenador con cierta predisposición a preocuparme más por el rendimiento, ningún entrenador quiere tener un deportista infeliz. Aparte, a poco que ese entrenador sepa cómo es la dinámica física y psicológica en el entrenamiento que busca el rendimiento, sabrá que va a rendir siempre más el deportista que está contento. Y al entrenador que le dé igual todo esto, pero no su modelo de negocio, quizá pueda aplicarlo igualmente si se para a pensar que quizá es más fácil fidelizar a un cliente feliz que a uno que no lo es.

Sin embargo, muy a menudo, sobre todo los deportistas con ciertas ambiciones o aquellos que son muy exigentes consigo mismos se olvidan de esto, incluso a sabiendas de que es lo más práctico para rendir más, que “parece ser lo único importante” y andan haciéndose la vida infeliz por andar pensando de más en cosas que en el fondo no han de ser más que accesorias al verdadero asunto de fondo: hacer con pasión aquello que nos gusta. Nos ha pasado a muchos alguna vez, desde pensar demasiado en la comida, en que si hay que hacer ciertos volúmenes, que si debería estar ya corriendo a no sé cuánto, que si otros años por estas fechas había hecho ya “no sé cuantito”, etc. Esas ideas comienzan a ser obsesivas y lo que debiera ser un accesorio que mejorara el disfrute de la actividad que nos gusta acaba siendo el centro de nuestras obsesiones, ya no pensamientos.

Cada vez que veo a alguno de los míos entrar en barrena con estas cosas le pido que me digan qué es lo qué más les motiva, qué les hace disfrutar independientemente del rendimiento o si hay algo fuera de la rutina habitual que les motivaría hacer... y eso es lo que va al entreno, incluso si perjudica al rendimiento en general o en particular para el momento de la temporada en que estamos, junto con la orden clara de no preocuparse ni del triatlón ni del rendimiento esos días. A menudo volver a los orígenes, a lo que nos hizo engancharnos a esto en primer lugar, sirve para reconducir la situación y reconciliarse con el deporte. Nada para rendir como estar motivado, tener ilusión y no sentir lo que se hace como una obligación (hacer, ser, no padecer ni dejarse llevar). No es difícil entrar en estas dinámicas, pero desde luego es difícil salir de ellas, sobre todo porque a menudo no se da uno cuenta de que está en ellas. A veces es necesario que ocurra algo malo, consecuencia seguramente de esas malas dinámicas, como lesiones, bajo rendimiento, estrés y hasta asco del propio deporte que tanto nos gustaba.

Por eso cada vez que algo se tuerce me planteo yo también estas cosas para mí mismo. Tanto el año pasado como éste mi preparación para el IM de Texas se vio truncada por molestias físicas (este año muy leves). El año pasado me lancé a hacer dos semanas de muchísimos kilómetros en bici, más de lo que sobre el papel sería lo ideal para mí, tanto que me obligaba a entrenar mal natación y carrera, tanto que incluso por contenidos puede que comprometiera el trabajo previo, pero el placer de hacer muchos días seguidos salidas de muchas horas, de ésas que cuando vuelvo a casa parece que salí el día antes, compensan con creces el sinsabor de que el entrenamiento se torciera. Incluso si no sirve para el entreno o para competir mejor, el hecho en sí de disfrutar del deporte y reconciliarse con la actividad merecen la pena. Hay que hacer más a menudo por recordar qué nos hizo meternos en esto.

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