Debutar en Ironman: "Cubrir la distancia es posible... Dominarla es otra cosa"

Estando un tanto de moda decir que se ha hecho o se prepara un Ironman, quedarse en la superficie es no comprender la magnitud de un reto que para muchos tiene una dimensión no sólo física, sino también espiritual.
Clemente Alonso -
Debutar en Ironman: "Cubrir la distancia es posible... Dominarla es otra cosa"
Debutar en Ironman: "Cubrir la distancia es posible... Dominarla es otra cosa"

Me piden que hable sobre principiantes en triatlón que debutan con un Ironman. Personalmente no creo que sea algo que no se pueda hacer, todo depende del ritmo que se escoja y nuestros cuerpos están diseñados para sobrevivir, para lo cual se debe ser capaz de sobrepasar los límites cotidianos del esfuerzo, sin embargo hay algo ahí que no acaba de cuadrar. Intentaré explicarme.

Debiera quizá empezar diciendo que en todo proceso de entrenamiento a largo plazo hay que ir cubriendo una serie de plazos, consiguiendo una serie de metas, sentar unas bases, “empezando la casa por los cimientos”; todo entrenamiento debe ser progresivo, ir a por unos objetivos tras haber logrado los inmediatamente anteriores. Si no se respeta esa progresión vienen las lesiones, el sobreentrenamiento, el cansancio excesivo, el terminar asqueado con el deporte, el no cumplir con los objetivos y, a la postre, la frustración y “quedarse por el camino”. Quizá más importante que no quedarse en el camino sea llegar a dar lo que uno vale, superarse, no contentarse con cualquier cosa ya que nos embarcamos en reto (si no, pongámosle otro nombre).

Debiera quizá mencionar que, para muchos, terminar el Ironman, no es entrar en meta habiendo cubierto las distancias, sino dominar dichas distancias. De la misma manera que hacer una maratón es correr 42195m, pudiendo con ellos, y no al revés. Cubrir las distancias del IM en tiempo dado (17h, generalmente) es muchas veces factible; dicho límite de tiempo es en cierta medida arbitrario, porque el día tiene 24h. Cubrir las distancias en más o menos tiempo siempre es posible. Dominar la distancia, rendir haciendo justicia a las propias capacidades, es otra cosa, otra cosa que no se puede afrontar de cualquier manera en tan poco tiempo.

Debiera quizá señalar que, estando un tanto de moda decir que se ha hecho o se prepara un Ironman, quedarse en la superficie es no comprender la magnitud de un reto que para muchos tiene una dimensión no sólo física, sino también espiritual, filosófica. Una dimensión en la que no se puede entrar si lo que queremos es plantar la bandera en la cima sin saber qué ha sido del camino, habiendo hecho una ascensión prácticamente con los ojos cerrados. Esto quizá sea sólo algo que nos preocupa a unos pocos, pero el sacrificio, el compromiso, el dialogo interno y la introspección forzosa de tantas horas de entrenamiento exigidas para dominar la distancia son lo que realmente hace que nos enganchemos al fondo (como ese anuncio que dice que “correr te libera de algo más que sudor”).

Debiera quizá acudir, como médico, a citar una serie de motivos de salud para disuadir al que pretende debutar en el fondo en general y en el triatlón en particular haciendo la machada en un Ironman, citando ejemplos de triatletas siniestrados para la vida deportiva (y para la vida en general en algunos casos cuando quedan lesiones crónicas), física y emocionalmente, que los hay a patadas, pero ese tono paternal no me va mucho.

Debiera quizá hacer notar, como enamorado de este deporte que soy, que se pierde uno, con esta forma de iniciarse, muchas otras facetas del triatlón que poseen distancias más cortas. Un buen entrenamiento de triatlón permite hacer todo tipo de distancias con solvencia (aunque para entrenar bien no se puede tener prisa).

Debiera mencionar todas esas cosas, pero ya he dicho que a mí ese tono paternal no me va, que ya somos todos “mayorcitos”.

Lo que sí voy a recordar es lo siguiente: cuando hemos tenido una cita o una pareja, la magia ha estado en la incertidumbre inicial, en ser capaz de posponer los placeres (dilatándolos), en conquistar pequeñas parcelas poco a poco, tardar un tanto hace que se disfrute mucho más del camino, “en ser capaz e enamorarse”. Perdemos fácilmente el interés en aquello que se consigue rápido, no se profundiza en aquello que conseguimos rápido, no se aprende, no se conoce, nada de aquello que se consigue rápido, no se valora aquello que se consigue rápido, de cualquier manera. Todo esto aunque sólo sea por sacar provecho, aunque sea un provecho casi lúdico, de aquellas aventuras en las que nos embarquemos.

Por eso invito al que se plantee hacer un Ironman “de buenas a primeras” a no quedarse en la superficie, a aprender por el camino (del deporte y de sí mismos), a disfrutar con las pequeñas conquistas, con el largo y paciente camino que requiere dominar la distancia, el largo y paciente camino que requiere ser un Ironman. Disfrutará mucho más del resultado, no sólo porque éste será mucho mejor, en todos los sentidos.

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