¿Cuál es el entrenador ideal y cuánto hay que pagar por él?

Las dos cuestiones básicas a la hora de decidirse: cuáles son las necesidades y circunstancias y cuál es el presupuesto.
Clemente Alonso -
¿Cuál es el entrenador ideal y cuánto hay que pagar por él?
¿Cuál es el entrenador ideal y cuánto hay que pagar por él?

CON EL CAMBIO DE TEMPORADA, CAMBIOS…

¿Cuántas horas pasas al año entrenando?

Llegan estas fechas y varios temas son recurrentes, entre ellos, generalmente tras el descanso del guerrero, las cosas que hay que cambiar: que si voy a cambiar la bici, que si las ruedas, que si me voy a cuidar la comida o bajar peso, que si tengo que nadar más o de qué me sirve entrenar tanto, que si voy a ir “más aero”, que si...

Todos estos cambios me parecen buenos, yo mismo, por ejemplo, tras tantos años, “me sigo viniendo arriba” con bici o ruedas nuevas, sigo haciéndome un fitting cada año para seguir mejorando, sigo “replanificando” y pensando en pequeños cambios para mejorar. No iba yo a ser diferente y me parece razonable cuando no se “repiensan” de más las cosas.

Sin embargo, tengo la sensación de que la decisión del cambio de entrenador se hace en otros momentos y a veces en las peores circunstancias, en momentos puntuales en los que van las cosas mal, independientemente de lo que haya hecho mejorar ese entrenador o de que haya un estancamiento o no, sin ser capaces de tomar esa decisión en el contexto general, que puede ser perfectamente el de una tendencia clara de mejora, a pesar de la situación actual.

Estoy retomando desde hace poco mi faceta de entrenador y me han llegado consultas últimamente, cuando he estado cerrando el grupo, que me hacen pensar estos días en cuál es la mejor manera de decidir en lo que respecta al entrenador. Vamos a partir de la premisa indiscutible de que lo ideal es un entrenador, experimentado y muy al día, que esté a pie de pista/piscina en cada sesión y que se preocupe de cada caso e individualice, sabiendo hacer cambios sobre la marcha, cuando sea necesario, y sabiendo también ver las necesidades de cada nivel, que no es lo mismo lo que necesita una escuela -nunca me cansaré de repetir que no agradeceremos bastante la labor, ni a nivel deportivo ni a nivel social-, que lo que necesita un deportista ya formado de alto rendimiento... casi nada, ¿eh?

En fin, vamos a dejar de lado el tema del tiempo que requiere por parte del entrenador y de cuánto debiera costar tal grado de conocimiento, ser tan experto, y disponibilidad y vamos al grano con dos cuestiones básicas a la hora de decidirse: cuáles son las necesidades y circunstancias y cuál es el presupuesto.

En cuanto a la realidad de cada deportista (necesidad más circunstancia), y empezando desde abajo, siempre es mejor un club o una escuela para la gente que empieza (sean adultos o chicos creciendo, respectivamente). Comento esto porque he visto casos de chicos que eran claramente “material” de escuelas y andaban pagando entrenamiento “online” buscando rendimiento cuando claramente no sabían nadar.

Con los adultos pasa parecido, sólo que ya tienen más compromisos a la hora de poder ajustarse a la disciplina de un grupo, pero siempre es demasiado lo que hay que aprender como para que la convivencia diaria en un grupo sea superada online, aunque sea con presenciales (se puede, pero es más complicado). Puede parecer que tiro piedras contra mi propio tejado, pero creo que es importante no perder un trasfondo ético del trabajo que se hace, no se trata de facturar a cualquier coste ni de engañar. En el siguiente escalón podríamos tener a gente que quiere rendir algo más (o “mejor”), o que no se preocupa tanto del rendimiento, pero por circunstancias personales no puede acoplarse a un grupo de entrenamiento. Es aquí cuando otros tipos de entrenador entran en escena y, sin querer, a medida que aumentan necesidades o se complican las circunstancias cobra más importancia el tema del presupuesto.

Si la circunstancia impredecible del deportista hace que se caigan muchas sesiones a última hora, sin que el entrenador pueda tomar medidas, haciendo que el entrenamiento finalmente sea una guía, casi lo mejor es ajustar el presupuesto al máximo. No tiene mucho sentido invertir más dinero si de lo que planifica el entrenador a la realidad final ejecutada dista un abismo. En el entrenamiento, como en cualquier otro trabajo el precio pagado es proporcional a la atención prestada, al tiempo invertido en el servicio, y no es muy difícil ver que quien entrena a 50 personas no puede ofrecer lo mismo que el que entrena a 10, básicamente porque no hay horas en el día. Como con cualquier otro gasto, a partir de las necesidades, condicionadas por las circunstancias, a medida que se compliquen, más rentable será invertir más.

Aparte está un tema obvio en muchos trabajos especializados: no se paga sólo por el trabajo y tiempo empleados en el servicio, sino por el conocimiento (“ciencia y experiencia”) que tiene el profesional y, por tanto, cuanto más interesado esté uno en el rendimiento más rentable será invertir en alguien con más conocimientos y experiencia (las dos son importantes, haber hecho ciertas cosas uno mismo, como deportista, es un gran aval). La escala de posibilidades tiene puede tener todos los grises, pero en resumidas cuentas, aunque no estoy descubriendo la pólvora, que se haga una gestión del presupuesto razonable, sin gastar de más cuando no hace falta, ni esperar la atención más detallista del presupuesto más limitado. Se trata de una inversión que va a condicionar rendimiento y disfrute en nuestra afición preferida mucho más que “otros cambios”, materiales o no, con las “horas humanas”, dinero e ilusión que conllevan; una inversión rentabilísima si es acorde a nuestra necesidades con la que conviene estar convencido al 100%, pero esto es ya quizá, discusión para otro día.

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