Aerodinámica básica en bici

Un buen material y algunos consejos pueden hacerte rodar a ritmos que jamás hubieras pensado.
Óscar Díaz Fernández -
Aerodinámica básica en bici
Aerodinámica básica en bici

Si no lo veo no lo creo... 

“¿Con que la flecha no hace al indio y el equipo no te hace mejor? Te voy a dejar unas ruedas aero de 2.000 euros para que veas lo que es bueno y la próxima vez no te tires a la piscina sin ver si hay agua o no”, me escribió Antonio del Pino en un correo electrónico nada más publicarse la entrada “sobre-equiparse no es la solución” en este blog. Y la verdad es que ¡vaya si se notan! Pero, sobre todo, me han servido para reafirmar algunas nociones que tenía, aprender algo de aerodinámica ciclista y cómo mejorarla tanto en una salida de fin de semana en grupo como rondando en solitario con la mente puesta en un triatlón sin drafting.

En la bici, nosotros somos el primer problema para conseguir una buena aerodinámica. Sí. Nuestro cuerpo no presenta un plano alargado al aire. Somos anchos de hombros y con poco fondo. Especialmente si, como yo, llevas una postura bastante erguida –la que solemos llevar quienes no tenemos una flexibilidad lumbar brutal, unos músculos estabilizadores del core de primera ni estamos dispuestos a ir con el cuello estirado todo el tiempo–. El viento va a chocar contra nuestro pecho como si fuera una pared y vamos a necesitar gastar gran cantidad de energía para lograr un buen ritmo de marcha. Aunque, ¡claro!, eso también podemos considerarlo un plus de entrenamiento.

Algo ya había intuido, o más bien lo había visto en televisión al ver circular a rueda, cuando el que tira del pelotón agacha la cabeza, parece que la mete entre los hombros, se agarra de la parte inferior de la curva del manillar. Otras veces se ve cómo apoyan las manos en los escaladores, ponen la espalda más horizontal e incluso apoyan los antebrazos en el tubo del manillar mientras los demás se benefician de que alguien vaya llevándose el aire. Lo que están haciendo es, en realidad, modificar su posición, reducir la superficie frontal y mejorar la penetración aerodinámica. O sea: ir menos frenados por el aire. Y eso mismo busqué en un primer término. ¿El resultado? Sorprendente. Con la misma sensación de esfuerzo podía bajar, y moverlo, un piñón. Justo lo contrario que pasa al ir a rueda, que puedes ir a la misma velocidad relajando una corona ¿Sabes cuántos vatios hacen falta para permitírtelo? Yo no, pero de momento tampoco lo pretendo. Me quedo con la sensación y el resultado.

El siguiente paso fue probar un manillar de triatlón. Me prestaron uno corto, de esos que no sobresalen de la punta de las manetas y podría usarse en un TRI con drafting. Y ya el primer día quedé impresionado por motivos tan contundentes como diferentes. En lo negativo, me chocó la sensación de lo estrecho que parece volverse el manillar y cómo en el propio esfuerzo de la pedalada podemos llegar a tener dificultades para mantener la línea. Y el segundo efecto, mucho más positivo, es lo fácil que es rodar en llano más deprisa ¿Por qué? Muy fácil. Por la ganancia aerodinámica. Resulta que bajas la cabeza y estiras la espalda , pero también tus brazos dejan de estar a los lados y pasan a “romper” el aire que luego pasa a tu lado. ¿Resultado? Que te sientes poderoso y sin siquiera bajar un piñón la velocidad aumenta hasta el punto de que los amigos tienen que aumentar su esfuerzo para mantener tu rueda. Como, además, es un acople montado sobre una bici de ruta, no tengo las limitaciones de una bici de contrarreloj, con los pulsadores del cambio en la punta del acople, y hay que soltar una mano del manillar cada vez que quieres hacer un cambio si no vas acoplado. Éxito.

Llega así el día de probar unas ruedas de perfil prestadas por la revista. Unas Profile Design extremas, de 78 mm, montadas con neumáticos S-Works Turbo que ruedan con una facilidad extraordinaria sobre asfalto fino. ¡Qué barbaridad! Es lo primero que pienso cuando escucho el sonido del trinquete de la rueda trasera y toco el carbono de esas llantas de perfil brutal. “Ten cuidado con el viento cruzado”, me han advertido, sobre todo si vas en el acople. Y a fe que este indio nota la calidad de la flecha para lo bueno y lo malo. ¡Qué fácil es ir rápido en llano y más si te agarras al acople! Pero no es sólo la mejora en cuanto a efecto giroscópico que pueda tener, o la sugestión de escuchar ese Zoom Zoom Zoom cuando te pones de pie y metes toda la fuerza de los pedales al acompasar la bici con el pedaleo. Es también como te impulsan hacia adelante a medida que ganas velocidad y puedes flirtear rodando en llano con unos impensables hasta el momento 40 km/h. En los poco más de 2.000 km que llevo, con mi cuñado rodando impertérrito en su Haibike, hemos visto cómo hemos ido superando salida tras salida nuestro promedio de velocidad en la ruta de test Torrejón de Ardoz-San Martín de la Vega y hemos visto cómo son pocos los ciclistas que nos adelantan y ya hemos superado los 31 por hora de promedio, bastante bien para un globero como yo.

Pero también he aprendido a leer el terreno. Mirar a los bordes de la carretera para ver cómo se mueven los árboles, humo, banderas, vegetación de los bordes...cualquier indicativo que te permita adivinar por donde sopla el viento y si vas a tener que cargar peso extra en un lado de la bici para compensar una ráfaga de viento inesperada que te pueda llegar a tirar. Porque ese perfil extremo tiene su efecto para lo bueno y para lo malo. Como soy un tío muy positivo... me quedo con lo bueno. Y si los de Profile se empeñaran... podría hacer una oferta por esas ruedas para ir a las competiciones. Porque además de efectivas, ¡hay que ver lo bonita que queda la bici!

El último paso en la transformación hacia el debut en la media distancia ha venido de cambiar la tija del sillín por una con retraso y montarla invertida para así adelantar el sillín –no lo he cambiado aún por uno específico de nariz más corta– y seguir ganando en posición aerodinámica. Sí. Mi Trek Madone 5.2 se ha convertido ahora en casi en una “cabra” y, aunque el cuadro no es de tubos planos, poco me importa esa ganancia marginal. Sí que me importa que la ropa esté ajustada (algo garantizado en triatlón por la lycra del mono de TRI) y que el casco sea cómodo, no baje hasta las cejas y así no obligue a  levantar la cabeza para ver (perdiendo aerodinámica y cargando mi sufrido cuello), lo que me ha garantizado el Catlike Cloud que además tiene un punto aerodinámico. Es mi equipo, con el que he podido aprender cómo rebajar la resistencia al aire, que pasa primero por tu cuerpo, luego por tus ruedas, después por el cuadro de tu bici y finalmente por tu equipación. Y, aunque lo suponía, me reafirmo en que un material de primer nivel no va a convertirte en un Gómez Noya, pero sí mejorar, ¡y mucho!, tus registros y te puede motivar a salir a usarlo. Pero tampoco debes caer en la radicalidad máxima, sino en lo que por tu estado de forma, técnica y poder adquisitivo te puedas permitir.

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