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Un triatleta por dentro

¿Te has preguntado alguna vez cómo es capaz de aguantar tu cuerpo tu ritmo de entrenamientos y competiciones?
JUAN DE LA TORRE CORVILLO -
Un triatleta por dentro
Un triatleta por dentro

El cerebro es el órgano que regula todas las reacciones que se producen en nuestro organismo. Para poder poner en marcha la musculatura y mantenerla activa es necesaria la activación de algunas partes clave del cerebro.

• Los receptores vestibulares están situados en el oído interno y son los encargados de indicar la posición y velocidad del desplazamiento.

• Los ojos son los mayores correctores de errores, aportando la información necesaria para actuar con la precisión e intensidad necesaria. Nada siempre con unas gafas que te permitan ver bien y pedalea y corre siempre con protección óptica de calidad. Si necesitas graduación es la mejor inversión, no sólo porque disfrutarás más sino porque le das más calidad de información a tu cerebro para que actúe con más precisión.

A grandes intensidades, si no se está muy entrenado, los músculos se empiezan a bloquear debido a la  inhibición de los impulsos nerviosos. Esto se produce a modo de protección cuando hay una gran concentración de lactato en sangre para permitir al organismo que se relaje y tenga tiempo de procesar y utilizar ese lactato como fuente de energía.

¿Se puede entrenar el cerebro?

Claro que sí.

Los músculos tienen aproximadamente el mismo número de receptores nerviosos que dan lugar a los movimientos. En nuestro día a día no necesitamos el 100% de estos receptores, lo que hace que poco a poco se vayan haciendo más perezosos y los tengas desactivados.

Con el entrenamiento aumentas la participación de los receptores nerviosos más desactivados como consecuencia de la mayor demanda de fuerza que exigimos a nuestro organismo. Un ejemplo muy claro se aprecia cuando llevamos tiempo sin ir al gimnasio.

Los primeros días comenzamos con un peso muy bajo y a las dos semanas somos capaces de mover bastante más peso. Esto no es consecuencia de una ganancia de músculo, sino de una mejora de las  conexiones motoras que son capaces de sincronizar sus acciones en vez de actuar de forma descoordinada.

Otro factor que afecta al cerebro es la concentración, el canal de comunicación entre tu cerebro y tus músculos. Cuando estás concentrado mejoras y sacas un mejor partido al esfuerzo, tanto en carrera como en  entrenamiento, y por ello debes entrenar la concentración visualizando el esfuerzo que estás realizando y el que vas a realizar.

Siente tu cuerpo desarrollando una buena técnica mientras aprecias el avance de tu cuerpo… Tomar referencias en el espacio a corto plazo sin pensar en el total, llegar a un punto determinado y desde ahí pensar en otra referencia… te ayudará a dar el máximo de ti y a tener siempre un cerebro capacitado para asumir cualquier nivel de esfuerzo.

El cerebro es el órgano que regula todas las reacciones que se producen en nuestro organismo. Para poder poner en marcha la musculatura y mantenerla activa es necesaria la activación de algunas partes clave del cerebro.

• Los receptores vestibulares están situados en el oído interno y son los encargados de indicar la posición y velocidad del desplazamiento.

• Los ojos son los mayores correctores de errores, aportando la información necesaria para actuar con la precisión e intensidad necesaria. Nada siempre con unas gafas que te permitan ver bien y pedalea y corre siempre con protección óptica de calidad. Si necesitas graduación es la mejor inversión, no sólo porque disfrutarás más sino porque le das más calidad de información a tu cerebro para que actúe con más precisión.

A grandes intensidades, si no se está muy entrenado, los músculos se empiezan a bloquear debido a la  inhibición de los impulsos nerviosos. Esto se produce a modo de protección cuando hay una gran concentración de lactato en sangre para permitir al organismo que se relaje y tenga tiempo de procesar y utilizar ese lactato como fuente de energía.

¿Se puede entrenar el cerebro?

Claro que sí.

Los músculos tienen aproximadamente el mismo número de receptores nerviosos que dan lugar a los movimientos. En nuestro día a día no necesitamos el 100% de estos receptores, lo que hace que poco a poco se vayan haciendo más perezosos y los tengas desactivados.

Con el entrenamiento aumentas la participación de los receptores nerviosos más desactivados como consecuencia de la mayor demanda de fuerza que exigimos a nuestro organismo. Un ejemplo muy claro se aprecia cuando llevamos tiempo sin ir al gimnasio.

Los primeros días comenzamos con un peso muy bajo y a las dos semanas somos capaces de mover bastante más peso. Esto no es consecuencia de una ganancia de músculo, sino de una mejora de las  conexiones motoras que son capaces de sincronizar sus acciones en vez de actuar de forma descoordinada.

Otro factor que afecta al cerebro es la concentración, el canal de comunicación entre tu cerebro y tus músculos. Cuando estás concentrado mejoras y sacas un mejor partido al esfuerzo, tanto en carrera como en  entrenamiento, y por ello debes entrenar la concentración visualizando el esfuerzo que estás realizando y el que vas a realizar.

Siente tu cuerpo desarrollando una buena técnica mientras aprecias el avance de tu cuerpo… Tomar referencias en el espacio a corto plazo sin pensar en el total, llegar a un punto determinado y desde ahí pensar en otra referencia… te ayudará a dar el máximo de ti y a tener siempre un cerebro capacitado para asumir cualquier nivel de esfuerzo.

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El corazón, por su implicación directa con el rendimiento de manera inmediata, es el órgano que todos conocemos más en profundidad y que más observamos. Dependiendo de la intensidad a la que le obliguemos a trabajar, se desarrollará de un modo u otro, pero antes de nada debes saber cuáles son sus tres principales funciones:

1ª Adecuar la irrigación sanguínea para así poder transportar oxígeno y nutrientes a los diferentes músculos. Quiere decirse que si nuestra alimentación y oxigenación son deficientes… afectará al comportamiento de nuestro corazón.

2ª Regular la homeostasis mediante la eliminación de los productos de desecho generados por el incremento de la actividad muscular. De esto se traduce que si estás demasiado fatigado, tu corazón tendrá más trabajo por lo que no podrá atender adecuadamente tus demandas de rendimiento.

3ª Colaborar en la regulación térmica. Una mala elección de ropa y una incorrecta hidratación elevará o disminuirá tu pulso, así que piénsate bien lo que te pones, lo que te quitas y lo que bebes.

• A intensidades comprendidas entre un 40 a 60% de tu intensidad máxima, el volumen sistólico (cantidad de sangre que se expulsa en cada latido) alcanza sus valores más altos, manteniéndolos hasta llegar a intensidades cercanas al 90%, a partir de la cual disminuye a consecuencia del aumento de la frecuencia cardiaca, que da lugar a un peor llenado del ventrículo izquierdo.

• Entrenar con un pulso comprendido entre el 50 y el 80% de tu máximo, permite que tu corazón se haga más grande y con ello disminuya las pulsaciones, ya que aumenta el volumen sistólico.

• Al trabajar por encima del 80% conseguiremos que las paredes del corazón se hagan más gruesas y así poder tener más tolerancia frente esfuerzos máximos. Ten en cuenta que el corazón es un músculo, y como tal se desarrolla, igual que el resto de tus músculos.

¿Cuál es el mejor ritmo para el corazón del triatleta?

• Tanto los triatletas de larga distancia como los de olímpica debéis trabajar en todos los umbrales, para un desarrollo óptimo del corazón y evitar tener problemas en el futuro.

• Lo que hay que establecer en un buen planteamiento en la preparación, son los porcentajes de tiempo en los cuales se debe trabajar en cada umbral, según se prepare una u otra distancia, pero recordando siempre que un “olímpico” debe hacer trabajo de fondo y un “ironman” series máximas de VO2.

• Los que corren pruebas de distancia olímpica, deben moverse en porcentajes más elevados que los de larga distancia, trabajando duro en el umbral anaeróbico o por encima.

• Un triatleta de larga distancia tiene que basar sobre todo sus entrenamientos de ritmo controlados por debajo del umbral anaeróbico.

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La función principal es la de captar oxígeno del exterior para realizar el intercambio gaseoso en los alvéolos, y así poder transportar por el torrente sanguíneo el oxígeno hasta los músculos, y eliminar a través de la espiración el CO2.

Si salimos con una intensidad estable, durante los primeros 30 a 50 segundos nada más iniciar el ejercicio, la ventilación pulmonar se ve incrementada bruscamente debido a que hemos movilizado un gran número de grupos musculares. Si no aumentamos la intensidad, la ventilación se estabiliza a los 3 ó 4 minutos y así hasta el final de nuestro entrenamiento o competición.

Si metemos cambios de ritmo que exijan de un esfuerzo superior al 85% de nuestra capacidad máxima, la ventilación se verá nuevamente incrementada hasta llegar al punto de no poder continuar con dicha ventilación, debido al cansancio de los músculos implicados en la misma. No podemos olvidar que entrenamiento de dichos músculos, nos darán un puntito más.

¿Cómo puedo entrenar los músculos implicados en la respiración?

Los principales músculos que intervienen en la respiración son el diafragma y los músculos intercostales.

Actualmente son varios los sistemas que ayudan a entrenar estos músculos, que casi siempre nos olvidamos de trabajar y en muchas ocasiones son fundamentales para poder terminar la prueba en un buen puesto. Como músculos que son, si no los tenemos adaptados al esfuerzo, terminan por cansarse antes que músculos como el cuádriceps, los pectorales, … dando lugar a una disminución de nuestro rendimiento, que podemos solventar con un buen entrenamiento.

Un buen truco para poder entrenar estos músculos y que podemos realizar en determinadas sesiones, es  entrenar con una camiseta elástica que nos quede muy ajustada, y que nos obligue a forzar un poco la respiración.

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