Entrenamiento

¿Eligiendo objetivos? Piensa en esto...

¿No te ha pasado que en alguna ocasión has alcanzado un objetivo deportivo, como puede ser un triatlón, y que te ha dado una cierta alegría por el esfuerzo realizado, pero no tienes tan claro que era donde querías estar?

José Acosta

7 minutos

Piensa en esto a la hora de elegir objetivos.

Y es que a veces debido a la presión social, al empuje de los amigos o porque creemos que es lo que hay que hacer e incluso porque no lo hemos pensado suficiente nos encontramos pasando un arco de meta dejando un proceso y trabajo detrás que nos deja un estado de vacío que no es fácil de explicar.

Llegado a ese punto deberías preguntarte si era lo que querías hacer en realidad, si realmente estaba elegido por el impulso de elección propia o lo elegiste movido por otros factores a esa elección interna y tuya. Y es que hay que tener cuidado con estas situaciones pues pueden llevarte a la desmotivación total y a tener una fuga continua de energías que te lleven a abandonar lo que más te gusta como puede ser el triatlón. 

En inteligencia emocional encontré el concepto de objetivos ecológicos que me pareció muy interesante a la hora de seleccionar mis eventos deportivos y comprender la selección de estos por parte de mis triatletas.  Este concepto hace referencia al impacto que tiene la elección de algo (nuestro caso el evento y los pasos a dar en el proceso) en los distintos ámbitos de la vida. 

La elección de un evento, de los pasos a dar hacia ese evento, de los eventos menores en el camino hacia ese evento y de todo aquello que rodea al proceso para conseguirlo afecta a la totalidad de nuestra vida (familia, economía, vida social, etc.).  La búsqueda y definición del coste de ese impacto no tiene el fin de desmotivar sino el de tener constancia de ello para poner remedio a algunos de esos costes y minimizar su impacto antes de que nos afecten negativamente.

En la elección adecuada de objetivos y metas en nuestro deporte empieza por enunciarlos de la manera más concreta posible y evita las generalidades. Pregúntate de manera objetiva y sin respuestas abstractas y emocionales el para qué, el qué deseas, si lo podrías conseguir de otras formas más sencillas y menos costosas, cómo será el día a día, la dedicación necesaria, el impacto físico, emocional, familiar, económico y social que podría tener.  Y una vez visto esto, si sigues adelante y estás dispuesto a asumir esos impactos puedes subir de nivel en esas preguntas a hacerte y plantearte si lo que vas a hacer te beneficia tanto, si pasaría algo si no lo hicieses y si esos impactos que asumes son saludables para los diferentes ámbitos de tu vida. 

¿Todo lo anterior, encaja? Pues sigamos adelante y planteemos el objetivo y objetivos del camino metodológicamente. Para ello no hace falta complicarse mucho y podemos emplear la típica y sencilla metodología S.M.A.R.T (siglas en inglés de especificidad, medible, alcanzable, realista y de tiempo)

Al hablar de especificidad estamos haciendo referencia a que tienen que ser claros y decir lo que quieres hacer y cómo lo quieres hacer. Un ejemplo de objetivo es que para una competición en concreto quieres salir antes del agua, pero eso es sencillo decir, lo que hay que concretar es qué quieres hacer y mejorar para conseguirlo. Podrías plantearte entonces que para salir antes del agua quieres mejorar la longitud de brazada. Pero esto no es suficiente, hay que ser más específico aún y no tan generalista. Entonces hablaríamos por ejemplo del número de brazadas que debes conseguir por largo en los entrenamientos y no sólo del número sino de las habilidades técnicas que tendrás que ir trabajando en cada momento para conseguirlo.  

Este ejemplo nos da paso a que hablemos de que lo que busco sea medible tanto lo que vamos trabajando en el proceso como lo que busco en la consecución del objetivo final. Por ejemplo la medición de los niveles de intensidad, ritmos de trabajo o si hablamos de algún tipo de habilidad marcaremos unos niveles numéricos o con algún tipo de calificativo que nos indique el nivel de dominio de cara a este ejemplo de la longitud de brazada. 

A lo que acabamos de exponer específicamente y a lo que has dado unos rangos de medida miraremos si es alcanzable. Si es o no alcanzable dependerá del nivel (tamaño) del objetivo, de su dificultad y de la confianza que tengamos en nosotros para afrontar el camino hacia él. 

Este objetivo tiene que ser en cierta medida ambicioso pero alcanzable con certeza, por tanto, pasamos a analizar si es realista

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Antes de pasar al factor tiempo, te indicaré una posible regla que podrías usar para plantearte objetivos realistas, pero a la vez con ese carácter ambicioso que queremos. Es la regla del 70-80% del establecimiento de objetivos (válido para elegir competición e incluso para elegir el tipo de entrenamiento a realizar) . Pregúntate de una escala del 1 al 10 ¿cuál es la probabilidad de salir adelante? Si es más de 8, será demasiado fácil, si es 6 o menos será demasiado difícil. Busca algo en lo que puedas situar tu percepción de esa escala en un 7 u 8. 

 Ahora sí, acabamos por el factor tiempo en el que no sólo debemos tener en cuenta el tiempo hacia mi meta, mi objetivo, sino también los tiempos intermedios de los pasos que debo ir dando para llegar finalmente a ese objetivo final y objetivos intermedios que me he marcado. 

Haciendo un inciso, recuerda que tanto los objetivos como los planes están para modificarlos. Si en algún momento observas que falla algo o que no llegarías, no tengas miedo y regula, cambia y modifica lo necesario.

En todo este conglomerado de conceptos, preguntas y acciones a llevar a cabo juega un papel muy importante el COMPROMISO. Sin él, sin ganas, la eficacia de conseguir una meta cae. Y lo difícil no es tener compromiso sino mantenerlo en el tiempo. 

Todo lo definido más el compromiso para caminar por el proceso que vas a poner en marcha necesitan de elaborar los sistemas de retroalimentación para recibir la información negativa o positiva tanto de ti mismo como del entorno de las acciones que realizas para conseguir la meta deseada.

El sistema y método de retroalimentación que elijas no sólo tiene que ser válido para medir de manera concreta si no que debe ser comprensible, inmediato y apoyarse en material. Por ejemplo, volviendo al ejemplo de las brazadas, podemos usar como material la grabación por cámara y dispositivos como los relojes deportivos para poder analizar al momento o tras el entrenamiento el objetivo de contabilizar número de brazadas por largo que es uno de nuestros pasos para el objetivo final de salir antes del agua en nuestra competición.

Esta retroalimentación nos ayudará a valorar si el camino que estamos llevando o si el objetivo final conseguido es correcto o si debemos realizar esas modificaciones comentadas en párrafos anteriores. Pero eso sí, lo conseguido en la retroalimentación sino encaja con lo deseado, no debe ser foco de ansiedad ni de frustración sino una herramienta que nos sirva para aprender y mejorar. 

Así que te has planteado de manera realista y valorando el impacto y precio a pagar un objetivo competitivo en el tiempo, unos eventos intermedios para llegar a él y en el camino unas metas de rendimiento y mejoría en cada segmento que irás distribuyendo en el tiempo, cuantificando y evaluando para analizar si se va por buen camino o habrá que modificar algún aspecto para llegar de la mejor manera posible a la consecución del resultado final de meta. 

Pues nada, ¡HAZLO!

Parece fácil, ¿no? Es tan sencillo como ejecutar el famoso: “Just do it!”

Y es que el saber lo que quieres hacer no es el problema, lo difícil es ejecutarlo y el cómo ejecutarlo. Establecer objetivos sólo ayuda a canalizar y dirigir la motivación, no puede generar el hecho de hacerlo en realidad. 

Es en este momento donde entra en juego la famosa actividad de “creación de hábitos”. Hay libros y libros sobre la creación de buenos hábitos y el cómo deshacerse de los malos. En ellos también se explica el porqué del coste de crear el hábito del entrenamiento que gasta energía y cómo el cerebro prefiere cosas más sencillas y de menor coste. Por tanto, no me meteré en este tema (al menos en el artículo de hoy) y enumeraré como final de texto algunas consideraciones para sacar adelante las tareas que te ayudarán a conseguir los objetivos y metas que te has propuesto siguiendo las directrices de todos los párrafos anteriores. 

El mal hábito tiene un desencadenante, por tanto, para el buen hábito debes crear un desencadenante. Por ejemplo, el pasar por la pista de atletismo en tu trayecto del trabajo a casa puede hacer que pares sí o sí a entrenar. Busca aquello que te pueda poner en marcha. 

Para ello también ayuda el marcarse un ritual como el llevar desde la mañana la bolsa de deporte contigo, el plan de entrenamiento escrito y realizar por la mañana las tareas propias de la preparación de un día de trabajo en el que vas a incluir deporte en alguno de sus huecos o al finalizar el mismo. Un ejemplo de ritual previo a entrenar un domingo podría ser el tener preparada la ropa el día anterior, ponérsela tan pronto te hayas aseado e ido al baño, toma el desayuno o simplemente ese café de a mañana, date el momento de visualizar el entrenamiento y sal a entrenar. 

Y unido a estos dos puntos busca una recompensa sana. Léelo de nuevo, una recompensa sana. Algo que te de placer, pero no afecte negativamente al trabajo que estás realizando. Tomarte dos cervezas no es lo más indicado, pero a lo mejor el tomarte ese batido de chocolate recuperador, darte un buen baño a tu ritmo, un detallito en la cena o simplemente el rato de charla con compañeros de entrenamiento sin prisas pueden ser algunas opciones. 

No olvides que los buenos hábitos, y más estos que gastan energía y cuestan, requieren de buenas recompensas al igual que requiere un GRAN PORQUÉ Y PARA QUÉ la gran meta y objetivos que te vas a plantear en tu temporada y que tendrá un impacto y un coste en los diferentes ámbitos de tu vida.