(VÍDEO) ¿Quieres nadar más y mejor? Para empezar, aprende a respirar... con Sara Pérez

"En la natación no existen los milagros, sólo el trabajo bien hecho" (Sara Pérez Sala).

Sara Pérez Sala

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APRENDIENDO A RESPIRAR

Ya estamos dentro de la piscina y nos surge la primera pregunta: ¿Por dónde se respira?

Siempre se coge el aire por la boca y de una sola vez. Es decir, debemos ser capaces de inspirar la máxima cantidad de aire posible en el poco tiempo que tenemos para respirar. Es probable que al principio os cueste... No os preocupéis. A base de entrenarlo, lo iréis haciendo mejor. Lo soltamos por la boca o por la nariz, dependiendo de vuestro nivel y del "tipo de respiración" que hagáis. Dicho esto y aclarado que siempre cogemos aire por la boca, vamos a empezar por el principio, llevando a cabo una progresión.

Vamos a imaginar que hace muchos años que no nadamos... o que hemos tenido una mala experiencia con la natación y sufrimos cierta fobia o agobio... En primer lugar, hay que aprender a respirar con ejercicios sencillos, a coger aire por la boca y soltarlo lentamente cuando la cabeza está dentro del agua. Podemos soltar el aire por la boca o por la nariz, lo que os resulte más cómodo. ¿Por qué empezamos así? Muy sencillo. En la vida cotidiana siempre respiramos de manera normal. No tenemos que aguantar la respiración. Sin embargo, cuando nadamos, tenemos que realizar pequeñas apneas –aguantar el aire dentro de los pulmones–. En la fase de iniciación, es recomendable empezar soltando el aire poco a poco por dos motivos. Es un modo sencillo de no tragar agua, ya que mientras sueltas el aire no intentas cogerlo. Y, en segundo lugar, tienes tiempo suficiente para pensar en las cosas que tienes que hacer: sacar la cabeza cuando se acabe el aire para cogerlo de nuevo, mover los pies, prepararte para girar la cabeza...

En esta fase es importante saber cómo funciona el cuerpo, de qué forma se flota más o menos, qué pasa cuando cogemos y soltamos aire, qué sucede cuando no estamos relajados... Existen ejercicios fáciles y divertidos para poder conocer y experimentar estas sensaciones, en definitiva, para reflexionar sobre lo que nos pasa cuando estamos dentro del agua.

Soy partidaria de que el nadador debe aprender SINTIENDO, experimentando con su cuerpo dentro del agua todo aquello que se le transmite, dándose cuenta y procesando el porqué de cada paso, y no hacerlo, simplemente, porque alguien se lo diga o imponga. Así, el aprendizaje es más efectivo.