¡Hay que querer!

Para ser capaz de hacer algo, primero tienes que quererlo, ya que de nada vale tener potencial si no lo exprimes.
Óscar Díaz -
¡Hay que querer!
¡Hay que querer!

¡Qué fácil es caer en la autocomplacencia y luego lamentarnos! El ser humano es acomodaticio y tendemos a mantenernos en nuestra zona de confort e idealizar empresas como un triatlón, un maratón, etc. que nos gustaría acometer y a menudo ni siquiera intentamos llevar a cabo. No nos atrevemos con ellas, puede que condicionados por nuestro entorno, por no quitar tiempo a nuestras familias, por la cómoda rutina o por pretextos del tipo “es que no puedo” que esconden miedo. Y así, en vez de disfrutar con entrenar y competir, con eso que en el fondo nos gusta, damos un paso a un lado y dejamos pasar una vida apacible, pero plana.

Porque llega un día en que alguien de tu entorno te propone participar en una carrera, marcha en bici o travesía a nado y piensas que “no puedo”, porque está muy cerca en el calendario y apenas has entrenado o, simplemente, porque crees que te queda grande en kilometraje o dureza. ¡Ni mucho menos! Disputar los primeros puestos quizá sí supere tu capacidad—la mía, por lo menos sí— pero nadie, salvo tú, te puede impedir que, si realmente quieres, puedas ver a los buenos “desde cerca”, ni tampoco que estés allí, disfrutando del gran día poniéndote a prueba donde hayas soñado. Eso nadie. Recuerda. Nadie, salvo tú mismo, te lo puede quitar.

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Aunque querer no siempre es sinónimo de poder. Es una falacia en la que la genética y la suerte pueden tener la última palabra. Pero, para ser capaz de hacer algo, primero tienes que quererlo, ya que de nada vale tener potencial si no lo exprimes. Hay que querer poder. Querer mucho. Muchas cosas. Querer con todas tus fuerzas. Querer cruzar esa meta. Pero también tienes que querer lo que realmente es importante, a las personas de tu entorno, y compensarlas por tu ausencia durante esas largas sesiones de entrenamiento que a ti tanto te satisfacen. Y no olvides de quererte a ti mismo para olvidarte de pensamientos negativos y de presiones del día a día.

Puede que quizá, por mucho que quieras y entrenes como una bestia, nunca vayas a terminar un Ironman por debajo de las 10 horas, ni clasificarte para Hawái ¡ni falta que hace! Pero lo que es seguro es que si no pones empeño no lo vas a conseguir. Ni eso, ni divertirte participando con los amigos en un súpersprint en las fiestas patronales de tu pueblo. Así que, tú mismo: levántate y disfruta el entrenamiento o quédate en el sofá aferrándote a excusas y diciendo no puedo. ¡Tú decides!

 

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