Unas veces se gana y otras veces se aprende

Nuestro novato reflexiona sobre la importancia de cometer errores y aprender de ellos como base de una mejora.
Óscar Díaz Férnandez -
Unas veces se gana y otras veces se aprende
Unas veces se gana y otras veces se aprende

No estoy satisfecho. No. He fracasado. Estas líneas han nacido de la introspección en el sector de bici del Triatlón de Guadalajara. 90 duros kilómetros de asfalto rugoso lleno de desniveles bajo un sol abrasador dan para mucho diálogo interior. Dan para aprender de uno mismo, de nuestro deporte, de rendimiento e incluso de estrategia y táctica.

Había llegado insuficientemente preparado. Sí. Primer error. Con mucho menos entrenamiento del ideal, bastante menos del necesario y algo menos de lo suficiente, pese a lo que la ilusión creciente previa a la competición me llevó a ponerme el dorsal. En parte para sentirme triatleta de nuevo después de mi grave lesión ocular de 2018 y en parte por creer que a base de filosofía y sufrimiento podía acabar mi segundo media distancia. ¡Error! Saber sufrir te puede ayudar pero no debe ser el hábito, sino un recurso.

La distancia y el calor han sido un muro brutal contra el que me he dado de bruces. Alternando correr y caminar durante dos horas más podía haber llegado a meta. Me daba tiempo para convertirme en finisher y poder presumir de ello. Pero en esas condiciones me parecía una lastimosa falta de respeto hacia nuestro deporte, hacia los voluntarios de organización, hacia policía y protección civil que se encargaban de nuestra seguridad, hacia el animoso público que jaleaba a cada participante e incluso hacia mí mismo.

He abandonado. Tengo el ego tan por los suelos como el ánimo. Me pregunto si tiene sentido tomar la salida siendo consciente de que no es lo razonable. No sé si debo seguir practicando los tres deportes, uno de ellos o si es mejor dejarlo todo y empezar otra actividad ¿quizá el pádel? ¿Aprender a tocar la guitarra? Pero la ilusión por sacar algo positivo de cada acción que acometo en mi vida me puede y al menos he detectado los errores que me llevaron al pozo y quiero compartir contigo.

El entrenamiento en piscina era bueno e incluso había probado el neopreno un par de veces en la piscina. Pero las aguas abiertas y sus trucos son otra cosa. Hice un recorrido muy irregular: casi 200 metros de más; la consiguiente imposibilidad de engancharme a ningún grupo y la frustración de salir del agua retrasado, con malas sensaciones y enrabietado. Toca, pues, aprender y, para la siguiente, toca haber tocado las aguas abiertas, levantar la cabeza más a menudo buscando la referencia, encontrar un grupo… y haber entrado al agua con tiempo para aclimatar y salir a tope a por la primera boya si ésta está cerca.

La bici era otra cosa. Entrenamiento no programado. Pocas sesiones y menos kilometraje. Pero, aun así, empezó según lo planeado. Abundante crema para el sol, desarrollo flojo para ir reactivando las piernas, algo sólido para que el estómago no estuviese muy vacío y dos bidones para alternar sales y agua. Pero, ese ritmo conservador que tomé, más seguir avituallándome constantemente, no fue suficiente. El paso de los kilómetros me puso en mi sitio, reafirmando las malas sensaciones y un sentimiento de impotencia ante la imposibilidad de seguir el ritmo deseado ni siquiera el de gente que sabía más débiles que yo.

Me pasé de listo. Incluso eché de menos llevar la bici “a pelo”, sin acople de larga distancia, ni ruedas de perfil que me ayudasen en las zonas más cómodas. Un par de calambres finales, cuando parecía que cada kilómetro duraba diez, me hicieron tomar la decisión: iba a retirarme.

Pero el subidón que me dio la aparición de mi prometida en la T2 me hizo volver al plan inicial. Ponerme las zapatillas y atacar la primera de las vueltas del recorrido a pie. Un lastimoso ejercicio de superación de adversidades, de correr con zancadas cortas hasta que el siguiente calambre me llevara a caminar de nuevo, de agradecimiento al público… Al menos me ayudó a ordenar los pensamientos pero no para honrar al deporte ni a mi condición de deportista. Ahora sé, o creo, que no volveré a tomar la salida en un tri con sentimiento de inferioridad al ver al resto de participantes.

Aprendí que entrenar más, mejor, con más intensidad que una sesión semanal en cada uno de los deportes es la única base para conseguirlo. Que la alimentación durante la prueba también se entrena y sin hacerla bien estás perdido. Que las referencias de nuestro día a día no valen y que entrenar las transiciones es vital. Pero también tengo claro que el triatlon es algo más que un ejercicio de postureo y que incluso en los peores momentos puedes encontrar motivos para sonreir. Porque unas veces se gana y otras veces se aprende si se quiere. De modo que si analizas tus fallos puedes no volver a cometerlos y progresar en el crecimiento personal. Si no… volverás a darte con el muro que tú mismo has construido.

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