SIN CLEMENCIA: 'Dadme un propósito y moveré mi mundo'

Las reflexiones de Clemente Alonso sobre la necesidad de tener un propósito, una motivación, una aspiración... no sólo en el triatlón, sino también en la vida.
Clemente Alonso -
SIN CLEMENCIA: 'Dadme un propósito y moveré mi mundo'
SIN CLEMENCIA: 'Dadme un propósito y moveré mi mundo'

HACER, CON PROPÓSITO

Tengo la costumbre de restarle valor al trabajo que hago entrenando para rendir a cierto nivel. Hay varios motivos. En primer lugar, imagino que por una simple cuestión de decoro, a nadie nos gusta esa gente que no hace más de quejarse de lo mal que están en el trabajo, de cuánto trabajan o de cuán poco lo hacen los demás, no sólo porque a veces uno puede pensar que presumen de lo que carecen, sino porque realmente no sirve de nada productivo (más bien al revés) y siempre está más verde el jardín de enfrente.

En segundo lugar porque no me conviene tener la sensación de que lo que hago es excesivo, simplemente pensar eso constantemente ya lo haría más duro, y llevar las obligaciones rutinarias con la mayor naturalidad posible, sobre todo cuanto más exigentes son, hace que éstas se vuelvan más sostenibles a medio y largo plazo.

Por último, siempre podemos volver a eso de que peor se está en una mina, que es cierto, o que se hace esto porque se quiere, que es un lujo que no todo el mundo se puede permitir. Hay una cosa que no se puede olvidar: Ironman es una disciplina donde los primeros rondan las 8h, luego raro es que se pueda entrenar poco –y aquí conviene no vender medias como modas o como semanas de máximo volumen– y, como en toda competición, todos quieren ganar y sólo uno lo consigue.

Así pues, cuando mi hermano se acercaba a su mejor momento, en el que claramente tenía a tiro ganar alguna prueba de nivel internacional tras hacer segundo en Taiwán con gente de renombre en liza y cuando su entrenador –yo– veía con claridad la posibilidad de que bajara de 8h10, cuando me preguntan por qué mi hermano ha decidido dejar la distancia (que no el triatlón) me veo titubeando a la hora de contestar: “Es que... es que entrenar a ese nivel es muy duro”. Y me cuesta dar esa respuesta por lo que exponía en el párrafo anterior.

Aquí es donde el que no ha entrenado a ese nivel va a tener problemas para comprenderlo, porque, aunque te lo expliquen, el enfoque no tiene nada que ver con el de querer ser finisher o con el de querer hacerlo bien o mejorar si mejorar no es ya en las cercanías del pleno potencial, donde hay que poner muchísimo más trabajo para mejoras mínimas, mejoras que sólo resultan relevantes en la alta competición y que para nadie más pueden resultar rentables.

Pondré un ejemplo que quizá pueda parecer arrogante, pero es como lo veo y espero que ilustre cómo se desacoplan entrenamiento y mejoras a partir de cierto nivel: estoy convencido de que con 10-12 horas de máximo volumen semanal de entrenamiento podría bajar de 9h en IM en un circuito rápido, sin embargo, mis semanas de máximo volumen (máximos, no medias) han de rondar las 30h para estar sobre las 8h. Muchas veces, esos entrenos que no queremos hacer, esa última serie que no apetece, que te hace llegar tarde a casa, ese abandonar el sofá para ir a correr cuando ya estás molido... es lo que marcará la diferencia entre hacerlo bien, que en este ámbito resulta insuficiente, y ser competitivo de verdad. Y eso desgasta y, como digo en esa respuesta que me cuesta reconocer, es duro y, a diferencia de cualquier trabajo normal, como decía, hacerlo bien solamente casi equivale a fracasar. Ni siquiera hace falta entrar a tratar cómo tus condiciones genéticas pueden poner un tope que por muy bien que trabajes no sea suficiente o los sacrificios que por el camino toca hacer, que quedan bien como slogan de superación, pero que tienen un gran coste en la vida personal y familiar.

Por tanto, mi hermano, tras tener a su primer hijo, ha decidido no correr más en IM. Yo, aunque entiendo que no todo es responsabilidad mía, no dejo de sentir una parte de responsabilidad como entrenador si no supimos hacerlo más sostenible, pero tampoco consigue uno nivel internacional en esto, viniendo del fútbol (deporte no de fondo), en 5-6 años por casualidad: esa mentalidad que le permitió mejorar tanto y entrenar de esa manera es también la que le ha habilitado para entregarse como pocos pueden, con el desgaste que implica, y, de todas formas, volviendo ya a su decisión reciente, siempre fue el más listo de los dos hermanos.

Ya mencioné, cuando se retiró Faris Al-Sultan, la frase con la que lo expresó: “Ya no tengo lo que se requiere” (“I just don't have it anymore”). Espero que en su momento no pareciera que le hacía de menos, no era el caso. A medida que me voy haciendo mayor “lo que se requiere” va siendo más y más. Tengo dos hijas y mi mujer es la que tira del carro familiar porque muchas tardes las tengo comidas por el entrenamiento. Tengo obligaciones laborales que tengo que encajar entre entrenamientos y que hacen que éstos sean bastante más inefectivos. Y, sobre todo, me voy haciendo mayor y mi cuerpo se va haciendo más lento en todos los sentidos: soy más diesel, recupero peor, las lesiones llegan para quedarse sin avisar (y se recuperan también muy lentamente) y me lleva mucho más tiempo ponerme en forma. Cada vez me requiere más y voy sintiendo que este ritmo tampoco será sostenible para mí porque me estoy pidiendo demasiado a mí mismo a épocas, aparte del coste personal, familiar y profesional no deportivo que todo esto tiene.

¿Está sonando todo esto a queja (otra vez)? No era mi idea en el fondo. Sigo sintiendo que puedo hacer mi mejor rendimiento a un día hasta la fecha, aunque me cueste llegar más a ese día y ése es el propósito, y si se tiene un propósito todo lo difícil se hace posible y más llevadero. Con un propósito, una motivación, una aspiración, uno puede luchar las condiciones más adversas y avanzar solo o con los suyos, para los suyos, incluso. Por eso un factor común que vemos en gente que va perdida por la vida es un nihilismo, voluntario o no, que les hace ir dando tumbos por la vida. Rilke decía que “sobreponerse es todo” y yo no sé si eso es una variante de la importancia de tener propósito en la vida, sea atender mejor a tus hijos, sea no irte del deporte al que te has dedicado 25 años sin la sensación de haber hecho todo lo que podías, sea sacar una empresa adelante o una oposición, luchar por lo que es justo, etc. No en vano, razón junto con voluntad y acción no instintivas son cosas esencialmente humanas.

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