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Frodeno: "Me alegré de llevar gafas de sol; así no podían ver si era sudor o lágrimas"

"Frodo" relata en primera persona en el diario alemán Der Spiegel el calvario que vivió en Kona.
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Frodeno: "Me alegré de llevar gafas de sol; así no podían ver si era sudor o lágrimas"
Frodeno: "Me alegré de llevar gafas de sol; así no podían ver si era sudor o lágrimas"

1. La carrera

En la natación iba avanzando rápido. Tenía "buenos brazos", buenas sensaciones, también una gran posición... y podía responder con mucha facilidad a los cambios de ritmo que se iban produciendo. La transición también se desarrolló sin problemas, pero en la bicicleta pronto me di cuenta de que no tenía las piernas tan frescas. No obstante, esto es normal en Hawaii, no te sientes como Rocky. Más bien vas teniendo altibajos. Sabiendo esto no hay necesidad de preocuparse. Poco después de completar los primeros 90 kilómetros del segmento de bici, me di cuenta de que me iba a tocar luchar porque la carrera iba muy rápida...

2. El dolor

En esta fase, sentí la presión sobre la parte baja de la espalda por primera vez. ¿Qué ocurre aquí?. Intenté ignorarlo. Esta molestia se fue incrementado gradualmente hasta el final del sector de ciclismo. Sin embargo, al llegar a la T2 todavía pensaba que podía dar alcance a algunos de los que iban en cabeza... que me encontraba realmente en la posición perfecta. En la transición todo parecía que iba genial para mí: Lionel Sanders, un gran ciclista, se adelantó; luego marchaba “Sebi” (Sebastian Kienle); pero otros corredores rápidos como Patrick Lange no aparecían. Breve mirada al reloj: 5 horas 14 minutos...

Pero en cuanto abandoné la zona de transición, me di cuenta de que no sólo las piernas pesaban, algo que es normal después del cambio, sino que sentí de nuevo el fuerte dolor en la espalda. Intenté, como sobre la bici, no pensar demasiado en ello. Así que seguí con fuerza e intenté acortar la zancada para no forzarla. Lamentablemente, no funcionó...

3. El bloqueo

Entonces todo ocurrió de manera muy rápida. La musculatura de esa zona se bloqueó, afectando al nervio. Había corrido 3,2 kilómetros. Me tumbé por primera vez y probé un estiramiento de espalda clásico de los corredores: poner una rodilla sobre la otra pierna y presionar el hombro hacia un lado. Pero no hubo manera. Todo el músculo estaba duro como un yunque. Me hizo falta un minuto para incorporarme...

4. El momento de Emma

Arranqué y pude hacer algunos metros más, pero tuve que parar de nuevo. La situación empeoró. Y ya no pude hacer nada más. Me senté durante cinco minutos en una caja. Mientras tanto, mi esposa Emma y mi mejor amigo se habían unido a mí. Me vieron agachado allí y me preguntaron si debían ayudarme. Tuve que rechazarlo, porque solo los funcionarios de la carrera pueden ayudar. Hubiera sido descalificado, pero aún no había abandonado la carrera. Para mí fue una tragedia gigante. Veo a mi esposa muy cerca. Sin embargo, un universo nos separa. Emma estaba preocupada porque yo mismo me pudiera provocar una lesión importante. Pero no quería terminar con un DNF, ese doloroso "Did Not Finish"...

5. El sufrimiento

A pesar de la frustración, el dolor no ponía en peligro mi vida. Estaba en forma y, desafortunadamente, no estaba demasiado cansado por el esfuerzo previo. Sabía que en cualquier momento el dolor intentaría morderme. Darse por vencido nunca fue una opción. Esta actitud forma parte de la filosofía de Hawaii. Para distraerme, simplemente hice números. De acuerdo, a 39 kilómetros... eso todavía es un tiempo. Pero Ironman también significa humildad...

6. El plan

Al principio dividí lo que me quedaba en porciones manejables. La distancia hasta el próximo puesto de avituallamiento estaba lo suficientemente lejos. Intenté refrigerar la zona con hielo. Pero no podía estirarme del todo sin que al mismo tiempo apareciera un calambre en otra zona. Mi cuerpo probablemente presionó el botón de emergencia. El mecanismo de protección se activó y todo quedó completamente sellado...

7. El final

Cuando habían pasado 15 minutos desde mi primera parada, veo volar a todos mis rivales, que ya han pasado el punto de giro. Para entonces estaba claro que la carrera había terminado para mí, pero no había perdido la esperanza de acabar. Después de caminar dos kilómetros la situación mejoró. Así que continué al trote. Fue doloroso. Sin embargo, el movimiento me sentó bien. Lo más doloroso era en realidad mi propio carrusel emocional. Me decepcionó mucho y me sentí un poco humillado. Yo estaba en la posición perfecta, la marca mágica de ocho horas estaba muy cerca… Eso duele, pero simplemente no podía evitarlo. Mi voluntad no ayudó. Me alegré realmente de llevar las gafas de sol, porque la gente no podía ver si era sudor o las lágrimas. Ambas tienen sabor salado...

8. Los aficionados

Al principio no entendía la reacción de los fans. Cualquier persona que estaba viendo la competición en la calle me daba una palmada en el hombro y me animaba: “Vamos muchacho… un día de mierda… todos lo sabemos… pero hay que seguir”. Así que me arrastré hasta la meta y una vez más llegué a la misma conclusión: no hay nada más grande que el triatlón, con todas estas personas maravillosas. Algo que sólo se puede sentir intensamente en la derrota...

9. En el punto de mira

9:15:44 fue mi tiempo final... Como con cada Ironman, solo me alegré de que todo hubiera terminado. Luego vinieron los muchos sentimientos contradictorios. Sufrimiento total por la derrota, pero también gratitud por todas las personas que estuvieron esperando hasta el final para animarme nuevamente. Bueno, por eso también ofrecí la tragedia perfecta. Cuando estaba solo y la decepción volvió, me quedé abrazado a Emma e intenté digerir esta decepción. Luego tuve que reponerme para las entrevistas, que fue emocionalmente difícil, porque tuve que poner todo el drama en palabras por primera vez...

10. ¿Y ahora?

Cuando era niño, no me gustaba perder en ningún juego. Pero mis amigos saben que he ido cambiando. Entonces, amigos, continuaré trabajando para estar arriba unos años más. Definitivamente, voy a volver otra vez… Lo sé. Mi padre, que es inteligente, dice: "Si no es feliz, no es el final"…

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