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Sobre-equiparse no es la solución

Debemos tener los pies en la tierra y no sucumbir ante el camino fácil de intentar suplir nuestras carencias con un equipamiento fuera de nuestro alcance
Óscar Díaz -
Sobre-equiparse no es la solución
Sobre-equiparse no es la solución

Creo que no soy el único al que le gusta estar al día de nuevos materiales, equipamiento y accesorios relacionados con el mundo del triatlon. De hecho, a veces me veo a mi mismo absorto delante del ordenador viendo zapatillas, pulsómetros, electroestimuladores, bicis,  ruedas ligeras, acoples, mejoras invisibles como materiales más ligeros o rodamientos cerámicos… soñando con probarlos, usar el mejor material y ¡claro! andar como ese amigo que te tortura en la piscina y te lleva con la lengua fuera en la salida del domingo ¿te suena? 

Es fascinante, ilusiona y pocos momentos hay como estrenar esa pieza que llevas meses viendo. Pero en mi opinión debemos tener los pies en el suelo y no sucumbir ante el camino fácil de intentar suplir nuestras carencias con un equipamiento que pensamos que nos va a hacer mejores, sin saber siquiera si es adecuado o si excede nuestra capacidad para aprovecharlo o, simplemente, vamos a tenerlo como adorno si no salimos a entrenar.

Para mejorar realmente en tu rendimiento, pienso que es mejor mirar dentro de uno mismo y hacer un ejercicio de brutal sinceridad sobre tu experiencia deportiva, capacidad física, ritmos de marcha, limitaciones psicológicas como ese miedo a caerte en una bajada en bici que te hace bajar «cuadrao» perdiendo segundos en cada curva y las metas deportivas que pretendes afrontar. Una vez fijadas, y sabiendo si sólo quieres terminar una prueba o hacer un tiempo determinado en ella puedes empezar a modelarte a ti, tus rutinas de entrenamiento, configurar el material que debes utilizar y que ese plan de mejora que te lleve a aprender a la esencia, a escuchar las sensaciones de tu cuerpo en esfuerzo, a hacer más eficaz los movimientos mecánicos de nuestro deporte y, en resumen, a bajar unos minutos en la meta.

Hasta ahí la razón. Porque cada una de las tres disciplinas nos va a permitir llenar la mochila de accesorios que bien empleados nos ayudarán, pero que si no sabemos comprender llegarán a estorbarnos. Debemos saber cómo, cuándo, cuánto, para qué usarlos y ponernos límites para no engañarnos a nosotros mismos. Sí, ponerte unas aletas y unas palas puede hacerte mejorar la brazada y fortalecer las piernas, o sólo vacilar a los amigos no triatletas si les enseñas que has mejorado más de 8 minutos en tus 2.000 metros en un par de meses. Pero eso es como hacer trampas jugando al solitario ya que si piensas que este tiempo es real sólo te engañarías a ti mismo. El día “T” tendrás que nadar tú solo, sin más ayuda externa que el neopreno (si estuviera permitido) y tu habilidad para avanzar, orientarte o coger unos pies que te lo hagan más fácil. Y eso se consigue entrenando, aprovechando los accesorios en la proporción justa y conociéndote para saber a qué ritmo vas cómodo, a cuál vas forzado y al que no debes llegar. Y eso te lo dirá el entrenador.

Las horas invertidas y ese conocimiento interno, adaptado a cada una de las tres disciplinas, es el que te puede hacer llegar a meta satisfecho de tu actuación, o pensando que podías haberlo hecho mejor, con una sonrisa o una mueca al paso delante de «tu» público, más que llevar un «pepino» de bici con una rueda lenticular a la que no acabas de habituarte ni puedes mover adecuadamente, una cabra aero con una postura tan radical que no puedes mantener y sólo te va a castigar la mente o un pulsómetro tan sofisticado que te analiza hasta la frecuencia de pisadas por minuto y el tiempo que tus pies están en contacto con el suelo en cada zancada…y posiblemente sólo descargues en tu ordenador, sin saber interpretar ni utilizar para tu mejora y el día de la carrera sólo consultes como reloj.

Así pues, creo que el camino de la mejora pasa primero por conseguir la rutina de entrenar —básico e imprescindible porque aunque te compres el pulsómetro de Gómez Noya, las gafas de Varga,  la bicicleta de Frodeno y las zapatillas de Brownlee, metidos en el garaje no te van a valer de nada—. Después ponerte a las órdenes de un entrenador que vaya puliendo tu técnica, te haga trabajar y  finalmente empezar a pensar en mejorar ese material de gama media que todos tenemos cuando empezamos. Entonces será cuando conociéndote podrás buscar lo que sí te ayude al adecuarse a tu demanda, a tu físico…y a tu bolsillo. Y ahí es donde interviene la prensa especializada y el asesoramiento de tu entorno. Porque, no olvides que en esto del triatlón, el indio es más importante que la flecha, aunque también es cierto si la flecha es buena —o es la que el indio necesita—, va a ser mucho más fácil acertar en el blanco, mucho más fácil que si se usa un arco de gama altísima que ni siquiera es capaz de tensar, pero va a permitir quedarse con todo el mundo que le vea.

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