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Qué dificil es nadar... bien

Técnica y fuerza: requisitos para disfrutar de la natación... Si no los tienes, puedes mejorarlos; pero si no lo haces, te tocará sufrir de lo lindo.
Óscar Díaz Fernández -
Qué dificil es nadar... bien
Qué dificil es nadar... bien

Desde siempre me ha gustado el agua. Soy instructor de submarinismo en mis ratos libres y pensé que nadaba bien –bueno, más o menos bien o, al menos, mejor que la panda de amigos– hasta empezar con esto del triatlón.

He leído libros, reportajes en revistas, visto vídeos de tipos con técnica prodigiosa como Popov, Phelps, Yun San, he hecho y hago ejercicios de técnica y miles de kilómetros, bueno, algún centenar más bien, y ¡no veas lo lejos que estoy de donde me gustaría! El cronómetro me dice que he mejorado y bastante (de 2,08 el 100 a 1,58 en tiradas largas en piscina). Pero, ¿por qué entonces la mayoría de los días  salgo de la piscina con sensaciones contradictorias, sabiendo que mejoro pero dando vueltas a la cabeza sobre cómo mejorar y la certeza de que jamás voy a echar mano a los compañeros de entrenamiento más rápidos ni a mi cuñao? (esto último es fácil porque, entre otras cosas, Fernando Jiménez salió del agua en el puesto 24 en su primer Ironman de Lanzarote, así que no me preocupa demasiado ser más lento que él. Pero, ¿por qué si yo doy una brazada más por minuto, él me saca cinco minutos cada 1.000 metros? La respuesta es por su técnica de brazada y por cómo desliza en el agua.

Toca, pues, entrenar. Y motivado. Empiezas y vas fácil: brazada fluida, respiración cómoda cada cuatro brazadas, cabeza baja, brazo firme para tirar del agua, pulgar rozando el muslo antes de sacarlo del agua, musculatura relajada... ¡Hoy puede ser un buen día para hacerse amigo del agua! (ésa es la clave). Y es que al ser mucho más densa que el aire, nos ralentiza y exagera hasta el límite nuestros fallos técnicos: esos que a veces ni siquiera sabemos que tenemos, pero que nos lastran como plomos (piernas caídas, brazada corta, exceso de gasto de energía en la fase aérea, mala respiración, se me ocurren muchas causas). De ahí la necesidad de mejorar nuestra técnica ya que, no sólo vamos a poder ir más rápidos, sino también salir del agua habiendo ahorrado energía para lo que nos viene después.

Busca tu ritmo

Después del calentamiento viene el trabajo específico: series, intensidad o ritmo alto. Qué más da. Sabes que vas a acabar sin aire, boqueando como un pez fuera del agua, con la sensación de que brazos y piernas no te dan para más, el corazón a más de 200 ppm, y de que cuanto más deprisa quieres nadar menos efectivas son tus brazadas. Porque así es. Si perdemos la técnica y la fluidez, estamos perdidos.

Creo que la natación es complicada. Al menos yo aún no conseguido mantener una técnica adecuada y un avance potente más que unos pocos minutos. Aun hoy, cuando voy cansándome, sé que pierdo ritmo de avance; noto falta de aire en los pulmones. ¿Será que echo demasiado aire? Y la fatiga muscular de brazos y piernas que me lleva a dar pocos pies y recurrir a una brazada mansa, económica, menos eficiente pero sí la que puedo mantener más tiempo con esa velocidad aproximada de tres kilómetros por hora. Sé que hay margen de mejora y que cuanto más entrene más cerca estaré de hacerlo como quiero. Más centrado estaré en la fase subacuática de la brazada que en la aérea. La musculatura abdominal tonificada me permitirá aguantar la posición horizontal, sabiendo cual es el ritmo que puedo mantener más tiempo.

Hace pocas semanas participé en un tri. Con mejores sensaciones que el año pasado. También aprendí bastante, pero aún con muchos fallos. En este caso aprendí que hay que calentar, que hay que verificar que tienes bien colocado y ajustado el neopreno y estar centrado en la salida. Al no hacerlo, salí demasiado delante y no encontré un grupo de mi velocidad. En los primeros 500 metros tuviera que pararme varias veces a recolocarme el traje y la respiración y curiosamente hiciese los restantes 1.400 sin ningún problema, siguiendo el ritmo de algunos participantes de la siguiente salida a la mía. La lectura que hago es que hay un momento en que toca olvidarse de la técnica, relajarse y simplemente nadar. En mi caso, suele llegar cuando a los 700 metros y con una buena fatiga muscular, dejo de pensar en la técnica, aparece la natación interiorizada y ese ritmo de crucero que puedo mantener durante todo el tiempo que haga falta. No es el ideal, pero sí el mío. Una vez que conoces tu ritmo, ya sólo tienes que mejorar tu técnica y tu entrenamiento. Y entrenar en grupo e invertir en un entrenador es la vía más cómoda y eficaz para ello. Saldrás antes del agua y sin haber desperdiciado fuerzas que te vendrán muy bien después.

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